R-evolución

/ 29 junio, 2015

Del estatismo a la mutabilidad del símbolo

 

Por estos días se ha disparado el termómetro del arte en la capital cubana. Los altos niveles alcanzados describen un panorama en ebullición, debido a la celebración de la XII Bienal de La Habana. Dentro del programa del evento, las exposiciones colaterales han alcanzado gran atractivo, sobre todo la muestra de arte cubano contemporáneo Zona Franca, ubicada en el Parque Histórico Militar Morro-Cabaña. Dentro de más de un centenar de proyectos y artistas, me gustaría destacar la obra presentada por Lidzie Alvisa, titulada Revolución (2014); una pieza que describe esa faceta de la artista, más escorada hacia ese tipo de conceptualismo en el que se acude a la palabra escrita como vehículo para materializar la obra y en el que se traslada la carga artística al plano de lo cognitivo. Sin desmarcarse del todo de su poética, en ella Alvisa utiliza el texto lingüístico con un carácter autorreflexivo, al llamar la atención sobre su significado inmanente, en estrecha relación con el resto de los elementos formales que componen la pieza.

La artista hace gala de la rúbrica menos es más cuando nos presenta dicha obra en la que, con un alto nivel de síntesis, trabaja un complejo concepto en el contexto cubano, aunque también a escala mundial. Con un espíritu crítico explota las connotaciones o acepciones lingüísticas que lleva a cuestas la palabra revolución. Porque Alvisa se concentra en una REVOLUCIÓN en mayúscula, en grabarla en un soporte –pizarra– que además deviene metonimia de todo un proyecto revolucionario cubano, donde uno de los pilares fundamentales ha sido la educación. En dicha pieza nada resulta gratuito. La pizarra roída por el paso del tiempo y que se convierte en espacio de acumulación de saberes, en este caso se reserva toda para un único y más importante concepto. La artista suspicazmente prescinde en su instalación de un borrador que permita eliminar el contenido grabado, o de una tiza que facilite sobreescrituras. Porque la Revolución es una sola, ha sido entendida y así pronunciada desde y por las altas esferas como un único proyecto, inconcluso como la Modernidad. La pizarra como soporte por excelencia de un sinnúmero de saberes es utilizada para socavar los cimientos de la institución docente. Con ella la artista pone en jaque mate la rigidez de un proyecto que durante muchos años ha trabajado con un único concepto de revolución, sembrado desde la base en las escuelas, promovido desde las aulas como una píldora anestésica.

Lidzie Alvisa deconstruye la manera en que la Revolución ha sido presentada desde las esferas de poder como un proyecto ideal; subvierte con los propios elementos que hasta hoy han contribuido a su validación –la educación, la palabra escrita– las maneras maniqueas y anquilosadas en las que se ha sustentado. A sabiendas de que las visiones esquemáticas tienden a la acumulación y al desgaste; Lidzie coloca al dorso de la instalación la propia palabra Revolución–de forma tal como si la pizarra estuviera cargando en su espalda el gran peso que dicho vocablo implica– como receptáculo de las disímiles sobreescrituras que se han realizado sobre el mismo concepto. Dicho término, aunque estéril y vaciado de su contenido original, es continuamente reciclado para recolocarse nuevamente en la zona verde de la pizarra; o quizá para, a partir de los restos de un antiguo proyecto, configurar uno nuevo, ya filtrado y reajustado a las necesidades de la sociedad contemporánea cubana.

Sin dudas es una obra de gran poder mitonarrativo, en la que la artista subvierte esa inmutabilidad en la que insiste el mito. Pone al descubierto cómo en este caso su incansable repetición lo desgasta y a partir de dicha desmitificación, describe la dinámica cultural cubana como un campo de fuerzas donde hay una forma de producción dominante, legitimante, y otras formas de producción residuales que han tratado de quebrantar el concepto preestablecido, con el fin de atomizar el discurso oficial y generar un plano horizontal de valores para lograr que los hasta entonces subvalores, se valoricen. De esta forma, Lidzie Alvisa apuesta por un arte que parte de las complejidades de su contexto para dinamitar reflexiones aparentemente dormidas. Despertemos pues del estatismo y apostemos por la mutabilidad del símbolo.

Julienne López Hernández

Julienne López Hernández

La Habana (1989). Licenciada en Historia del Arte por la Universidad de La Habana. Desde el 2012 trabaja como docente en el Departamento de Estudios Teóricos y Sociales de la Cultura de la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana. Ha colaborado sobre temas de artes visuales cubano, latinoamericano y caribeño en publicaciones como Artecubano y el Boletín Noticias de Artecubano, y en sitios web y catálogos personales de artistas cubanos contemporáneos.

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