Ciudades transbordables

/ 19 febrero, 2015

Hay artistas que desde su poética, nos acostumbran a una figuración determinada. Creadores que a fuerza de trabajo y dedicación, logran adiestrar nuestros ojos para empastar trazos con firmas. Pero son pocos los que aun bajo esta premisa mantienen en sus exposiciones la capacidad de provocar en el espectador una mezcla de certeza y desasosiego. El contraste entre la convicción de la forma a encontrar y la ansiedad por imaginar el prisma con que será tratado esta vez el contenido. Ciudades, exposición personal de Luis Enrique Camejo, es una propuesta de esta naturaleza.

Inaugurada recientemente en la galería Artis 718 y abierta al público hasta el mes de marzo, la muestra nos acerca a ese pintor pinareño que tantas veces ha abordado el paisaje citadino a lo largo de su carrera. Esta vez, La Habana no es protagonista de monólogos anteriores, sino una ciudad más. Se alza junto a grandes urbes del planeta como Londres, New York, Hong Kong, Paris, Monte Carlo, para provocar al espectador; quien se siente disminuido en escala ante el imponente tamaño de los lienzos, así como se pudiera sentir diminuto el individuo que transita entre la topografía de estas grandes urbanizaciones.

Y ahí, precisamente, radica la perspectiva escogida esta vez por el artista; pues no estamos ante mudos paisajes creados con el mero objetivo de mostrar dominio de una técnica en el universo de la mimesis. Parecería más bien que nos encontramos ante secuencias de un relato cinematográfico detenidas en el tiempo[1]. Momentos que exigen del espectador una participación activa no solo desde la acción, sino también desde la reacción. No solo estamos avocados a la contemplación, sino más bien interpelados a la búsqueda de un sentido para nuestra existencia dentro del propio caos ordenador que hemos creado en nuestras urbanizaciones.

Se mezcla así el hiperrealismo resultante del trabajo con base fotográfica con el halo melancólico del impresionismo. Manchas y transparencias utilizadas a modo de huellas, vestigios del hombre pasado y futuro; ese que habitó y habitará las ciudades, ese que las pintó y las pintará nuevamente. Ecos que aluden a lo real y a lo imaginado, o a lo tangible y lo soñado, como aquel conjunto de acuarelas titulado La isla del día después, donde la nieve copó, hace ya dos años, las calles de La Habana. Sensaciones que evocan siempre la presencia de lo humano en el cuadro y frente a este; pues pareciera que en la concepción pictórica de este artista el espectador también está dibujado, completando así la tridimensionalidad de lo representado hacia dentro y hacia afuera del lienzo.

Casi al final del recorrido propuesto, aparece dentro de la topografía museográfica un pequeño espacio que rompe con la escala antes transitada. Pequeñas vistas de la ciudad de Miami se suceden desde la cercanía de una urbe que se sabe extrañamente familiar. Articula aquí Camejo la universalidad de su discurso con la riqueza del imaginario local que acompaña las relaciones afectivas de miles cubanos que cohabitan entre dos orillas. Vuelve entonces este artista a mover al espectador, más bien lo zarandea bruscamente. Si antes lo convidaba desde la contemplación a generar interrogantes trascendentales sobre el destino del hombre como ente genérico, ahora lo emplaza como ciudadano. Con este gesto, donde dos fronteras se funden en un mismo espacio geográfico, aparece entonces la necesidad del cuestionamiento. No importa ya si del pasado o del presente, sino más bien la proyección que se genere desde estos dos emplazamientos hacia el futuro.

De modo general, los valores cromáticos empleados refuerzan el lirismo de la representación. La elección de la paleta articula sentimientos, sensaciones y estados de ánimo. La bruma monocromática acentúa la desarticulación del sentido del tiempo y nos permite conectar husos horarios, latitudes y longitudes en un punto cardinal otro desde la experiencia de la contemplación.

Carece de sentidos preguntarse en esta muestra si nos son más o menos familiares estas ciudades. Ni siquiera tiene importancia ya si las conocemos o las soñamos. Desde los imaginarios de nuestra cultura occidental y el creciente consumo de y desde lo visual, el concepto habitar se ha resemantizado con nuevos sentidos. Por ello, transitar por los diferentes espacios de esta exposición también supone otras manera de habitar: desde lo múltiple, desde lo inter, desde lo trans…y por qué no, desde lo post.

 

[1] Imposible evitar conectar estos instantes con los detenidos en las pantallas de aquella exposición realizada a propósito de una de las últimas ediciones del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano en el Pabellón Cuba.

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