Luis Martínez Pedro. En busca de un ignorado ensayo del Arte Óptico en Cuba

/ 1 septiembre, 2018

El estudio de la década de los 60 en Cuba sigue develando progresivamente un número importante de aportes artísticos aún poco analizados y comprendidos, prácticas emergentes que comenzaban a imponerse en la escena cultural de la época y que quedaron atrapadas en la ola arrolladora del suceso político y social que constituyó la Revolución.

(…) Un estudio cuidadoso de la obra realizada por Luis Martínez Pedro durante la etapa previa a 1959 devela que, efectivamente, la semilla de sus futuras Aguas territoriales se ha gestado dentro de la lógica del concretismo, y hará posible vislumbrar estos remolinos que luego serían reconocibles en las piezas tempranas de la serie (aquellas realizadas entre 1961 y 1962), en las abstracciones de la serie Homenaje (1956–1959) o en otras obras de estirpe concreta como El ojo de agua (1960).

Al menos una treintena de lienzos abstractos, reunidos bajo el nombre Aguas territoriales y realizados en el primer lustro de la década de los 60 han trascendido como el paradigma de un discurso entronizado en la soberanía de una isla que debió sobrevivir a un intenso aislamiento económico y político durante el período en que estos fueron creados.

Desde el punto de vista formal, esta serie recurre a una evidente resignificación de los contenidos asociados a la obra abstracta, como también había ocurrido durante los años de la dictadura con las pinturas reunidas en la serie Homenaje dedicada al 26 de julio.

En ambos casos, se anexa un valor ideológico aportado por el color: el uso exclusivo del rojo y el negro para resolver la composición de la serie Homenaje; el juego con disímiles gamas de azul, que en ocasiones se desplaza hacia el negro, indica el talante del mar en sus Aguas terrritoriales.

La interpretación del concepto de límite geográfico y legal que –a partir del uso de la línea– se ha atribuido históricamente a Aguas… podría, en cambio, ser mucho más amplia y controversial en tanto intencionalidad del autor (…).

Las Aguas territoriales resultarían, en definitiva, el contenedor perfecto que permitió la continuidad de la investigación que, sobre arte concreto, había emprendido años atrás Luis Martínez Pedro. A partir de la referencia ideológica, tal y como sucedería con los paisajes políticos de Mariano, su trabajo contó, no solo con la tolerancia, sino además con la anuencia de ciertas autoridades culturales, en un contexto adverso a la abstracción como lenguaje plástico.

Tal estrategia tendrá un precio, sin embargo: el aporte formal de la serie al movimiento del arte óptico, el mayor de los valores de la misma desde el punto de vista estético, pasará inadvertido ante la visión crítica de la época. Esta realidad se hace fácilmente comprensible cuando estudiamos la obra en dibujo que sobre el propio tema legó Martínez Pedro. Más de quinientas tintas, fechadas y firmadas en el primer lustro de la década del 60, rompen de manera radical con la creencia de que Aguas territoriales es una serie pictórica, dedicada de manera exclusiva a resaltar nuestra impenetrabilidad y a establecer nuestro derecho en los predios de lo político.

(…) El auge del op art en el mundo se produce sincrónicamente a su aparición en Cuba, a mediados del siglo XX. Se trata de una de las muy pocas ocasiones en que la Isla asimila los contenidos estéticos provenientes de Occidente desde una condición de simultaneidad absoluta. Quizá la respuesta está en el hecho de que sus postulados esenciales habían sido esbozados dos décadas antes, dentro del laboratorio de ideas que constituyó la Bauhaus, movimiento con el cual estos tres artistas cubanos tenían un fuerte vínculo.

Las tintas de la serie Aguas territoriales de Luis Martínez Pedro no fueron nunca consideradas como piezas de op art, ni reunidas bajo esa concepción dentro de exposición alguna o texto crítico. Sin embargo, no cabe duda que las mismas constituyen una de las más amplias investigaciones, hoy preterida, de esta tendencia en Cuba. (…)

Beatriz Gago

Beatriz Gago

Es graduada en Ciencias en la Universidad de La Habana. Ha dedicado los últimos quince años a estudiar el arte cubano contemporáneo como investigadora, crítico de arte y curadora independiente. Durante la última década ha trabajado vinculada con Archivo Veigas, Arte Cubano (La Habana) y Ediciones Vanguardia Cubana (Madrid).

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