Joel Besmar: Pintura y percepción del mundo

/ 1 septiembre, 2018

Pocas trayectorias artísticas tan ensimismadas como la de Joel Besmar (Camagüey, 1968). Sus exposiciones personales han abordado muy a menudo el tema simultáneo de la pintura misma y de la esencia de la cultura como ejes cardinales de su obra.

Su pintura se concentra en un examen de nuestro tiempo. Se trata obviamente para él de calar el aire de época en cuanto a la esencia del saber y el sentido de la cultura. Esa ambiciosa aspiración alcanza su más altas expresión e intensidad en obras en las que la imagen del libro se convierte en símbolo capital de la condición humana contemporánea. (…) Una revisión somera de las especificidades de los temas del artista –en particular los trabajados en la última década– permite fácilmente identificar cuatro orientaciones semánticas en su obra.

La primera tendencia temática puede denominarse como indagación de un modelo del cosmos: aborda pictóricamente una identificación entre el ser humano y el Todo, una correspondencia hombre-espacio cósmico, cuya esencia podría vincularse con las relaciones contenidas en ciertos “mapas” metafísicos del infinito, como el Árbol de la Vida, común a la Cábala y al Génesis. No atribuyo un sentido hermético a la obra de Besmar, sino señalo su aspiración indagadora, peculiaridad que lo vincula con lo que Omar Calabrese ha considerado como un tono de nuestro tiempo: el apasionado interés por el neobarroco, teorizado genialmente por el pintor y escritor Severo Sarduy. (…)

El tratamiento pictórico se pone en función de una imagen estremecedora sobre el sentido de la vida humana. Es el caso de Humani corporis fabrica (2013), donde el objeto de atención es la fábrica del cuerpo humano… El hombre en esta tela consiste en un librero, abigarrada mezcla de elementos simbólicos diversos (…). La fábrica de lo humano aparece como fusión inescrutable de cuerpo y de cultura, de ciencia y de arte, de saberes e incertidumbre. El librero simbólico de Besmar salvaguarda la esencia misma de lo humano: la cultura nos condena al sacrificio de nuestro propio ser en aras de defender nuestra forma de autorrepresentación. La reiterada fractalidad en la obra de Besmar alude al goce estético de descubrir la forma de lo universal en la infinita reiteración de la realidad. Una obra representativa es El libro de la creación (2012) –alusión al Sefer Yetzirá hebreo–, en que el libro se repite a sí mismo y crea un nuevo objeto de sus propias repeticiones aleatorias. (…)

Las tendencias temáticas del artista construyen un universo plástico de fuerza vehemente. Sorprenden la precisión técnica, la pureza del tratamiento de espacios complejos, la capacidad imaginativa de sus nítidas imágenes de libros y libreros, que resultan metáforas de espacios más altos de lo humano esencial. Besmar ha escogido trabajar sobre nuestra percepción del mundo.  Y en ello radica lo extraordinario y desafiante de su camino como pintor.

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