A escala humana II

Conversando con Alejandro Gómez Canga

/ 25 julio, 2017

Niels Reyes y Alejandro Gómez Cangas comparten intereses artísticos en común, quizás el más relevante sea la persistencia de ambos en la pintura como medio expresivo, en continuar resolviendo sus entresijos a través del ejercicio constante.

En las composiciones de estos jóvenes artistas se reconocen líneas conexas. La inercia y el movimiento contrapuestos o confluyendo en una semejante sensación de incertidumbre. La misma figura puede mirarnos inquisitiva en una obra de Niels y también darnos la espalda en uno de los lienzos de Alejandro; las posibles narraciones quedan en lo que podamos imaginar a través de esos rostros, expresiones y actitudes.

Conversamos con Alejandro Gómez Canga, a propósito de la muestra A escala humana (12 mayo -7 julio) para indagar en su proceso creativo.

En tus composiciones nos muestras una multitud tal cual es, y ese instante fotográfico que luego es llevado a la pintura es lo que experimentas en tu obra ¿Cómo organizar en el lienzo todos los recursos visuales que te aporta la fotografía?

Todo parte de un proceso fotográfico. Salgo, tomo fotos desde diferentes ángulos, en dependencia, en ocasiones salgo a buscar una posición específica para un cuadro específico. Pero sí, la idea es tomar la mayor cantidad posible de fotos, después de ahí escoger las personas que quiero representar, el ángulo que más me convenga, situaciones que se puedan crear entre una y otra foto, aunque no hayan sido tomadas precisamente de esa manera. Ir ubicándolas en el formato y partiendo de una idea preconcebida, de una composición que quiera lograr, sea de espaldas, de frente, desde arriba, en espiral, de diferentes formas. Y después continuar con el proceso pictórico, que es donde se termina realmente la obra, es el fin que persigo.

Entonces, ¿trabajarías o has trabajado con modelos?

Hubo un momento, estando en el ISA, que sí, llegué a incluir a una persona en una de las obras, como modelo. Era una persona de pie, me ubiqué en el ángulo desde el que necesitaba  la toma y lo hice al natural; pero la mayoría de las veces no lo hago.

Prefieres encontrar las situaciones al azar.

Sí, hago 200 o 300 fotos de las que selecciono 10 ó 15 con las que trabajar. Siempre se trata de buscar la situación que más se ajuste para lo que quiera representar en ese cuadro, que no todos dicen lo mismo, cada uno tiene una idea diferente, o una composición que sugiere algo diferente.

Podemos afirmar entonces que la fotografía es imprescindible para tu obra…

Sí, desde el inicio todo fue a través de fotografías, por la cantidad de detalles que requiero para trabajar. Y nada mejor que la realidad para lograr todos los detalles posibles. Si tuviera que imaginarme esas escenas, tratar de pintarlas, se repetirían muchos rostros…la idea es hacerlo muy diverso. También el trabajo fotográfico me permite centrarme en cada individuo, tratar de lograr su anatomía, es decir, hacer un retrato pero que parezca un retrato a otro nivel, individual, por cada una de esas personas que están incluidas en las obras. Es tratar de lograr un parecido real, incluso cuando yo me incluyo en las obras, por supuesto, si se parece a mí la gente me reconoce y se identifica. En otros momentos intenté colocar personas reconocidas (por ejemplo en una de las pinturas está Miguel Barnet), pero esa idea la agoté en una sola obra. De lo que se ha tratado siempre es de incluir a la gente común, que es lo que más me interesa.

Tu respuesta nos condujo a otra pregunta que teníamos preparada para ti. ¿Por qué te autorrepresentas en tus obras? 

En parte tiene que ver con incluir a alguien conocido, hasta una forma de firmar el cuadro, si lo quieres ver así. Y por supuesto, estoy representando a Cuba y yo soy otro más.

Desde que eras estudiante del ISA, y hasta este momento, has estado produciendo una obra cuyo centro de atención es el ser humano, pero siempre analizado como parte de una conciencia grupal, colectiva. ¿Cuáles fueron –o siguen siendo- las preocupaciones que te condujeron a esa persistencia en la multitud, la masa, el grupo?

A ver, lo gracioso es que llego a la idea no por el contenido, sino por la forma. Antes de este tipo de obra yo lo que hacía, cuando tenía 18 o 19 años, eran abstractos, tenía un gusto bastante marcado por la abstracción. Entonces de alguna manera di un salto hacia la parte más mimética del arte pero respetando aquella idea de lo abstracto. Siempre me ha gustado obtener tomas que parezca una textura cuando uno la ve a primera vista, y después cuando uno se fuera acercando poder ver los detalles, las personas…Todo esto me condujo a esa relación entre el todo y la parte, es decir, fue a la inversa. La idea se me fue haciendo más clara cuando se trataba entonces de lograr la mayor cantidad de detalles posible de cada persona, intentar reflejar el retrato psicológico a través de expresiones, por ejemplo. Entonces es como hacer un abstracto figurativo.

¿Y por qué esas grandes multitudes de personas que parecen no dirigirse a ningún lugar específico?

Yo creo que eso viene de la experiencia personal de mi generación, incluso de otras anteriores…el tema de las multitudes, del proceso social que también es un proceso multitudinario. Entonces todo tenía mucho sentido, o tiene mucho sentido. Lo que yo estaba tratando de resaltar era que ese gran colectivo estaba integrado por una gran diversidad. He intentado captar esa diversidad.

Me ha interesado el tema de “caminar”, el hecho de moverse de lugar, desplazarse. Es una condición natural del hombre, ya sea para ir a buscar el pan o hasta emigrar. Por eso necesitaba fotos totalmente al azar, necesitaba no interrumpir la cotidianidad de esas personas, no pararlas ni hacerlas posar para una foto, lograr que fuera lo más espontáneo posible.

Estaba también recordando el tema de la escala de mis obras. Hubo un momento –también el ISA me lo permitía, los espacios del ISA para trabajar son aplastantes- en el que me propuse lograr la escala humana. Siempre me propuse llegar a hacer los cuadros a escala humana. Lo hice en algunas ocasiones, podía porque tenía las condiciones –tenía que tener mínimo lienzos de 2 metros de altura, por eso también hacía esas obras de 4 x 2 metros-, hubo muchos que me quedé incluso por debajo, las cabezas no estaban a la escala que se necesitaba, pero era lo que podía llegar a hacer. Ahora esa preocupación ha quedado en un segundo plano, también por el espacio, es un problema principalmente de espacio y de materiales. En el ISA cuando estábamos en 1er y 2do año nos entregaban lienzo para trabajar, 5 x 2 metros, 10 x 2 metros, pero ahora es muy difícil encontrarlo.

Pero la preocupación principal era llegar a la escala humana, es la mejor manera de representar una figura humana. Crea una respuesta más efectiva en el espectador, se ve reflejado mucho más fácilmente. La escala en la que he estado trabajando me permite otras cuestiones ya pictóricas, otras soluciones técnicas, que igual están bien y me gustan. Yo creo que el hecho de variar la escala también le puede aportar cierta riqueza a la obra.

El crítico de arte Héctor Antón Castillo, refiriéndose a la vigencia de tu obra, ha dicho: “Esta producción visual amenaza con disfrutar de una preocupante longevidad. Parece lejana la hora en que desaparezcan los motivos que le facilitan al pintor documentar fotográficamente esa apoteosis de la contaminación populista (…)”. Más allá de ese cambio contextual al que hace alusión irónicamente a través de tu trabajo, ¿qué otros temas te interesan como artista? ¿Puedes avizorar algún cambio en tu obra futura?

Hace rato estoy trabajando en una posible serie sobre el castigo, pero igual, son figuras humanas. A lo mejor no serán multitudes, ni tampoco aquella idea de lograr una imagen abstracta, multitudinaria. He estado yéndome más a la visión más personal del castigo, tengo algunas ideas en ese sentido, pero todavía no la he desarrollado.

Tu trabajo es bastante perfeccionista, quizás por eso sientes que tienes una deuda con la pintura clásica. Se nota también en la rigurosa selección que haces de las fotos que quieres pintar.       

Creo que eso tiene mucho que ver con la persona. Es la elección personal que uno hace, pero parte también del temperamento, de la paciencia. Yo creo que la selección es todo. No todas las fotos ni las escenas pueden ser pintadas, creo que a veces hay un error en escoger cualquier cosa para pintar. Desagradar es mucho más fácil que hacer algo que sea atractivo, no desde el punto de vista comercial, sino atractivo a la vista, que uno pueda mirarlo y decir: “me gusta”. Hay otras muchas cosas, muchas formas de llegar al público, pero sí me centro en tratar de escoger las mejores fotos.

Mucha gente cree que yo voy a un desfile de 1ro de Mayo, tomo la foto ahí y hago el cuadro, y ¡qué va! Jamás en la vida. Tú vas a uno de esos desfiles y todo el mundo está vestido igual, hay muchos carteles de por medio. Lo mismo pasa con un juego de pelota. Lo que trato es de buscar la mayor espontaneidad.

También tienes mucho trabajo con la luz, la sombra. Y muy pocas veces incluyes textos o cualquier otra referencia explícita al lugar donde se desarrollan esas multitudes.

La sombra la he empezado a incluir en las obras y le da un toque más fotográfico a las piezas, “apoya” a las figuras sobre el lienzo. A veces no hay nada, el lienzo solamente en blanco pero la sombra hace que la presencia de las figuras sea más marcada. En otras ocasiones no puedo usar las sombras, porque las fotos las hago en momentos diferentes del día o la noche, con la iluminación lo mismo por la derecha que por la izquierda. De hecho, tengo dos obras que tratan sobre eso, hacer evidente el montaje y tratar de ubicar a las figuras de manera que se estorben unos a los otros y lograr una multitud en la cual las personas traten de caminar entre ellos mismos pero no puedan. Siempre está en dependencia de la obra, de lo que quiera hacer.

Me interesa que el fondo sea como un apoyo, la mayor parte del tiempo pinté sobre fondos blancos, lienzos en blanco. Los colores que he ido utilizando recientemente tienen un significado y también han sido en función de una variedad formal entre las obras, por ejemplo el plano azul para el mar. Pero, por lo general, son fondos neutros, blancos, me interesa un lugar no reconocible, los lugares se reconocen por las personas. Y en mi obra es bastante evidente que es Cuba, no creo que sea necesario un elemento extra como apoyo, de hecho, a veces me sobran cosas.

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