Una dama olvidada

/ 23 noviembre, 2014

Lucía Victoria Bacardí y Cape (Santiago de Cuba, 1893 – Miami, 1988)

 

Hija de Emilio Bacardí y Moreau y de Elvira Cape, (…) Lucía Victoria pasó a la historia del arte cubano por el diminutivo con que la llamaban familiares y amigos. Mimín, (…) se dio a conocer en La Habana cuando, en 1915, se presentó al concurso convocado por la Academia Nacional de Artes y Letras, en el que obtuvo el primer premio. Su participación entonces fue con una escultura de tamaño natural de la figura de Hatuey y un conjunto de tres piezas titulado Cabezas del calvario.

(…) Hasta donde sé, fue Mimín la primera que, dentro de la escultura en Cuba, puso su atención sobre aquel personaje que simbolizaba la heroica oposición de los naturales de la Isla frente a la ocupación extranjera. (…) Pero, a decir verdad, el interés de la pieza sobrepasa el uso que hizo la autora de la leyenda que inmortalizó al personaje. Concebida como un conjunto, en el que el foco de atención se concentra en los marcados rasgos del rostro, lo que atrae en ella es su factura, la manera cómo, después de moldear la figura y el tronco en barro, completó la representación apelando a materiales reales como la soga con la que amarra al cuerpo y los palos en el barro para remedar la fogata, algo que hubiera sido común en un artista del arte povera en épocas más recientes. (…)

Las Cabezas del calvario, por su parte, exhiben un naturalismo muy cercano a Rodin, adelantando igualmente un concepto expresivo en la escultura cubana que no contó, en mucho tiempo, con nada similar.

(…) Durante el lapso de tiempo que estuvo en Villa Elvira realizó Fransica, un estudio de la figura de una niña común a la que retrató de cuerpo completo, con una ternura infinita. (…) Con esa escultura (…) ganó un segundo premio en el concurso de la Academia Nacional de Artes y Letras de 1916, en el que un jurado menos audaz que el anterior declaró desierto el primer lugar.

(…) Fransica, sobre todo, es una escultura que posee suficientes méritos para ser destacada dentro de la historia de esta manifestación en Cuba y que lamentablemente ha permanecido olvidada en su recinto santiaguero, igual que su autora, dejada a un lado, como ha ocurrido en el transcurso de los años con no pocas mujeres, y no pocos artistas, que decidieron laborar fuera de la capital, en sus “aldeas” natales.

(…) Afortunadamente, muchos de sus trabajos han quedado preservados en el Museo Bacardí de Santiago de Cuba –a pesar de la precaria situación que dicha institución presenta–, como testimonio de su avanzada mentalidad, de su excepcional talento y sobre todo de la sinceridad de su arte.

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