Érase una vez en Nunca Jamás

/ 1 junio, 2016

(…) Growing Up in Neverland (Creciendo en Nunca Jamás), curada por David Horta y acogida por la Scarfone/Hartley Gallery de la Universidad de Tampa entre 4 y el 18 de marzo de 2016, es una muestra cuando menos heteróclita, divertida a ratos e imbuida un poco de ese aire un tanto infantil, socarrón por momentos, que desde principios de los años noventa ha caracterizado, casi como un padecimiento, al arte cubano. Si pudiéramos trazar un hilo conductor, este estaría marcado por las socorridas referencias al viaje, las más de las veces sublimado al punto de desterrar de los ojos fascinados del visitante la odisea inherente a las tribulaciones de los que se atreven al estrecho de La Florida por sí mismos.

En este sentido, destacan dos esculturas en bronce de Pedro Pablo Oliva. El gran viaje (2015) es una sombrilla roja devenida bote en la que, como poseídos por un letargo, viajan a la deriva sus tripulantes guiados por El gran abuelo,[i] que busca a toda costa mantener el equilibrio. (…) Como contraste, La gran carroza (2014) pareciera un lindo retruécano de Jonás y la ballena. Solo que en este pasaje son los tripulantes los que logran domar al pez y con ello su propio destino. Goodbye My Love (2012) de Esterio Segura es un detalle de una instalación de arte público exhibida con antelación por el artista (…). Resume el momento agridulce de la separación, trivializada por el acento reluciente del pop y el kitsch enfatizado desde el título. (…) Más centrada en la posibilidad del reencuentro y la reconciliación, 90 Miles (2011) de Sandra Ramos recrea un puente ficcional que procura unir los dos extremos del estrecho de La Florida. La artista parte de fotografías cenitales tomadas durante vuelos entre Miami y La Habana que son integradas en cajas de luces sobre las que camina el público indistintamente de un extremo al otro. (…)

Crecer en Neverland implica –en su sentido antinómico– el destierro de la felicidad prometida por la inocencia infantil y la asunción definitiva de la realidad como única morada. Abordando el enrevesado terreno de la realidad sociopolítica cubana, destacan las obras de Lázaro Saavedra, José Ángel Vincench, Ernesto Leal y Javier Castro.

Software cubano (2012), de Lázaro Saavedra, (…) se apropia las reglas sintácticas propias del lenguaje de programación para exponernos las diferentes disyuntivas y/o alternativas que se desprenden del problema inicial: “Separarse de la común doctrina, creencia o conducta”. (…) La serie Pintura de Acción (2015), de José Ángel Vincench, de la que se incluyen dos pinturas en la muestra, es parte de la evolución lógica de la propuesta de este artista interesado en la abstracción y el silencio y sus intersticios en el arte y la vida política cubana. (…) También incluida en la muestra, su serie El peso de las palabras (2015), aborda prejuicios latentes en la idiosincrasia del cubano y que Vincench resume a partir de vocablos del habla popular que estigmatizan y segregan. Tales son los casos de “Disidente”, “Cherna” o “Pasa” (refiriendo respectivamente a la alteridad política, la homosexualidad o la raza negra). (…)

[i] Este es el título de una serie de Pedro Pablo Oliva dedicada al ex mandatario cubano Fidel Castro.

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