Una otra abstracción

/ 1 septiembre, 2016

La fuerte tendencia de la abstracción en Cuba, y de la pintura como una expresión insigne de nuestra visualidad, tienen en Alejandro García (La Habana, 1974) uno de sus protagonistas. Formado en la casi bicentenaria Academia de Bellas Artes San Alejandro entre 1989 y 1993, y luego de exhibir en Cuba, Italia y los Estados Unidos, no es sin embargo un artista conocido en nuestro medio como se debiera, pues su personalidad ajena a grupos, instituciones, movimientos y medios de comunicación lo hacen una suerte de lobo solitario en el panorama nacional.

(…) Alejandro García se encuentra, esencialmente, cercano al alquimista que invierte incontables horas en busca de la piedra filosofal, de lo extraordinario, de lo sublime. Experimenta con telas y cartulinas en función de un mestizaje total, dispuesto a tomar de ambas sus infinitas posibilidades cuando se les interviene con absoluta libertad, sin prejuicio alguno. Emplea telas usadas o rotas para grabar sobre ellas, así como utiliza cartulinas grabadas para pintar encima de su superficie. La mayoría de las veces imprime en un tórculo reconstruido por él mismo, o deja la huella de sus pies embarrados de pintura sobre el soporte ante la ausencia de equipamiento. Prefiere que, tanto las telas como las cartulinas, hayan sufrido cambios previamente para no sentir culpabilidad alguna a la hora de modificarlas como se le antoje. Se puede decir que trabaja al modo de recuperarlas siempre, en una suerte de resurrección, como si se tratara de redimir un cadáver y darle vida… en lo que pudiéramos considerar una criolla versión bidimensional de Frankestein.

Retoma incluso varias de sus obras terminadas, vuelve a considerarlas y comienza así un proceso casi infinito de reconversión pues para él nada está terminado, concluido, sino en progreso constante. Grosso modo, entela los grabados y graba las telas con desenfado pleno, hasta nunca jamás, pues los problemas de expresión son los más importantes para él, los más caros a su innata condición creadora.

No es difícil suponer que esta controversial manera de crear se expresa plenamente en Cuba, donde no dispone de todos los materiales necesarios o deseados dada la insuficiencia de tiendas especializadas. En Italia, por ejemplo, adonde se dirige por cortos períodos de tiempo, usa lo que tiene a mano (que es mucho más de lo que encuentra en su estudio de La Habana) sin que ello represente angustia o ansiedad a la hora de decidirse por las soluciones apropiadas. En uno u otro caso, eso sí, actúa a la manera medieval para preparar las telas como soporte. Se niega a utilizar lienzos previamente preparados industrialmente: así podemos verle colocando la cola de conejo o de pescado en la tela tal como hicieran en su tiempo Da Vinci, Miguel Ángel, Wifredo Lam, Amelia Peláez… Luego le llega el turno al aceite de linaza, al Blanco España, hasta dejar la tela lista para aceptar óleos, tintas y acrílicos.

(…) Sobre su más reciente exhibición personal, parte del conjunto de colaterales a la 12 Bienal de La Habana titulado Zona Franca, en uno de los espacios abovedados del Castillo del Morro, aseguró en el catálogo que se podía “…percibir la temperatura de la conformación de las obras […] La idea se va conformando en la medida del proceso mismo. Es consecuencia de una acumulación de información y de vivencias que me afectan, positiva o negativamente…” En aquella ocasión, aunque su actitud y aptitud fueron alimentadas raigalmente desde la abstracción, en la vasta composición de colores duros, agrietados, calcinados, legitimó por igual la figura de un tigre o un letrero en italiano donde creía prudente; sin importarle mucho la pureza del género, pues sus niveles de contaminación y de irreverencia son bien altos, y siguen siéndolo, sin necesidad de recurrir a la blasfemia, la parodia o el cinismo, pues lo considero más allá de aquello que en épocas pasadas era nombrado como “contestación”. Es un artista contestatario, ojo, pero de sí mismo y de la propia pintura. (…)

Nelson Herrera Ysla

Nelson Herrera Ysla

Crítico de arte, curador, poeta. Co-fundador del Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam y de la Bienal de La Habana, evento que dirigió de 1999 a 2001, y donde se desempeña actualmente como curador. Ha ofrecido conferencias en numerosos países y publicado numerosos textos críticos en publicaciones especializadas de Cuba y el extranjero. Curador General de la XVI Bienal Paiz de Guatemala, 2008. Jurado de Ensayo del Premio Casa de las Américas, 2005, y de eventos internacionales de arte en América Latina. Premio Nacional de Crítica de Artes Guy Pérez Cisneros, 2007, y del Premio Nacional de Curaduría 2013, ambos en Cuba.

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