Toirac y los demás

/ 1 septiembre, 2018

“Ningún hombre es una isla” (No man is an island), escribió un poeta, sentencioso. Y el verso devino en una suerte de profecía para José Ángel Toirac (Guantánamo, 1966). Nacido y residente en la “isla” de Cuba, ese creador pudo escoger el trabajo solitario ante el caballete o la mesa de dibujo, en su casa o estudio. De hecho, así realizan sus obras muchos colegas contemporáneos, sin responder necesariamente al consabido paradigma del autor confiado en una torre de marfil. Y menos en esta época tan mediática.

Pero Toirac decidió ser un artista visual gregario, como varios que emergieron en los míticos años ochenta. Su taller privilegiado no ha sido aquel donde muchos laboran, pero cada cual se afana en la obra individual. Su atelier por excelencia ha sido el espacio de la escuela, el estudio o el hogar donde ha “tallereado” proyectos en pos de la creación mancomunada. Ha sido el lugar para la tormenta de ideas, el disenso y consenso de opiniones, la comunidad de intereses artísticos y expresivos.

Un temprano y tal vez poco divulgado ejercicio de grupo fue el que Toirac emprendió hacia 1984 en el boletín ¿Por qué?, elaborado con medios artesanales por él y condiscípulos de la Escuela Elemental de Arte 23 y C, en La Habana. Reproducido en tiradas cortas y gracias al mimeógrafo, tal proyecto editorial se inscribió en la tradición de publicaciones periódicas hechas por artistas que vehicularon el ideario estético–artístico de sus gestores a través de sus diseños y/o contenidos. Antecedió a la también efímera revista 23 y C, originada en la misma institución.

(…) En 1990 realizó la controvertida exposición Homenaje a Hans Haacke, que tributó a la poética de aquel artista irreverente con las instituciones patrocinadoras de sus propuestas.

La exhibición era parte del Proyecto Castillo de la Fuerza, el cual se propuso habilitar un espacio para la pluralidad discursiva de noveles artistas procedentes del Instituto Superior de Arte (ISA). Propugnó la autogestión artística frente al absolutismo de la gestión institucional. Alentó el desdoblamiento de los artistas en curadores de sus exposiciones, en “alianza” estratégica con la institución matriz.

Toirac siguió generando nuevos proyectos en colaboración artística o curatorial con otros creadores y/o historiadores del arte: Tanya Angulo (binomio T&T), Ricardo G. Elías, Octavio César Marín, Alfredo Manzo, Meira Marrero (…). Pero, si bien está habituado a crear en equipo, Toirac ha conservado su personalidad artística, la poética y metodología que lo identifican. No importa si acude a la pintura, el video, la instalación o el objeto. Acostumbra partir de una investigación documental o de campo que culmina en el emplazamiento a figuras o hechos políticos, la apropiación de imágenes o textos, la resignificación de documentos históricos o artísticos.

Entre sus favoritos se hallan las fotografías y las publicaciones periódicas, que constituyen el “cuarto poder” y, como el arte, son instrumentos de información y comunicación muy influyentes. En tales fuentes encuentra el material que desmonta e interviene con una predominante estética del no-color (blanco, negro, gris), sentido crítico, ironía y agudeza intelectual. Ahora bien, la mejor aprehensión de sus propuestas artísticas demanda que el receptor tenga referencias del contexto originario. (…)

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