Arte de mi sangre (II)

Un tributo a las memorias…

/ 7 agosto, 2018

Las memorias de la sangre

Sangre de mi sangre es el título que ha decidido darle a una pieza de reciente creación, en respuesta a la invitación de la curaduría organizada por la galería La Acacia: La noche Boca arriba[1] en la vuelta a su sede vecina del Parque Central. La obra consiste en un elemento vertical de 2,40cm conformada únicamente por dos materiales, trozos de una palma real y 32 patas de gallo fundidas en bronce.

La palma real es el Árbol Nacional de Cuba, considerada uno de los tres atributos nacionales. En el decurso de la historia han sido muchas las razones que permiten tal aseveración.

Palma Real: Roystonea Regia O.F. Cook. Es la celebrada palma, ornamento de nuestros campos cubanos y objeto de admiración para todos los extranjeros, esta es la definición dada por el sabio cubano Juan Tomás Roig en el Diccionario botánico de nombres vulgares cubanos.

La multifuncionalidad de sus atributos morfológicos le atribuye cualidades que se validan en diversos campos de las prácticas culturales: se desborda lo antropológico, se denota crecimiento de las relaciones estéticas, desde las exigencias de la crítica especializada hasta los valores de vida cotidiana.

De su tronco se sacan las tablas de palma para la construcción de casas, igualmente las hojas han servido para las cubiertas. Se obtiene aceite comestible y el nutriente palmiche es muy apreciado para la ceba de los cerdos.

Con las espatas se hacen catauros, con las hojas se hacen los tercios para envasar el tabaco, además se utiliza en la producción de muchos objetos artesanales. El cubano ha sido educado en la aspiración de siempre ser los más…  De esta suerte, seguramente el diálogo con la esbeltez de la palma machea con la dimensión de los propósitos a alcanzar. La anterior afirmación puede resultar jocosa pero el humor nos constituye y nos salvaguarda.

Las palmas han sido testigos de sucesos trascendentes en la historia cubana: la quema de Hatuey; los combates en Dos Ríos y en el Cacahual; la masacre del 12; los combates de la Sierra; la marcha en la caravana victoriosa hacia La Habana; la campaña de alfabetización; las visitas de los pontífices católicos; el duelo por el viaje de regreso a la tierra el 28 de noviembre de 2017, entre otros.

Las normas dictadas por la legalidad hasta las concepciones instauradas por el capital cultural dan crédito de la magnitud de la palma real para los cubanos. La Constitución de la República de Cuba vigente en el Artículo No.  4   refrenda los símbolos nacionales cubanos, el tercero de ellos el escudo de la palma real.[2]

Ha sido un árbol presente, testigo incuestionable de las victorias y los fracasos; de los orgullos y las vergüenzas; de los ascensos y las caídas; de las integraciones y rupturas de toda una nación.

El otro elemento representado, el gallo, es un animal de los campos cubanos por extensión criado en las ciudades. Es también un símbolo cultural de poder, ser el gallo de un gallinero es tener la primacía y el dominio de todo cuanto se mueve en ese hábitat creado por el hombre para la cría animal. Pero idéntica interpretación se le da en la idiosincrasia con fuertes trazas patriarcales en que vivimos.  Por mucho tiempo ha involucrado a quienes tienen como opción la adicción al juego y las vallas de gallo domingueras en los campos o (nocturnas) en la ciudad como evasión de la ley han sido escenarios de más de una historia.

En el contexto de las religiones cubanas de matriz africana se convierten en símbolos esenciales y objetos permanentes de las tres expresiones de la religiosidad. Y esto refuerza el sentimiento colectivo de su veneración (sucede igual con la ceiba).

Para la Regla de Ocha la palma (oluwure) en Cuba es Shango. Shango en Cuba es la palma. Obakoso tiene establecida su morada en una palma. En su tronco se colocan ofrecimientos, asimismo se convierte en el destino final de los addimú que se han tenido antes en los espacios privados de las prácticas, igual se conversa, se reza y se pide al pie de la palma.

La palma (ukamo mambre) los abakuá la consideran de importancia primordial. La Sikuanekua[3](…) sacrificada en la palma, su sangre humedeciendo, santificando las raíces; y el nacimiento de los abakuá, pues en torno al árbol venerado se reúnen los primeros obones y se organiza la sociedad (Cabrera, 1989, p.354). En la Regla de Palo Monte la palma (maba) es fundamento receptáculo por excelencia, es también la personificación de la nganga.

Mientras el gallo (akiko ó akuko) para Ocha es uno de los animales que se le sacrifica a Eleggúa, Ochosi, Oggún, los orichas guerreros. De Shango es el ofrecimiento por excelencia. Después del rito de ofrenda se le puede ver colgado de la palma.

Los abakuá lo tienen declarado, es imprescindible en sus procedimientos rituales. No puede hacerse el plante sin que Eribangandó limpie el camino con escoba amarga y lleve atado en la cintura un gallo (enkiko). Los iniciados aportarán dos gallos, el del inicio y el del fin. Indispensables son en el baroko y en el nlloró. Enkiko es también  un miembro de los abakuá.

El gallo (nsunsu) en la Regla de Palo Monte es el sacrificio por excelencia, es la comunicación directa entre el hombre y las deidades. Es el transmisor de todo el bienestar.

La producción de la obra Sangre de mi sangre se inició con una performance ritual evocativa, donde el omo-escultor-Shango comunica y pide autorización a la deidad que habita en la palma para utilizar un ejemplar al que no le quedan posibilidades de seguir en pie por tener seriamente dañado su tronco. Luego del ofrecimiento predilecto del oricha, la respuesta de los cocos marcó Alafia, uno de los signos de los obbi en que esta habla, marca todo con firmeza y seguridad en lo que se quiere realizar.

Del corte quedaron tres fragmentos, fueron integrados con las patas de gallo producidas en bronce[4]. El fragmento colocado en el extremo superior, tiene un corte diagonal y no para remedo de las columnas conmemorativas de la Roma imperial. Esta vez la recapitulación es por los caídos sin nombres, cargas imprescindibles de las victorias en esta isla del Caribe, donde en ocasiones los olvidos empoderan solo a los narradores de la historia.

Con este binomio palma real-gallo, en que se da y se recibe, se posee y se asigna a otros, quedan representadas las relaciones de poder, aquellas que al arrogarse el protagonismo pueden ser representadas sin distinción por uno y otro símbolo cultural. ¿Y las memorias?  ¿Serán sinceros los relatos aquí donde crecen las palmas?

La sangre de los gallos se nombra akukos, enkiko, nsunsu todos alimentarán y perpetuarán los fundamentos establecidos por los hombres en nombre de los divinos en: las tierras de los abakùa, las ngangas de los paleros, los otanes de los santeros, las actitudes doctrinales, religiones e ideologías diversas.

Se ha cimentado una nueva iconografía, en ella se denota el poder del sacrificio y lo sacrificado por el poder. Esa fuerza que acrecienta y también doblega el carácter, de acuerdo al prisma con que se advierta. Multiplica los compromisos contraídos o por contraer durante el anhelado ejercicio que opera desde los penachos más altos de la palma. Los gallos escarbarán la tierra adquirida, reinventarán los mitos y reencumbrarán las glorias en busca de la continuidad infinita de las palmas plantadas, abonadas con la sangre de las vidas del sacrificio.

[1] Curaduría de las especialistas Tania Piñero, Darys Vázquez y Yudelkis Martínez.

[2] El escudo contó con otros diseños, pero es a partir de 1906 que por decreto queda el diseño actual con la palma real.

[3] La autora tomó la cita textual. Cuando los abakuá se refieren a la  princesa Efor la nombran Sikán. Después que encuentra el ekue la nombran   indistintamente Sikuanekua, Sikanuekue.

[4] La pieza es considerada por el autor como una prueba de artista, su intención es fundir todas sus partes en bronce. Puede que las segundas y hasta las séptimas partes (cantidad de repeticiones que se permiten) sean buenas; pero nunca tendrán la multiplicidad de significaciones, ni la carga simbólica que posee la pieza actual. Ante el derecho que se atribuyen los artistas en sus producciones las facultades de los receptores para justipreciar y elegir.

Ercilia Argüelles Miret

Ercilia Argüelles Miret

(Matanzas, 1963). Graduada de Historia del Arte. Profesora de la Universidad de las Artes (ISA). Colaboradora del Grupo de Religión del Instituto Cubano de Antropología (ICAN).

Related Post

Publicidad

  • Editor in Chief / Publisher

  • Executive Director

  • Executive Managing Editor

  • Art Director

  • Editorial Director / Editor

  • Design & Layout

  • Translation and English copyediting

  • Spanish copyediting

  • Commercial director & Public Relations / Cuba

  • Web Editor

Publicidad

Boletín de Noticias Art OnCuba

* Este campo es obligatorio