La otra ciudad: intercambio, consecuencias…

/ 10 junio, 2013

Abierta, provocadora, Nueva York te desafía siempre. Uno de sus retos es el proyecto de Park Avenue, un concurso, que existe desde el año 1967, auspiciado por el Comité para la Escultura del Fondo Park Avenue y el Programa de Arte Público del Departamento de Parques y Recreación de la ciudad de Nueva York. Cada año, cientos de artistas de todo el mundo envían sus propuestas estéticas, que son evaluadas por miembros del Park Avenue Malls Sculpture Advisory Committee en colaboración con galeristas, curadores, y coleccionistas de prestigio. (…) Este proyecto ha ocupado un lugar prominente y de gran trascendencia cultural a nivel local y mundial, gracias a una serie de artistas de reconocimiento internacional que han mostrado ahí sus esculturas.

Este año, Alexandre Arrechea fue uno de esos cientos de prestigiosos artistas: asumió el desafío y sometió su proyecto NOLIMITS al concurso de Park Avenue. Alex había trabajado alrededor de dos años en el proyecto, según sus propias palabras se trataba de resumir de algún modo las indagaciones en la arquitectura y el poder como fuentes de inspiración que le habían ocupado en los últimos tres años. Gracias a su refinada sensibilidad y talento, por suerte para todos los admiradores del buen arte y para el mismo Alex, Nueva York recibió su proyecto NOLIMITS como se recibe una ofrenda. Los miembros de la junta que evalúan las obras decidieron concederle el premio por unanimidad. En la historia de este concurso sólo tres artistas latinoamericanos habían logrado exponer sus obras allí: Botero, Soto y Barrios.

El proyecto de Alex apostaba por establecer ese diálogo con la arquitectura neoyorquina al que hemos hecho referencia antes, y de manera precisa con diez de los edificios icónicos de la ciudad como el Chrysler, Flatiron, el Empire State, Citicorp, y otros que se encuentran en la misma avenida de Park Avenue, como el Metlife (antiguo PANAM), el famoso Seagram, o el Helmsley, que divide en dos la avenida.

En NOLIMITS podemos apreciar la confluencia entre el espíritu de la ciudad y la actitud del artista hacia ella, definida por la influencia que esta ejerce en él. Nueva York, la ciudad infinita, donde todo o casi todo es posible. El artista responde a ella sin el más mínimo concepto de censura, desde la no limitación de lenguaje.

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