Los “centrales” de Marcel Molina

/ 23 noviembre, 2014

Formidable poemario de audaz hazaña visual contemporánea

Podría pensarse –en las obligadas comparaciones y valoraciones que supone cualquier investigación– que la industria azucarera no tuvo, como asunto, gran incidencia en la historiografía del arte cubano (…). Sin embargo, una breve mirada nos revela la relatividad de este primer pensamiento. (…)

Al centro de este panorama, la dramática fuerza en la expresividad plástica –en el grabado, como en un retorno a los inicios de los primeros visos del “azúcar” en el arte cubano– del quehacer de Marcel Molina, un creador cienfueguero que vivió el antes y el después, los “ires y venires” de los centrales que bordeaban al poblado de Cruces. (…) en Desnudando el tiempo la dimensión social, cultural, política y económica de su propuesta rebasaba la singularidad de la representación artística. El espectro foto-serigráfico en esta serie se convertía en fantasmal imagen del “desmantelamiento” (…).

Mal Tiempo, el central, será motivación constante en la carrera de Marcel Molina. El asunto no está agotado en su quehacer plástico… Después de aquellas obras vino otra –soberbia también–, Soñar no cuesta nada, igualmente realizada en xilografía. En ella lo que había quedado del Mal Tiempo se convertía, al presente, y aprovechando las realidades desde la metáfora plástica, en la utopía visual de un parque de diversiones (montaña rusa incluida) en el que la propia historia del central se unía a un empeño permisible, que tampoco costaría mucho… Refinada ironía, entonces, en la continuidad de las “reconversiones”, aunque desde las posibilidades concretas que brinda el arte en sus resignificaciones…

Solo 1 tiene la verdad (que alcanzara el Premio del Concurso Nacional de Colagrafía Belkis Ayón, celebrado en Cienfuegos en marzo de 2013), (…) fue resultado de una estrategia bien pensada por este joven artista. (…)

Vino entonces el “regreso” para quienes no lo pensaron; indiscutible, para los que creímos que este discurso no estaba aun concluido. Vino con título de triste lamentación poética, no podría ser de otro modo: Elegía, ¿cañas o torres derribadas?

Marcel Molina volvía a reafirmarse como una de las voces más sugerentes del grabado cubano contemporáneo

cuando ganara con esa obra, a finales del pasado año, el Premio del viii Encuentro Nacional de esta manifestación, celebrado en el Centro de Desarrollo de las Artes Visuales, en La Habana.

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