La paradoja de la construcción de lo posible: XIII Bienal de La Habana

/ 23 julio, 2019

La XIII edición de la Bienal de La Habana con el lema La construcción de lo posible, estuvo permeada de distintas propuestas aprobadas y/o provenientes por/desde las instituciones gubernamentales pertenecientes al Ministerio de Cultura, el Consejo Nacional de Artes Plásticas, las galerías privadas, estudios de artistas y proyectos independientes. La conformación del esperado evento estuvo unido a la inestabilidad de construir (posiblemente) una bienal debido a la falta de recursos por parte de distintos organismos; y, aún así se realizó en gran parte gracias al esfuerzo personal de cada uno de los que decidieron sumarse, invitados o autoinvitados, impulsados por la autogestión.

(…) Durante todo un mes que duró la Bienal (hasta el 12 de mayo) el escenario artístico estuvo en función del destacado evento y el entusiasmo se evidenció tanto en artistas cubanos que residen dentro de Cuba como los que residen fuera de ella, más la invitación directa por parte del comité organizador de la Bienal a 300 artistas provenientes de 52 países.

(…) En ediciones anteriores se ha notado una mayor interacción del público con las propuestas en el espacio urbano. ¿Qué sucedió que este año la participación ciudadana en la Bienal estuvo fragmentada? La desorganización por parte de las instituciones principales que organizaron el evento, los escasos recursos materiales, el cansancio visible en los trabajadores de dichas instituciones, entre otros aspectos, propiciaron el caos y la incomunicación, reforzado aún más con la tragedia que había que atravesar para lograr adquirir un catálogo o una credencial, al menos por la vía moralmente correcta.

(…) La preocupación por la visibilidad, el incentivo del mercado, la falta de colaboración y apoyo, los deseos de destacar unido al ingenio, la persistencia y la censura, constituyen elementos que han permeado a esta edición en particular en una sobrevivencia feroz del arte cubano con Bienal o sin Bienal. Un aspecto relevante en medio de tantas adversidades y deficiencias lo conforma la descentralización masiva del evento. Todo ello unido a una ardua labor de relaciones públicas, intereses comerciales, reencuentros entre amigos, costumbres olvidadas, jóvenes talentos emergiendo y la poca cantidad de propuestas que abordaron el espacio público y se pensaron en torno a la comunidad. (…)

Los grupos de coleccionistas, provenientes en la mayoría de los casos de Estados Unidos, eran transportados hacia espacios independientes de artistas, no galerías, sino el estudio-taller donde se crea y se vende. ¡Y vender está bien! Pero el evento pierde calidad cuando por motivos necesarios el arte se pone en función de la feria, no de la bienal y/o viceversa. Todos estamos conscientes del carácter comercial que caracteriza a la Bienal de La Habana. ¿A qué se debe lo anterior? ¿A la situación crítica por la que atraviesa el país en cuanto a la economía? ¿De quién es la culpa? ¿De las instituciones que organizan el evento que no poseen la infraestructura necesaria para apoyar su realización o de los propios artistas que consideran más importante vender que participar en la Bienal? ¿Quiénes venden más: los artistas de la Bienal, los que participan en proyectos colaterales o los que no aplicaron y aun así aprovechan la oportunidad y participan con sus propios medios con propuestas personales y/o colectivas?

(…) No se pretende ser negativos sobre el evento más esperado por los artistas cubanos en el contexto nacional; sino generar pensamientos críticos alrededor del mismo. El lema “La construcción de lo posible” me parece una paradoja justificada ante las graves necesidades económicas, políticas y sociales que presenta Cuba, no desde ahora, sino desde hace varios años.

Mientras que los organismos administrativos de la Bienal proponen construir “algo” posible, otros utilizan lo posible para construir una obra, un razonamiento, una ilusión o una decepción. Por un lado la visión política de la Bienal, como instrumento para caracterizar el evento y, por otro lado el empoderamiento y la lucha de muchos porque su trabajo sea visibilizado, consumido, orientado, sin ocupaciones de defender lemas o consignas y muchas preocupaciones para ser reconocido en medio de un mundo artístico globalizado y un mercado permeado por la inflación. Con lo anterior no estoy sugiriendo que no hay buen arte cubano. Eso atentaría contra el patrimonio artístico que durante muchos años se ha venido forjando. ¡Hay arte para todos!

No poseo la certeza de cuánto tiempo más se seguirán desarrollando otras ediciones de la Bienal de La Habana; pero lo que considero necesario es (re)pensar sobre los objetivos, la organización y el enfoque de dicho evento. Desde el año 1984, año en que se realizó la primera Bienal, se sentaron las bases para ir creando, bajo la idea intelectual, el trabajo colectivo, el éxito, el aprendizaje y la confrontación, la capacidad de superar las limitantes y trascender las frivolidades que se alejan del arte y que acompañan algunos escenarios artísticos del circuito. El reconocimiento externo que tanto caracterizaba esos inicios ha ido transformándose en una batalla de sobrevivencia entre el artista, la institución, las reglas, las lejanías, el mercado y, en última instancia, la propuesta y el público.

Maylin Pérez Parrado

Maylin Pérez Parrado

(Camagüey, Cuba, 1989). Curadora, crítica e historiadora del arte independiente con sede en Holanda, Cuba y Panamá. En el 2011, obtuvo el título de licenciada en Historia del Arte, por la Universidad de Oriente, en Santiago de Cuba. Desde el 2012 hasta el 2015 fue curadora de la Fototeca de Cuba y de la Fábrica de Arte Cubano (FAC). Ha colaborado como curadora en la galería Arteconsult, Ciudad de Panamá, y forma parte del grupo internacional Art Consulting Network, con base en Italia. Actualmente se desempeña como directora de la Fototeca de Panamá. Su labor profesional se desenvuelve dentro de la curaduría, el mercado de arte, la enseñanza, la investigación, la promoción cultural y los medios de comunicación para el ecosistema artístico actual.

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