La borda (era)

Desacatos más allá del corte y costura

/ 1 septiembre, 2016

El proyecto Detrás del muro suele obsequiar obras categóricas a ese patrimonio simbólico que es la Bienal de La Habana. Fe, de Adonis Flores en el 2012 y La dama de rojo, de Aimée García en el 2015, hacen que mi rotundez sea verificable y creíble. Hay dos o tres obras más pero creo que respecto a estas hay consenso. Por ejemplo, en la edición del 2012, de la propia Aimée, un manto negro tejido in situ cubría veinte metros del muro del Malecón, conocido también como sofá habanero. Pureza, ese era su título, también es muy buena obra. (…)

Y Aimée continuó bordando. Le dio por coger los periódicos publicados en Cuba, sobre todo el Granma, el omnipresente, y bordó con hilo cada letra. La tachó con parsimonia, zorrería, cálculo y sangre fría, creando unas composiciones que tituló Discurso suprematista. Entre irónico y literal, el link es claro: reducida presencia cromática y composiciones geométricas (de preferencia lineales) que paran en abstracción. El Granma es, lo sabemos, la réplica bicolor del discurso de la Revolución, o mejor, de la oficialidad que se dice revolucionaria.

Según ella (¡ojo, no debemos creer mucho lo que dicen los artistas de sus propias obras!) era su propósito crear un espacio de reposo mental frente a la abrumadora avalancha mediática a que estamos sometidos diariamente. Un “espacio de vacío”, dijo Aimée explicando el zen-sentido de su obra. ¡Y tiene razón! Ella vacía, sí, hace drenar el discurso ideológico hasta dejarlo seco. Censura al censor. Hamlet Lavastida cala discursos, posters y todo el imaginario visual del poder de los sesenta en Vida profiláctica; y Aimée borda. Resultan así piezas decorativas que banalizan cualquier sentido original. (…)

Perteneciente a una generación de creadores cubanos calificada de cínica, Aimée sabe de ego y de aura pero también de eficiencia e instrumentalidad. Sabe que no es lo mismo el barniz aséptico de una galería o museo que el fermento y la contaminación del escenario público. Invitada por Cuban Art Found y Times Square Arts a realizar un proyecto de intervención pública en Times Square, ella sabía muy bien que por muy megalómana que fuera su propuesta jamás sería lo suficientemente hegemónica comparada con la fascinación y el voltaje visual reunido en esa confluencia de esquinas. Pero lo fascinante por lo general abruma. Razón que llevó a Aimée a decantarse por un proyecto sutil, que contrarrestara el efecto obnubilante de ese contenedor de imágenes situado en el corazón de Manhattan. Times of Silence es el título que ella escogió para una propuesta consistente en el emplazamiento de tres estructuras que, en calidad de vitrinas, muestran periódicos cubanos y norteamericanos totalmente bordados. Una amplificación de Discurso Suprematista con un título contextualizado.

Con Times of Silence ella continúa esa operatoria: bordando periódicos locales e insulares no solo está anulando un espacio de poder sino que está creando un espacio de reposo mental en medio de la información visual de esa plaza en particular. Un alud tan hiperreal que se vuelve vacío y abstracto. Aimée propone una contrapartida a “la perfección inútil de la imagen” y, puesta al servicio público, ofrece un oasis gratis, un intersticio blando o una zona de silencio en medio del ajetreo estresante de Times Square. La contemplación zen-sentido –con cierta dosis de intriga– es el fin último de esa obra. (…)

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