Cambio de RAM para nuestro sistema operativo

/ 27 marzo, 2015

El tema de la memoria ha sido para la historia del arte latinoamericano y, específicamente, del cubano una hebra medular en el tejido de la re-construcción de nuestra identidad. Sin embargo, no debemos observar este fenómeno desde la acomodada postura que supone el natural proceso de acumulación que genera el recuerdo. Actualmente, la dinámica impone otros resortes para sopesar la sobresaturación de imágenes y la inmediatez de la comunicación, y esto ocasiona un cambio necesario en la manera de procesar los datos. Por eso tendremos RAM-ROM-RUN (correr, guardar y seguir corriendo), un proyecto de Nina Menocal con curaduría de Elvia Rosa Castro durante la 12ma Bienal de La Habana. La muestra estará integrada por los artistas cubanos Elizabet Cerviño, Ariamna Contino, Donis Dayán, Rigoberto Díaz Martínez, Ernesto García Sánchez, Plastic Guajiras, Celia & Yunior, Jorge & Larry, Luis Enrique López, Yornel Martínez, José M. Mesías, Víctor Piverno, Mabel Poblet, Adislén Reyes, Gabriela Reyna López, Leonardo Roque, Dayana Trigo, Rachel Valdés y Rafael Villares.

Conversamos con Elvia sobre proyecto y la idea de cambiar nuestra RAM…

¿Cómo surgió la idea de hacer este proyecto junto a Nina Menocal?

El año pasado fue intenso y dramático para mí. Fue así que decidí no involucrarme de manera activa en la Bienal de La Habana, pero me desdije. Paulatinamente comencé a complicarme en la segunda edición de Detrás del muro (En el medio de la nada);acepté la invitación de Yornel Martínez para su proyecto de la muestra central, donde presentaré la micro-muestra Libros sin dominio y por último Nina me llama para proponerme un proyecto con jóvenes en la Bienal y acepté. Al que no quiere caldo… Es algo que me trasciende. Pero debo ser sincera (más): hacía años que quería trabajar con ella, solo que las cosas llegan cuando llegan.

Nina vino a Cuba con una nómina que fue variando aunque un por ciento alto quedó intacto. Yo estaba nadando en mi salsa pues normalmente trabajo con creadores muy jóvenes, incluidos en esa lista, y poco conocidos. Además ahora mismo estoy tutorando a tres estudiantes del ISA. Así que, en esencia, conozco lo que se está produciendo. Este proyecto, lógicamente, ha ido desplazando al resto aunque se me sale la euforia cada vez que hablo de cualquiera de los tres.

Al tratarse de una lista heterogénea, no solo desde el punto de vista estético sino ético, debía encontrar una tesis que apoyara tal versatilidad. En este caso, extraño en mí, la tesis llegó a posteriori: el proyecto se ajustaba perfectamente a una idea que venía manejando hace años y no había podido mostrar.

José Luis Brea, en su ensayo Cultura_RAM, plantea que “la energía simbólica que moviliza la cultura está empezando a dejar de tener un carácter primordialmente rememorante, recuperador, para derivarse a una dirección productiva, relacional”. ¿Hasta qué punto compartes este pensamiento? ¿RAM-ROM-RUN (correr, guardar y seguir corriendo) sería una respuesta?

Precisamente RRR (correr, guardar y seguir corriendo) es una respuesta a la tesis de José Luis en ese ensayo. Es algo que discutimos en privado y teníamos idea de plantearlo públicamente en León, México, pero no fue posible. Él se diseñaba un mundo en el que solo existiría la memoria RAM, “memoria volátil y de corto alcance”, la operativa y dinámica, en donde prima la interconexión e interlectura. Esto posible por la naturaleza evanescente y fantasmagórica de la imagen que se produce en los new media y sobre todo en la red.

Nosotros vivimos en un contexto donde la memoria es primordial y donde además, es escaso el trasiego con y en los medios. Evidentemente esa idea sólo fue pensada para un mundo ultra desarrollado y por venir. Mi idea siempre fue que la visión de José Luis no tenía en cuenta a los países donde la memoria es un elemento cultural esencial. Que su visión, en ese punto, era muy excluyente y quise, en este sentido, recuperar la memoria ROM para la teoría.

Fue así que siguiendo esta metáfora de metáforas me propuse el tema de la velocidad y la memoria como eje a seguir en la curaduría, dividido en tres bloques:

  • La anti velocidad o memoria ROM. Aquí se inscribirían aquellas obras que “registran” procesos de identidad, tradicionales, históricos, ideológicos, culturales, existenciales, etc.
  • La otra es la velocidad que se da a nivel de lectura. O sea, aquellas obras que funcionan básicamente a golpe de vista y que son esencialmente hedonistas. Aquí es donde entra el RUN.
  • Y por último, esa velocidad que tiene que ver con la capacidad de procesar determinada información y con la naturaleza fantasmagórica o transparente de la imagen, o sea, la memoria RAM. Aquí estarían, por supuesto, obras realizadas en soporte digital básicamente.

Pero lo que resulta curioso de este proyecto curatorial es que las obras a presentar no se circunscriben únicamente a uno de los tópicos mencionados, o sea, RAM, ROM, RUN, sino que se yuxtaponen y contaminan de alguna manera aunque se distingan identificándose con ellos. Los tres conviven de una manera anti binaria, inclusiva y en esto radica el quid de RAM-ROM-RUN (correr, guardar y seguir corriendo).También puede leerse como la carrera desaforada en pos del estrellato…Y te digo más, si algo tiene también esta tesis es su capacidad de garantizar su propia autoconciencia crítica.

Se lo comenté a Nina, quien aprobó y editó el proyecto. Ahora estamos felices.

¿De qué modo la propuesta satisface los cometidos de esta 12ma Bienal de La Habana? ¿Cómo “siente la ciudad y su gente”? ¿Cómo implica a la arquitectura?

Todo es canjeable. Ya viste cómo surgió la expo y luego su fundamento, lo cual es muy hegeliano. Con ello te digo que cualquier cosa puede encajar en el corpus especulativo de la Bienal si se le da la vuelta correcta. La expo será emplazada en un solar habanero cuyos habitantes serán los propios custodios de las obras y cuya arquitectura, llena de espacios y niveles, determina la museografía, la cual será atípica o mejor dicho, poco tradicional, más cercana a las National Galleries británicas. Nos fascinó la idea de exponer en Loft Habana, un espacio que no es autónomo y que sobre todo no está restaurado totalmente. De ahí que muchas obras proyecten un look medio glamoroso, para que entren en franco contraste con el entorno.

En ese sentido la muestra se inserta en la idea de la Bienal. Encaja en la misma medida que se aleja porque al final estamos hablando de obras en el sentido moderno.

Como es costumbre en los proyectos de Nina Menocal, se persigue la invitación y promoción de jóvenes artistas cubanos reconocidos y a otros cuyos nombres comienzan a escucharse. ¿Qué elementos unen y hacen a su vez particulares las propuestas de estos creadores con lenguajes tan heterogéneos?

Los une nuestra simpatía con las piezas y la juventud de sus creadores. Este fue básicamente el punto de partida. Luego, ya fuimos “encargando” o separando obras que funcionarían muy bien en el espacio. Y como en casi todos nuestros proyectos, también hay piezas que marcan la excepción cultural o son difíciles en algún sentido. Nina siempre ha sabido lidiar con esto, yo también y la museografía se encarga del resto. Al final te das cuenta de que había una relación casi metafísica entre la sobras, como me sucedió en Tócate. Es lo que llamo “aroma generacional”.

¿Crees que el arte cubano, ante las nuevas reformulaciones del contexto y “añoradas aperturas” aún en proceso, esté preparado para correr, guardar y seguir corriendo? (Me refiero a si está preparado –según la producción más joven-, a afrontar con versatilidad artística las ofertas y “bondades” del mercado, lo que ha representado para muchos creadores un acomodo en su lenguaje y formas expresivas y cierto temor a la experimentación).

Hay un segmento de la creación insular con un profundo sentido de la responsabilidad y de la resistencia. Voto porque así continúe. Esto no lo hace ajeno ni un guerrillero que lucha contra el mercado. Ese “here comes everybody” tiene que premiar también, por fuerza, el compromiso y la experimentación. No seamos ingenuos: la rebeldía es algo que también se premia. Está en el diseño de lo real.

Claudia Taboada Churchman

Claudia Taboada Churchman

La Habana, 1990. Crítica de arte y curadora para la Galería Villa Manuela. Textos suyos pueden consultarse en catálogos de exposiciones y en publicaciones como la revista Artecubano, Revolución y Cultura, La Jiribilla, el tabloide Noticias Artecubano y los sitios web Habana Patrimonial y Habana Cultural. Recientemente uno de sus proyectos curatoriales fue premiado con la Beca de Curaduría que otorga el Centro de Desarrollo de las Artes Visuales.

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no dejen de ver RAM-ROM-RUN durante la Bienal de La Habana en Loft Habana, calle Oficios en La Habana Vieja

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