Olé y Aleluya

/ 25 noviembre, 2016

Olé y aleluya. Exclamaciones triunfales dominaban la recepción de Carmen Herrera: Lines of Sight en el Whitney Museum of American Art en Nueva York. El mundo de la crítica y el de la publicidad en esa ciudad bullen con felicitaciones y alabanzas reconociendo una carrera que se ha estado produciendo, aunque fuera de su ámbito, durante más de siete décadas. No es que Herrera no estuviera exhibiendo. Ella estaba –en exhibiciones colectivas, con frecuencia en galerías que trabajan con artistas y clientela hispana, nunca en el centro del mundo del arte de Nueva York–, y los críticos la ignoraban. ¿Qué es lo que el público puede ver ahora en exposición? (…)

Las obras alcanzan reconocimiento público en un momento significativo. (…) Las estrictas definiciones teóricas que determinan quiénes están dentro y quiénes fuera del Minimalismo están cediendo a clasificar como tal un trabajo más individualista y orientado a la sensibilidad. El feminismo como política también se ha hecho más abarcador de una gama de expresiones y existe un flirteo constante con descubrimientos tardíos en la vida (Grandma Moses –Mary Anne Robertson– que comenzó a pintar a los 78 años; Alice Neel y Louise Bourgeois, cuya autoridad aumentó después de décadas de abandono hasta un arrollador éxito al final de la vida). La obra de Herrera es más calma y –al menos en esta selección y en algunas piezas incluidas en su premier en la Galería Lisson– más juvenil que las de Neel o Bourgeois.

Sus piezas hacen énfasis en el universo de lo sensible, más que en el clasicismo platónico del Minimalismo echt de Nueva York –afinidades con Jack Youngerman (aunque mucho más reservadas), quizás más que con Ellsworth Kelly. La comparación de las carreras de Herrera y Kelly es tanto engañosa como instructiva. Como él, sus formas abandonan bastante pronto la complejidad a favor de geometrías más sencillas. Lo engañoso viene de una confusión básica de relaciones tamaño/escala: las obras de la primera nunca alcanzan las dimensiones expansivas de la obra del difunto artista masculino. La reproducción mecánica –libros, aislamiento digital o fotográfico de la imagen desde el proceso de llevar a otra escala figuras y entornos– crea confusión perceptiva, una equivalencia falsa que se duplica en la anulación de las diferencias en sus medios –acrílico para Herrera, pintura al óleo, fundamentalmente, para Kelly. Y la tersa plasticidad del acrílico resulta en una pérdida de complejidad al observar las formas.

La exposición de Herrera en el Whitney es la primera exposición de una artista de origen cubano en una institución estadounidense desde el relajamiento de las relaciones políticas entre ambos países. (…)

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