La ciudad traducida

/ 1 diciembre, 2018

La mirada de Roberto Salas es de una avidez que roza la voracidad. El artista se ha renovado con frecuencia y examinado con hambre icónica la historia, el cuerpo, la etnografía y la ciudad, como los grandes temas que nutren su sólida obra. En otros textos sobre su accionar en la visualidad fotográfica insular he dicho, y ahora lo sostengo, que es uno de los fotógrafos más rejuvenecidos del país, a pesar de su edad, un creador que constantemente experimenta nuevos temas y técnicas y que permanece con dignidad y actividad entre los más reconocidos fotógrafos cubanos del pasado siglo y lo que va de este. (…)

Roberto Salas fue gestando, desde la década de los sesenta del siglo pasado, una iconografía que lo situó, por derecho y talento propios, dentro del grupo de fotorreporteros que creó la denominada “fotografía de la épica”, el conjunto de imágenes de los primeros años de la Revolución Cubana. En 1994 se produjo un momento de ruptura, un punto de inflexión en su trabajo, cuando incursionó (aún lo hace) con mucho éxito en la imagen cuerpo. Nuestro artista fue creando un imaginario nuevo en el que el cuerpo desnudo, de hombres y mujeres, se vinculó con otros temas como el tabaco, la pelea de gallos, la naturaleza y la arquitectura, en metáforas directas de la universalidad del concepto cuerpo en el arte y la vida. En el ínterin realizó la serie Así somos los cubanos, de gran valor etnográfico, un ensayo de imágenes sobre el cual la crítica no ha fijado debidamente su atención.

(…) La Habana fascinó siempre a Roberto Salas, y esa fascinación se materializó por el alto valor simbólico de la urbe, pues se trata de una ciudad que encanta a muchos, naturales y visitantes, a pesar de su estado de desatención y decadencia urbanística, de penuria reflejada en las paredes llagadas por el tiempo, calles semiderruidas y fachadas despintadas, pero siempre notable en su poderoso sentido sígnico y en su misterioso embrujo como ente viviente. Esas cualidades sirvieron de incentivo para una nueva etapa de su obra, con mayor presencia de los recursos técnico-digitales, pero no menos importante a la hora de juzgar su trabajo en sentido evolutivo. (…)

Y es que Salas ha marchado en sentido contrario de la tendencia de muchos fotógrafos (locales y foráneos) que se han concentrado en un trío de temas que ya agota al degustador: las casas derruidas, los coches americanos viejos y la mulata cubana de buen cuerpo en poses sexys. Muchos libros se publicaron bajo ese tríptico temático, desde luego, no siempre buenos libros. Salas apunta a otra perspectiva de lo citadino.

Las imágenes de calles, esquinas, el muro del Malecón, plazas, parques y sobre todo de las fortificaciones coloniales, deparan una sorpresa al espectador familiarizado con la obra del artista, pues la innovación puesta en práctica en ellas no tiene mucha relación con las etapas anteriores de su trabajo. Aquí, las combinaciones de colores y sus contrastes, las texturas y otros experimentos ópticos realizados sobre la imagen original de la fotografía en blanco y negro, crean una visualidad nueva, extraña y sugerente. Es el artista resistiéndose a la repetición, buscando nuevos horizontes icónicos. (…)

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