Alexandre Arrechea. Sillas Katrina

/ 16 agosto, 2016

Dentro de las personalidades más destacadas del arte cubano contemporáneo se ubica Alexandre Arrechea (Trinidad, 1970), quien es considerado un exponente prominente de la relación que se produce entre los espacios urbanos y su relación con la arquitectura. Esta temática circunda sus trabajos mezclados con otros soportes y lenguajes artísticos en una larga y fecunda trayectoria que ha estado también vinculada a lo escultórico.

Entre las recientes propuestas del autor, tras realizar una excelente muestra personal en el Museo Nacional de Bellas Artes -en ocasión de la Bienal de La Habana el pasado año-, sobresale su participación en el Festival de la Música y de las Artes, que se realizó entre el 15 al 24 de abril de 2016 en el Valle Coachella, auspiciado por el Imperio Polo Club, en el Desierto del Colorado, California.

Arrechea ha comentado cómo en 2007 ya había concebido un diseño similar, resuelto previamente en acuarelas, para la posterior ubicación de la obra en ese espacio. En aquella ocasión, la idea que proyectó fue una instalación, pensada como un puente, y estaba basada en la idea de resaltar a aquellas fundaciones que han aportado su apoyo y capital a la reconstrucción de ese lugar con la intención de resarcir los problemas y las consecuencias ocurridas tras la devastación de Nueva Orleans, provocada por el huracán Katrina en el 2005.

No obstante, en este último año, cuando Arrechea se reunió con el Sr. Paul Clemente, Director de Arte de Coachella, juntos decidieron cuál sería la propuesta para este evento. Katrina Chairs  llamó poderosamente la atención de Clemente durante su visita al estudio del cubano en Nueva York, a raíz de una recomendación que hiciera Cristina Vives. Ambos decidieron, entonces, reconfigurar el diseño original y “plantar” cuatro sillas distintas, que serían enclavadas en el área donde se produciría el evento musical en el valle Coachella.

Este impresionante conjunto fue concebido a partir de una serie de acuarelas, en las cuales el artista asumió cómo la presencia magnificada y unida de estas sillas, concebidas como bloques de edificios, permitían elevar la connotación del humilde asiento, de una simple silla, para elevarlo a otro nivel; al concretar la concepción con cuatro sillas, literalmente, potenció y dignificó la escultura. Fue, entonces, que Arrechea logró el exponente inmenso denominado Katrina Chairs para ubicar en ese lugar, la cual estaría situada junto a esculturas de otros autores.

Como consecuencia, se concretó la construcción de Sillas Katrina. La pieza, creada especialmente para la fiesta musical, cuenta con una estructura de más de 50 pies de altura, cerca de 19 pies de ancho y un peso estimado de 140,000 libras. Está concebida a partir de vigas de acero forradas con madera contrachapada, de manera que cada una soporta un lado del edificio.

La instalación está conformada por un conjunto de cuatro formas de edificios, concebidas como sillas grandes y pintadas de amarillo canario, lo que destaca aún más su estructura monumental y enaltece las potencialidades del diseño de una pieza tridimensional, al tiempo que refuerzan la intención conceptual del objeto. Sin lugar a dudas, sus características formales y el puntal alcanzado por el conjunto favorecieron notablemente la interacción con el público asistente.

Su discurso se ha centrado esta vez en el diálogo entre la arquitectura y su relación con el hombre. Su aproximación al arte escultórico garantiza el impacto que provoca esta obra y reafirma el papel relevante de la escultura ubicada como parte de los elementos conformadores del paisaje urbano.

La presencia escultórica en el arte contemporáneo ratifica la importancia que ha alcanzado el arte ubicado en el espacio público, que posibilita estrechar la relación del ser humano con el entorno.

Hortensia Montero

Hortensia Montero

(La Habana, 1951) Master en Historia del Arte, Universidad de La Habana. Graduada de la Escuela de Museología, Museo del Louvre; de Museología General Contemporánea, Universidad París I; de Documentación y Archivo, Centro de Documentación de la UNESCO–ICOM, París. Desde 1975 es curadora de Arte Contemporáneo, MNBA. Fue Premio Anual de Investigación Cultural 2001, 2002 y 2003, Centro Juan Marinello y Premio Nacional de Curaduría, 2003 y 2006. Autora del libro Los 70: Puente para las rupturas. Profesora adjunta de la Universidad de La Habana.

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