Lo arquitectónico como pretexto

/ 1 junio, 2016

La reflexión propuesta por Heidegger en la que apunta que “Ser hombre significa: estar en la tierra como mortal, significa: habitar” y que “Construir es propiamente habitar” permite un acceso oportuno a la muestra La Madre de Todas las Artes, en el Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam de La Habana, en la cual su curador, Nelson Herrera Ysla, abrió múltiples puertas para acercarnos a cómo el espacio habitado, construido, ha sido abordado en la producción artística cubana más reciente.

Esta perspectiva del filósofo alemán también revela de alguna manera cómo este tema ha sido fundamental para la plástica cubana cada vez que ha sido preciso reafirmar la identidad, como ocurrió con Amelia Peláez y René Portocarrero durante la Vanguardia, o en la década del noventa, cuando el tema prácticamente se instauró como una constante a partir de las renovadoras posturas de Carlos Garaicoa y Los Carpinteros (quienes forman parte de la nómina de esta muestra).

Desde esta mirada es también más cómodo hilar las pretensiones curatoriales que se han movido en este amplio concepto, el cual trasciende la noción de la arquitectura como arte en sí, con sus propias prerrogativas, para incluir muchísimos modos de abordar múltiples aspectos que implican la arquitectura o lo arquitectónico desde la indagación semiótica que permiten las artes visuales, versatilidad que ha resultado muy confusa para el espectador.

Si bien la arquitectura fue siempre considerada como la mayor de las Bellas Artes, por su componente científico, ingenieril, y porque por mucho tiempo la pintura y la escultura estaban asumidas como su complemento, lo cierto es que, desde el ángulo de las artes visuales hoy, el acercamiento a este tópico en Cuba está condicionado por circunstancias concretas que dirigen un poco los pretextos de la muestra. En el contexto global la arquitectura ha alcanzado tal grandilocuencia que muchos afirman que cada vez es más escultura, por el modo en que se exacerban los valores estéticos y la identidad creativa del arquitecto, por encima de lo funcional. Pero en el entorno local se construye poco, con lo cual no hay demasiada posibilidad para la creación en esta manifestación. El espacio para la construcción queda reservado para la restauración y para moderadas nuevas construcciones de soluciones inmediatas, lo cual conlleva a la reafirmación del elemento construido, la identificación con un entorno que cambia poco, y a la redimensión del valor simbólico en diálogo constante con la memoria y con un ansia utópica. De esa suerte, lo que sí distingue sobremanera a lo habitado en nuestros países que ofrece abundantes pretextos discursivos a las artes visuales en tanto campo de interpretación.

“Con esta exposición pretendemos mostrar la arquitectura desde su diversidad, creadoramente, directamente, o de forma más elíptica. Creo que sigue siendo uno de los pilares fundamentales de la cultura de cualquier país,” afirmó su curador en entrevista para Cubahora. Para esos propósitos abrió un amplio espectro de posibilidades discursivas, que revisan tratamientos del tema desde la pintura hasta el video mapping; pero, en mi opinión lo más pretencioso, intentó abarcar el asunto desde lo morfológico, lo procesual, lo simbólico y lo social, lo cual le permitió incluir a sesenta artistas. Esta vasta nómina recorre el trabajo de creadores que con acercamientos muy propios constantemente han dialogado con diferentes aristas relativas al tema, y a otros con piezas puntuales, aunque quizá oportunas, así como varias generaciones. También incluyó a artistas cubanos que no residen en la Isla, como Gustavo Acosta y Néstor Arenas, quienes viven en Estados Unidos, y a Ana Gloria Salvia, quien radica en París. La mayoría de las piezas ya estaban concebidas de antemano, y un número considerable había sido exhibido en diversos proyectos curatoriales precedentes. De ese modo lo habitado se explora desde la representación de un elemento simple hasta elaboradas indagaciones conceptuales en las que lo arquitectónico trasciende su condición de contenedor de las dinámicas urbanas, para señalar el sistema de pensamiento, las prioridades y las vulnerabilidades de sus habitantes. Pero en este ensanchamiento del tema es donde radica el mayor conflicto de esta propuesta. (…)

Onedys Calvo

Onedys Calvo

Tiene una Maestría en Historia del Arte. Vive y trabaja en La Habana. Es curadora de la Oficina del Historiador de la Ciudad y es la Directora del Palacio del Segundo Cabo: Centro para la interpretación de las relaciones culturales Cuba-Europa. Además, trabaja como periodista en la emisora Habana Radio, y colabora con diversas publicaciones especializadas, tales como Artecubano, Revolución y Cultura y de OPUS Habana.

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