No es lo que ves

/ 23 agosto, 2016

                                                  “Si acaso hay un modo mejor de incluir el mundo de las imágenes en el mundo real, se requerirá de una ecología no sólo de las cosas reales, sino, también de las imágenes”.

Susan  Sontag

La veracidad que transmiten las fotografías de Alfredo Sarabia[1] se descubre en la muestra No es lo que ves, resultado de la presentación de algunas de sus propuestas. Todas las piezas se mueven en un espectro amplio que revela una diversidad de aristas del género: la intervención, la documentación y la objetualidad. Establece siempre un diálogo con la trama donde se inserta y nunca para lograrlo manipula digitalmente la foto. Hay de alguna manera un principio que las rige, dualismo que instituye el desafío para que el receptor quede atrapado en su comentario y reflexione.

Su vocación de seguir la imagen sin reparos y el modo de percibirla, nos conducen a un mundo que se adjudica. Trabaja con una heroicidad no etiquetada, es el sentido de lo cotidiano lo que la dignifica. En la plasmación de cada encuadre, vemos otros asideros que pueden existir más cerca de un reservorio macondiano, latinoamericano, cuando recrea esos pueblos que se pierden en su propia memoria, lugares infinitos diseñados a través de líneas que se fugan y evocan.[2] Hershey es uno de esos sitios olvidados[3]. En esta Serie, recorre todos los fantasmas que la habitan, su ferrocarril, su estación, sus casas, sus ausencias.

En otra configuración, Ensayo sobre la parábola del sembrador[4] se aproxima al trazado de nuestro paisaje en tanto la figura emblemática de José Martí constituye una presencia permanente en él. Nos invita a compartir su fábula fundada por un viaje que realiza por todo el país, captando bustos del Apóstol que aparecen a su paso. El encuentro, un evento único e irrepetible. No cambia, no altera la imagen. Descarta la fosilización retenida en el material que la atrapa para promover relaciones insospechadas. Cuando el suceso ocurre, refiere las coordenadas de tiempo y lugar donde se produce el encantamiento. El objetivo final de su recorrido es la aproximación que instaura con ellos, por eso los registra como experiencia trascendente.

Recicla lo verídico, lo que encuentra tangible a su paso, sustituye lo que ve por su apariencia para hacernos pensar desde otra dimensión a partir de nuevas asociaciones que pone al descubierto. Esa es la vía que le concierne ofrecernos, sin desprenderse de ella como huella expedita. El estatuto significante de la imagen la admite como una forma de mediación con la realidad. Este arbitraje activa la paradoja citada por Barthes[5], al definir la fotografía como un mensaje sin código. La coexistencia de dos narraciones, una, sin codificación, que pertenece a lo real literal y otra, la connotada, que se superpone a aquella.

La experimentación lo ha ido conduciendo por un trazado desprendido de lo bidimensional para ir a un espacio más dilatado, cercano a lo objetual que se vigoriza en cada puesta en escena. Es el caso de la Serie Horizonte, donde una fotografía puede resultar la matriz a partir de la cual se asientan variaciones de un mismo alegato, como si se centrara en la fundación de paradigmas teleológicos.

La fotografía como lenguaje de estos tiempos es una expresión de las mutaciones producidas por la digitalización que ha modificado, no sólo sus aspectos formales, sino, el giro pragmático advertido en los últimos años. Sarabia no descarta la ambigüedad que propone en su esencia el medio digital y tiene conciencia de la incredulidad del espectador ante la posibilidad de cualquier alteración, sin embargo, en su caso, la variación queda anulada. Esté alerta, pues lo que no ves puede resultar lo más tangible y verosímil, allí es donde se ocultan los derroteros de sus indagaciones como detonantes de poéticas en busca del hallazgo.

 

[1] Hijo del fotógrafo Alfredo Sarabia, que desarrolló su obra en la década de los ochenta, momento en que la manifestación comenzó a tener mayor visibilidad en las artes visuales cubanas.

[2] Ejemplo de ello resulta la Serie Esperanza o la Serie Hershey.

[3] Creado a imagen y semejanza de la categoría de pueblo modelo, basado en la idea del mejorar la condición de vida del trabajador para elevar su rendimiento. En 1916 funda el central azucarero ubicado en la provincia de Mayabeque.

[4] Beca otorgada por la Fototeca de Cuba. Es un proyecto resultado de un viaje por toda Cuba retratando bustos de José Martí en relación con el pasaje bíblico. Aprovecha la verosimilitud de la parábola que se realiza estableciendo un vínculo entre la ficción narrada y la realidad a la que remite y alude a un suceso del que se colige, una verdad o una enseñanza moral.

[5] Barthes, Roland. El mensaje fotográfico. La semiología. Editorial Tiempo Contemporáneo, Buenos Aires, 1970.

 

Julia Grecia Portela Ponce de León

La Habana, 1953. Historiadora del Arte, crítica y curadora. Directora del Departamento de Estudios Teóricos sobre Artes Visuales de la Universidad de las Artes, ISA (1994/2014). Profesora auxiliar y Máster en el campo de la producción realizada desde la América Latina en dicha Institución. Miembro de la Asociación Internacional de Críticos de Arte y de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba.

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