A propósito de Transparencias

/ 5 mayo, 2015

La ciudad deshabitada, traslúcida, fantasmagórica… Esa es la ciudad que se multiplica y subyace en la obra de Donis Llago. Descubrirla ausente puede sugerir un encuentro fortuito con los males que la adolecen, que la sumergen en las profundidades de una caja de cristal, que la fracturan y la atormentan una y otra vez, hasta dejarla morir. A propósito de su más reciente exposición personal en la Galería Galiano, Donis Llago recuenta cómo ha sido el proceso de creación de sus piezas y los proyectos que presentará en la 12 Bienal de La Habana.

Coméntame un poco acerca de cómo has concebido esta propuesta que presentas en Galería Galiano. ¿Por qué Transparencias?

Básicamente me interesa el medio de vida dentro de lo que es una de una pecera, todo el que vive en una isla piensa siempre en lo que está pasando fuera de esa isla. Y en Cuba durante mucho tiempo hemos estado un poco limitados sobre ese pensamiento, siempre uno se entera un poco en lo que está aconteciendo fuera de ella, pero no puede participar. Me interesa un poco tomar esa misma imagen de lo que es una pecera y lo que representa para nosotros, para a partir de ella recrear ese dilema, esa preocupación y lo que sugiere…

Primero tomé como referente el muro del malecón, por las connotaciones que lo han condicionado siempre. Después me propuse trabajar sobre el resto de la ciudad, vista desde la perspectiva arquitectónica. Y surgió entonces algo así como una doble lectura, un doble viraje, porque si miras hacia la ciudad desde fuera, la ves transparente y resulta que al final sucede lo mismo, que cuando miras desde la ciudad hacia afuera. Te enteras de algunas de las cosas que acontecen dentro de ella, pero no de todo, es como una mirada parcial, no ves a ciencia cierta todo lo que sucede. Es un poco el rejuego entre lo que ves y lo que pierdes de vista. Pasa la vista pero no pasa el cuerpo, es un coqueteo con esas posibilidades imposibilitadas, de ver las cosas y no poder tocarlas. No puedes formar parte de lo que quisieras y por ende no puedes tomar partido. Es esa la diatriba.

En esta exposición, además de trabajar sobre los tópicos con los que se va identificando tu producción de manera general, la arquitectura de la ciudad, los espacios urbanos deshabitados, el malecón… estableces un diálogo que conceptualmente está hablando de procesos por los que ha transitado nuestro país, ¿cómo los sitúas con respecto a la otra parte de tu producción?

Nada, es literal, desde 1959 en lo adelante, el dilema de los de adentro y los de afuera, los que están y los que no… en fin… se ha ido acentuado, sobre todo por la problemática del porqué no poder formar parte de lo que sucede fuera de Cuba, si pudiese hacerlo sin conflicto alguno y viceversa. Yo pienso un poco que el cubano ha sido víctima de un proceso trunco que la mayor parte del tiempo no entendemos. Vivimos en una realidad que nos condiciona un poco a tener la mente cerrada, circunscrita a nuestro espacio, cuando no debería ser así. Yo sitúo la fecha 1959 y la palabra Hope dentro de una pecera, porque suponen para mí esa esperanza que aun, inamovibles en un mismo sitio, nos posibilita andar, aun sabiendo, conscientes de que seguimos encerrados. Esa es la esencia, lo que veo, lo que escucho de la gente, lo que me inspira y eso tiene mucho que ver con la ciudad, porque la ciudad es el reflejo de las personas, de la gente que la vive a diario. Una ciudad sin gente se cae, pierde su esencia. Entonces trato de representar en estas ciudades vacías, un poco la manera en la que se ve la gente; cómo veo la vida de las personas que en ella habitan, cómo se transforma y resultan el espejo de la gente.

¿En tu obra los límites físicos, las barreras reales, son una provocación para ir más allá de lo propiamente físico?

Sí, claro, siempre propongo un camino para hallar una forma inteligente de ir más allá de lo físico, de traspasarlo, pero visualmente, desde una primera visión te quedas atrapado en esos límites. Es una trayectoria en la que llegas a un punto “x” y debes dar media vuelta y regresar… pues no hay un lugar al cual llegar. Ves, tratas de formar parte de algo llegas a acceder con total libertad. Pero a ciencia cierta nunca existe tal libertad.

¿Además de esta exposición que estará hasta mediados de mayo, que propuestas tendrás para las 12 Bienal de La Habana?

En la 12 Bienal voy a participar en cuatro exposiciones. Tengo un espacio dentro de la Muestra Colateral Zona Franca en la Cabaña; será una muestra también personal, muy relacionada con la ciudad. Serán piezas que trabajo con soluciones formales muy distantes a la de esta expo. Las piezas son negras con vistas aéreas de ciudades hechas con cables, aditamentos de pintura, etc. Básicamente son ciudades negras. Finalmente los cables que utilizo para construir las piezas, son cables cuyo objetivo primero es el de transmitir datos y yo los corto y con ellos erijo las ciudades. Es el proceso trunco por el que transita la información, que muchas veces no circula en los canales adecuados ni llega a sus destinatarios. Participo además en otra exposición colateral que se titula ¿Cuál es tu necesidad? En este caso me adentro en la historia arquitectónica de una de las edificaciones más antiguas de la Habana Vieja. De los procesos de intervención y transformación por los que ha transitado este espacio. Hablo un poco acerca de cómo la arquitectura de la ciudad ha ido involucionando al mismo tiempo que la tecnología camina hacia adelante. Voy a participar en otra exposición, que es un proyecto de Nina Menocal, curado por Elvia Rosa Castro. Estaré con dos cajas de luces, voy a jugar un poco con los espacios destruidos, por el mismo concepto que se ha manejado en la curaduría de la expo y establecer una suerte de asincronía entre espacios y lugares en estado deplorable con obras bien pulcras y muy contemporáneas. Estas cajas de luces pertenecen a la serie Neonlights, las cuales recrean un poco mi experiencia del primer viaje que hice, que fue a México, en navidad. Recuerdo que cuando llegué a la ciudad me encontré con todos los adornos y las luces que ponen en las calles y cuando regresé a Cuba y se iba el sol, un poco como que se perdía la ciudad, era una silueta de sombras nada más. Entonces cogí la cámara y salí a la calle y me hice una serie de fotos turísticas, como si yo hubiese acabado de llegar a Cuba por primera vez y luego las trabajé y el resultante son las siluetas de las edificaciones, percibidas sobre el fondo negro que las cubre.

Yudinela Ortega Hernández

Yudinela Ortega Hernández

Matanzas, 1990. Licenciada en Historia del Arte, Facultad de Artes y Letras, Universidad de La Habana, 2013. Curadora y crítica de arte. Actualmente trabaja como profesora de Crítica de Arte en Formación al Cuadrado, una plataforma educativa especializada en artes visuales, en Madrid. Escribe regularmente para revistas de arte nacionales y extranjeras. También realiza y colabora de forma independiente con proyectos curatoriales.

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