Adonis Ferro

“Creo que lo ideal sería crear un sistema de conexión entre la institución y el sector privado"

/ 25 junio, 2018

A sólo unos minutos de concluido el conversatorio con Leandro Soto[1] a propósito de su muestra Crónicas Visuales, en el Edificio Arte Cubano del Museo Nacional de Bellas Artes, el artista Adonis Ferro ofrece parte de su tiempo para hacer una suerte de recuento de su trayectoria artística.

Estudio 458, si bien fue inicialmente sólo su estudio-taller poco a poco se convirtió también en sitio para exposiciones. Hoy, un tiempo después de su muestra personal en el Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam, ya se hacen nuevos planes para muestras futuras. Adonis Ferro, quien se insertara inicialmente en el campo de las Artes Visuales a través de la pintura ha conducido su obra reciente por los caminos de lo que él ha denominado Des-conciertos (obras donde se unen el performance, las acciones sonoras y la poesía); un hecho que lo acerca a lo conceptual y procesual. Sobre este cambio en las líneas que han marcado su trabajo, de su estudio personal y algunos retos y desafíos que enfrenta actualmente la producción artística y la gestión alternativa en Cuba, conversa.

¿Cuándo surge tu estudio?

En el año 2006.

¿Al inicio cuáles eran las directrices del espacio?

Al inicio fue una necesidad, al no tener Registro del Creador no podía exhibir en galerías del estado que comercializaran obras, porque el registro te da la capacidad comercial para poder pagar impuestos y ser rentable económicamente y cuando no se estudia en las academias normalmente se prescinde de ese documento. Uno tiene, entonces, que bordear el horizonte de las galerías institucionales, exponer en casas de cultura y centros de arte que son ajenos al circuito de galerías. Ante esa necesidad -tendría 19 años- terminé buscando un estudio donde poder mostrar mi trabajo a los amigos, a los críticos o a quienes estuvieran medianamente interesados. Surge así y se fue tornando espacio de confluencia entre amigos que íbamos a impartir talleres entre nosotros mismos, a leer, intercambiar libros y después los confrontábamos. Era un espacio para socializar, más allá de exponer mis trabajos nada más. Tal fue así que luego con la ayuda de algunos artistas que estuvieron involucrados en ese momento empezamos a pensarnos como espacio no sólo de confluencia entre nosotros, sino también de exhibición.

Un tiempo después se me otorgó la orden especial del MINCULT por un premio UNESCO y me fue concedido el derecho al Registro del Creador. El espacio se convirtió en un muestrario de las cosas que nos interesaban y a raíz del 6to Salón de Arte Contemporáneo yo gané el primer premio de la convocatoria a la obra Enlace Compartido donde el jurado estuvo compuesto por: Eduardo Ponjuán, Jorge Fernández, Elvia Rosa Castro y Pavel Barrios Sosa. Parte del premio era que las personas fueran a mi espacio y vieran la obra del artista que ganaría después de mí. A partir de ahí se desarrolló otro sistema de exposiciones que fueron dos seguidas: una fue la antes mencionada y otra con los finalistas del salón.

Recuerdo gratamente la exposición de Yonlay Cabrera en el espacio. Coméntame cómo fue la gestión a la hora de hacer la exposición, de trabajar en conjunto.

Yonlay fue el segundo premio de Enlace Compartido. Parte del concepto de mi obra era cederle el primer lugar al segundo lugar. Por eso el jurado tuvo que reunirse otra vez y darle el premio. El premio fue exponer en el Estudio 458.

Esta exposición tuvo mucho éxito en cuanto a la asistencia de público. Una de las cosas que me interesa mucho ahora es que varios artistas jóvenes prefieren lanzarse en una plataforma alternativa antes de otro espacio de la red institucional de galerías ¿Qué crees sobre eso?

Creo que hay que elaborar una conciliación, no como resistencia a la institución, sino como negociación entre esta y los espacios independientes. Yo creo que lo ideal sería crear un sistema de conexión entre la institución y el sector privado. O sea que puedas ir a D´Nasco Studio -como está pasando- y que veas al mismo artista en una exhibición colectiva en Galería Habana. Al final este nuevo sistema alternativo es una institución, que funciona con sus propias lógicas e interconexiones.

A mí me ha preocupado siempre la memoria de los hechos artísticos porque a lo largo del tiempo es lo que queda y eso es material vital para los investigadores al ser la fuente a la que se recurre después. Tu acción performática en la galería Servando –DES-CONCIERTO 5. La Espina del Diablo– estuvo acompañada de un catálogo que recogió la investigación que servía de complemento. En este sentido en tu propio trabajo y el que se desarrolla en estos estudios, ¿qué crees de la documentación?

La documentación en uno de los primeros pasos en los que se basa es en la economía. Hay que mirarla directamente desde allí. La documentación impresa o de video lleva presupuesto, porque para imprimir se requiere de esto y, si hay que documentar a nivel de video un cámara tiene un precio, ya sea para filmar, el alquiler, la producción.  Una preocupación importante que tengo es en torno a la producción, no sólo de objetos artísticos, sino también de contenidos y la posibilidad de movilidad del arte más allá del aspecto del objeto específico.

Debemos empezar valorando que no tenemos un Museo de Arte Contemporáneo en Cuba. No tenemos la forma de mostrar esos resultados después de un largo proceso. Entonces desde esa primera instancia ten en cuenta que hay mucha obra que no se está documentando, incluso que se exporta inmediatamente después de ser terminada porque no tenemos un coleccionismo interno desarrollado para sostener la producción estética en Cuba y cada día hay más obras. Estaríamos hablando que hay un desvío de la producción simbólica y objetual.

En el caso de La espina del diablo que es el Desconcierto 5 yo lo que me inventé -porque igual hay que ser alternativo si se quiere sostener una carrera- fue hacer a mano el catálogo. Está hecho con páginas impresas en computadora de 1 peso cubano. Lo que privilegié fue el contenido investigativo que estaba detrás del proyecto que es una investigación junto a un agrónomo acerca del marabú en Cuba y ponerle dentro este detalle: una semilla que venía adosada con un scotch transparente.

Todos los Des-conciertos apelan a lo conceptual y lo procesual elaborado a partir de cualquier medio de creatividad. Puede ser sonoro, poético o pictórico. Me gustó el conversatorio de Leandro Soto porque él habla de la creación como el punto de partida, donde se incluye cualquier disciplina que sea necesaria para emitir la idea o la emoción que se siente en ese momento. Es por esto que todos mis Des-conciertos han tenido una campaña publicitaria, un catálogo y un equipo de documentación. Quizás esto esté asociado a que en mis comienzos no pertenecía a la institución y me inventé varios medios. Pienso que no hay pretexto, ni justificación, para no hacer una buena documentación o hacer una investigación adecuada, ese es el punto de partida de una obra respetable.

¿Te has planteado en lo que resta de año hacer algo más en tu estudio?

Por transitividad se está gestando algo, será después de mi exposición en el Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam. Quiero que se muestre el trabajo de algunos artistas amigos de otros países que desean venir y exponer su obra y así hacer un muestreo de intereses. Al final yo creo que una exposición es eso: un muestreo de intereses, una puesta en escena donde hay un director y actores interpretando una obra.

[1]  Uno de los artistas que formó parte de la emblemática exposición Volumen I.

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