Los Gullivers del viaje

El autorretrato en la obra de Tonel

/ 23 julio, 2019

“¿Qué significa el autorretrato en mi obra?

Historia mezclada con ficción.”

Tonel

Donde se empieza

Había una vez un muchacho, allá por los años 70, que daba clases de pintura con un profesor excelente llamado Pedro Amador, en la escuela Lenin. Un buen día el muchacho hizo una caricatura para un periodiquito de ésos que hacían los estudiantes y lo firmó como Tony. Uno de sus compañeros le recomendó buscar un seudónimo o una firma más original. Entonces el joven se quedó pensando, y como su nombre era Antonio Eligio, decidió juntar TON con EL, y así nació Tonel. Y es que la historia se hace así, como sin querer.

Entre diciembre de 2018 y febrero de 2019, Tonel presentó en Cuba la exposición Ajústate al tema, con la cual recorrió cuarenta y cinco años de su trabajo (1973-2018). Ya a ella me he referido en un ensayo que se titula De la tonelidad y sus alrededores, el cual debe aparecer en el número correspondiente a febrero del tabloide Noticias de arte cubano.

El 28 de febrero, justo el día en que se desmontaba su exposición en el Museo Nacional de Bellas Artes, Tonel ofreció una conferencia en el hemiciclo de las salas universales del citado museo. Mientras lo escuchaba, comprendí que su obra es un viaje. ¿Pero un viaje de dónde a dónde?

Por esos misterios que tiene la mente, pensando en su obra, recordé a un escritor ironiqués (ironish), digo, a un escritor irónico irlandés que escribió uno de los libros más suculentos de la historia: Los viajes de Gulliver. Jonathan Swift se vistió de personaje ficticio para satirizar a sus contemporáneos; Tonel hace al revés, se desnuda a sí mismo para decirnos su experiencia, que con mucho es la nuestra. Con un pie en la historia y el otro en la ficción, este cubano viaja a bordo de sí mismo y contándose, nos cuenta.

 

Viaje a Liliput

“…Fui a levantarme, pero no pude moverme…”

Los viajes de Gulliver (Primera parte)

Lo primero que me llevó a sospechar su condición de navegante incansable fueron sus vistas aéreas. Sentí que sus ojos habían visto el mundo como si fuese pequeñito, como si estuviese allá abajo o allá lejos. ¿Qué sino son El bloqueo (1989), País deseado (1994), Mundo soñado (1995), A limited engagement (2014) o Los cuatro grandes ríos (2018)? Una visión del mundo en miniatura nos habla, de rebote, de la altura del observador o, quizás, de su lejanía.

Miremos, por ejemplo, El guante el simbólico (1987). Sobre el horizonte de un mundo poblado de círculos rojos de hojas verdes, sombras en siena y alguna que otra estrella, se recortan una lejana pirámide, un fálico cocotero que prologa a una nube desde la cual un pene orina un arcoíris, un auto de juguete, Saturno y el torso gigantesco del autor con guante, barba y pelota. (…)

Autorretrato como puente tiene dos versiones: una es un cuadro (1990-1992), la otra una escultura (1993). En la primera, un Tonel amarillo y barbado enlaza dos orillas verdes (¿dos esperanzas?), sobre un azul que viene o va a un horizonte rojizo y violáceo. En la segunda, la metáfora se hace camino, toma cuerpo en su cuerpo cuando unos peldaños, que enlazan sus brazos y sus piernas, nos invitan a recorrer la anatomía del artista. (…)

Por último, sobre una línea que dibuja una almohada, el cuerpo bocarriba del artista reposa. Su ser exterior duerme; el interior nos mira. Por eso el título de esta pieza de 2018 es Dormido (Dentro de mí despierto) aunque también pudiera titularse Despierto (Fuera de mí dormido). Tonel es como una ola, corona de espuma y ciclo profundo. Lo aparente es visible pero ciego; lo esencial, invisible pero ve. (…)

 

Viaje al país de los Houyhnhnms

“…su máxima primordial es cultivar la razón y ser gobernados totalmente por ella…”

Los viajes de Gulliver (Cuarta parte)

(…) En otro sitio definí la tonelidad como la capacidad de la obra de arte para contener ideas que rebasan lo evidente. Formalmente esto se expresa en el contrapunto perenne entre la palabra y la imagen, enlazadas por el humor, en la obra de Tonel. Desde el punto de vista del contenido, los contrarios son lo histórico y lo ficticio, que se anudan en los autorretratos. O al menos eso creo yo.

Lo anterior puede apreciarse de nuevo en Autorretrato con Lenin y Gramsci, que es una de las páginas del libro Dispatches from the War Zone (2009-2014), donde uno y otro pensador flanquean a Tonel. Al pie de ellos, un campo de caña de azúcar y una carreta de bueyes simulan el escenario; por encima, un cielo estrellado con un spútnik componen la escenografía. Tonel, al centro, es fiel de la balanza entre dos conceptos de Estado: el del italiano y el del ruso.

 

Donde se termina

Por si fuera poco, Tonel ha hecho, a lo largo de su carrera, varios libros de artista en los que narra algún que otro viaje autorreferencial. Sin contar aquel Cuaderno de bitácora que hiciese a cuatro manos con Fernando Birri, en California, donde narra los viajes del argentino por el Paraná, existe uno titulado Estuve casi todo el invierno en Rheinlandia escribiendo estos boleros (A Fully Illustrated Winter Book) (1999). Se trata de un libro que, casualmente, elaboró en Inglaterra, la patria del capitán Lemuel Gulliver.

(…) En el libro, uno es Swift, otro Gulliver. Pero en el caso del cubano, autor y personaje, sujeto y objeto de la obra coinciden en cada autorretrato. Por lo que aquí ni siquiera el foco está en los viajes sino, digamos, en el mismo Gulliver. De ahí que, recordando La vuelta al mundo en ochenta días, de Verne, y la paráfrasis surrealista de Cortázar, La vuelta al día en ochenta mundos, asumo que los autorretratos de Tonel son los Gullivers del viaje.

Y es que Tonel es eso: un viaje[1] desde Tony hasta Eligio; un viaje, aún en curso, mitad historia, mitad ficción, en el que este cubano nacido en diciembre de 1958 dialoga consigo mismo. Dicho periplo comenzó en los años 70, el día en que un muchacho de preuniversitario firmó una caricatura con un seudónimo. Hoy, ese seudónimo se ha vuelto su nombre verdadero porque marca el instante en que se encontró a sí mismo.

Y eso de algún modo me consta porque yo también di clases de pintura con el profe Pedro Amador, yo también ilustré periodiquitos en el pre y yo también hallé mi camino en la Lenin (1980-86), solo que una década después. Pero ése es otro viaje y otro Gulliver.

PS: Luego de terminado este trabajo, Tonel me confesó que, en los años 80, hizo un par de “dibujitos” sobre Los viajes de Gulliver, para la ya extinta revista Moncada.

 

[1] En 2012, Tonel hizo una exposición en Factoría Habana que se tituló El viaje (paredes que hablan). El título no sólo tenía que ver con el hecho de que muchas de sus obras habían sido concebidas en diferentes ciudades del mundo (La Habana, Austin, San Francisco, Vancouver) sino también con su convicción de que todo proceso de aprendizaje equivale a viajar. Pessoa mismo, en su Libro del Desasosiego, concebía el viaje como conocimiento. Por si fuera poco, ¿qué simboliza El caminante, que está en la portada del catálogo de su expo última en la capital cubana, sino eso?

Noel Alejandro Nápoles González

Noel Alejandro Nápoles González

Ensayista y crítico. Textos suyos aparecen publicados en Artecubano, Noticias de Artecubano, La Jiribilla, Art OnCuba Magazine, entre otros.

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