Intersecciones: O la voluntad de resistir a la próspera adversidad

/ 23 julio, 2019

La diferencia del criterio, debe ser alimento; no pugilismo. A fin de cuentas, ninguno de nosotros, por separado, tiene demasiada importancia: Es ese nudo, trabado y múltiple, ese haz profuso de la cultura cubana el que nos mueve, nos enamora, nos lleva a estudiar todos los días y a gozar de una experiencia artística que alcanza a resumir, en valiosas imágenes, todo eso, contradictorio y bueno, que ha sido la vida del cubano.

Rufo Caballero[1]

 

En la Habana se respira Bienal. Desde el 12 de abril y hasta el 12 de mayo de 2019, se estará celebrando la 13ª edición del evento más esperado de las artes visuales en Cuba. En un contexto sociocultural cuando menos polémico, alrededor del que se proyectan cuestionamientos de diversa índole, la otrora Bienal del Tercer Mundo, es ya una realidad constatable. (…) En la aventura que presupone la gestación de un suceso cultural que aúna no solo a los artistas, también a las comunidades, a los sujetos independientes y a las instituciones con nombres y apellidos; resalta un lugar: Factoría Habana.

El Centro para la experimentación del arte contemporáneo, adscrito a la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, ha sido una de las galerías invitadas a formar parte de las enjundiosas propuestas curatoriales que conforman el programa de exposiciones de la Bienal. Para la ocasión, Factoría Habana estará mostrando los trabajos de reconocidos artistas cubanos y ha hecho extensiva la invitación a otros creadores provenientes de México y África.

Intersecciones…Cuba/México/África, ocupa los tres niveles del espacio galerístico, entre los que distribuye su génesis curatorial; cuerpo teórico que se sujeta a la idea de confluencia. Esta exhibición es la última etapa del work in progress: In Itínere, iniciado a mediados del 2018 y al que pertenecen las muestras: Convergencias. Gonzalo Córdoba/Luis Ramírez y Divergencias: Paradigma líquido de Rafael Villares, invitados también a formar parte de esta última etapa del proceso. Quienes estamos familiarizados con las propuestas curatoriales y el trabajo museográfico que se lleva a cabo en Factoría  –no solo en tiempos de Bienal–  reconocemos el empeño por visibilizar los discursos procesuales del arte contemporáneo. Intersecciones tributa a ese deseo, en cierta medida, pero según su curadora Concha Fontenla, “esta vez priorizará el conceptualismo cubano” como metáfora de resistencia.

El público que asista a Intersecciones será recibido por obras de artistas cubanos, algunas de ellas expuestas con anterioridad, como ocurre con: País Deseado (1994) de Antonio Eligio Fernández (Tonel), instalación simbólica de la Cuba de los noventa, reflexión de nuestro kitsch más soberbio y desplazamiento introspectivo a ultranza del ser isleño; o La Ausencia (2011) y Terapia (2019) de Yoan Capote, secuencias referentes a una misma instalación, en la que perchas en forma de isla, son despojadas de toda indumentaria, desplazadas, ante el vacío de un lugar deshabitado. En este primer momento de la exhibición, se genera un diálogo entre obras producidas por los creadores del patio y en las que se percibe a todas luces la comunión de códigos. En un intento por dinamitar el contexto que las ha comprendido, beben de ese reservorio de vivencias arraigadas en la médula de la sociedad cubana.

Otras piezas emplazadas en la planta baja son: Gabriel (2018) de Marco A. Castillo, una instalación compuesta por seis pesas romanas, unidas por una cadena que las equilibra en directa alusión a la precaria estabilidad de una economía que sobrevive en la cuerda floja. Por otra parte, Archivo fosilizado, de la serie Work IN Paper (2018) de Fernando Rodríguez; suerte de láminas realizadas con pulpa de papel prensado extraída de cien ejemplares de la revista Revolución y Cultura, una de las publicaciones culturales más importantes dentro de la intelectualidad cubana luego del triunfo de la Revolución. (…) Indiscutiblemente, tanto los artistas antes mencionados como el resto de los nombres que conforman la nómina de esta primera sección museográfica, han hecho de la retórica su bandera, de la metáfora su válvula de escape, de la heteronomía del signo, el arma para denunciar y concientizar sobre una realidad que, sabiéndose inamovible, simula prosperidad.

Los mexicanos Lucila Aguilar, Andrés Klimek, Sergio Donis y Amor Muñoz, y los cubanos Gustavo Pérez Monzón, Clara Porset, Gonzalo Córdoba y Luis Ramírez, coinciden en la primera planta con poéticas enraizadas en lo artesanal. La funcionalidad, el diseño de mobiliario, la reutilización y resignificación objetual, la colaboración y la preponderancia de los medios de producción, así como las intervenciones a gran escala, son englobados en este segundo nivel expositivo. (…)

Inside Out, cierra el ciclo de esta trayectoria ascendente por las Intersecciones de Factoría Habana. Isabel Moura y Natalia Palombo han curado un proyecto en el que participan Ayọ̀ Akínwándé y Athi-Patra Ruga. Dos artistas que por vez primera exhiben en Latinoamérica y lo hacen con esculturas, videos y fotografías. La presentación del continente africano, territorio multicultural, como el nuestro, en el que subdesarrollo, segregación cultural y prejuicios rigen y subyugan la individualidad del ser humano. (…)

Ciertamente, Factoría Habana se ha propuesto abarcar en el inmenso escenario que la contiene, los microrelatos que han definido al arte cubano más reciente. Y así estar en comunión con el GRAN RELATO que aspira a cimentar la 13ª Bienal de La Habana: “La Construcción de lo Posible”. Por instantes ha logrado interceptar, dialogar, confluir, limar asperezas, compartir, reconstruir lazos, visibilizar y, en alguna medida, cuestionar. Pero pudiera ser que su hilo discursivo y lógico se pierda ante tanta objetualidad despampanante. La monumentalidad y la interacción injustificada nublan su afán de transgresión; aunque considero que Factoría Habana seguirá siendo uno de los sitios de obligada atención dentro del circuito galerístico habanero. Allí, ese gigante de O´Reilly que se ha mantenido en activo  durante diez años, amén de la adversidad, se ha servido y nos ha alimentado de todo lo contradictorio y bueno, que como bien dijera el crítico, ha sido la vida del cubano.

 

[1] Rufo Caballero. Los dioses mandan. En: Agua Bendita. Crítica de arte, 1987-2007. Artecubano Ediciones. La Habana, Cuba, p. 32.

Yudinela Ortega Hernández

Yudinela Ortega Hernández

Matanzas, 1990. Licenciada en Historia del Arte, Facultad de Artes y Letras, Universidad de La Habana, 2013. Curadora y crítica de arte. Actualmente trabaja como profesora de Crítica de Arte en Formación al Cuadrado, una plataforma educativa especializada en artes visuales, en Madrid. Escribe regularmente para revistas de arte nacionales y extranjeras. También realiza y colabora de forma independiente con proyectos curatoriales.

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