El video como inmediatez de la posteridad

Yoel Díaz Vázquez

/ 1 marzo, 2016

Se graduó en 1997 de la Academia Nacional de Bellas Artes San Alejandro y desde 2005 vive en Berlín. A pesar de haber ganado reconocimiento con un trabajo realizado en La Habana, apenas se conoce allí. Su obra, con una fuerte inspiración en la generación de los ochenta, es un testimonio de apoyo al pensamiento de los ciudadanos a través de la expresión artística, especialmente oral. En ella ha creado un retrato social que explora la espontaneidad de las poéticas urbanas como discurso de resistencia y manifestación de inconformidad.

Yoel Díaz Vázquez (La Habana, 1973) ha exhibido en espacios importantes en Europa, y ha sido invitado a varios eventos de prestigio internacional entre los que destaca la 29 Bienal de Sao Paulo.

Según tengo entendido, acabas de participar en uno de los eventos de arte más importantes de Medellín, Colombia. ¿Cómo fue que te seleccionaron y con qué obra participaste?

Participé en la tercera edición del Encuentro Internacional de Arte MDE15 en esa ciudad, cuyo tema fue Historias Locales, Prácticas Globales. El evento reunió a artistas internacionales con un discurso social muy interesante. Edi Muka, curador de origen albanés radicado en Suecia, seleccionó mi obra después de haberla visto instalada en la bienal de Göteborg, Suecia. La pieza se titula Torre del Ruido, un proyecto para el cual invité a unos 38 raperos cubanos a cantar en la intimidad de sus hogares sus temas más críticos, muchos de los cuales habían sido censurados por ser considerados contestatarios. La obra consiste en una instalación de video, 26 televisores domésticos apilados en forma cóncava y piramidal, funcionando al unísono. En cada uno se muestra el performance a capella de un rapero diferente, lo que trasmite un efecto de cacofonía al espectador. Este proyecto lo comencé en 2005 producido por el Sternesen Museo de Oslo, Noruega, y lo amplié en 2010 gracias a la producción de la Fundación Bienal de Sao Paulo. La primera versión de este trabajo se titulaba Ruido y formó parte de la expo colectiva itinerante Latido, curada por Sandra Sosa y Andrea Sunder Plasman en 2006 para diferentes museos de Noruega. Torre del Ruido fue un intento de reflejar el contexto histórico que se estaba viviendo a partir de los años noventa en Cuba, donde la situación económica se agravó drásticamente y la gente comenzó poco a poco a perder el miedo a expresar sus opiniones más críticas.

Tu trabajo tiene una fuerte implicación con las culturas urbanas. Aparte de Torre del ruido, ¿tienes otros proyectos que exploren este contexto?

He tratado de aproximarme a ese campo de la cultura urbana que abarca lo oral, lo lingüístico y lo performático, incluyendo también cierto activismo social, según el caso. El video, como medio, tiene la cualidad de testimoniar no solo la inmediatez, sino acciones que ganan un valor documental al ser registradas como material visual para la posteridad. Como video-artista me interesa mucho la interrelación del sujeto con lo público y, a su vez, los nuevos espacios generados a través de esta interrelación. Así realicé Cuco (2006), un señor mayor y retirado que desde principios de los noventa solía bailar con estilo muy peculiar, y por unas monedas, frente a una de las tiendas de música en divisas de la populosa y turística calle Obispo. Para mí fue una especie de shock comenzar a ver estos performers callejeros en un país cuyo sistema social promulgaba todo lo contrario. Pero yo no deseaba registrar el baile de Cuco en la calle con una visión turística, sino de colega a colega, en su propia casa. El resultado de este video es provocador, sensible y con muchos niveles de interpretación.

En 2007 realicé un experimento con Osvaldo Acevedo alias Osam Linch, barítono nicaragüense, estudiante de Historia del Arte y residente en Cuba, al cual le pedí que interpretara algún tema de opera clásica, con la peculiaridad de que solo cantara repetidamente la palabra “No” que, además, le da título a la obra. Este performance lo filmé en un espacio privado y en medio del ruidoso y ordinario caos de la Avenida Carlos III. Muchos de los transeúntes disfrutaban del espectáculo como algo burlesco y sublime a la vez. De mi trabajo con la poesía urbana de La Habana nació también Túmbenlo (2010-2015), en colaboración con el joven rapero Alexei alias El Tipo Este, en cuyo tema Calle G demanda el derribo de la estatua de José Miguel Gómez, segundo presidente de la República de Cuba y responsable del linchamiento de los dirigentes del PIC, Partido Independiente de Color. Mi proyecto consiste en una escultura expandida que visualmente sintetiza la arquitectura del complejo monumental donde está la estatua. Se trata de una plataforma sobre la cual diferentes académicos, activistas y artistas, mayoritariamente afrodescendientes, expresarían sus opiniones acerca de temas como la descolonización y la identidad. Entre mis actuales investigaciones se encuentra un video que hice recientemente al rapero colombiano Aka de la Comuna 13, en Medellín. Aka es líder fundador de un programa comunitario llamado “Casa de las Estrategias” dedicado, entre otras cosas, al agro-arte. Un proyecto que mediante la siembra de plantas frutales y ornamentales ayuda a darle vida a aquellas zonas de mayor pobreza y conflictos de violencia en la ciudad.

Desde hace tiempo vives y trabajas en Berlín, ese gran laboratorio de arte de Europa. Además, has expuesto en lugares emblemáticos como NGBK o Bethanien ¿Cuál ha sido tu experiencia como emigrante y como artista? ¿Cómo ha reaccionado el público ante tu obra?

Como artista de la diáspora cubana en Alemania me siento enriquecido con la experiencia que esta vida me ha aportado. Desarrollé un nuevo tipo de sensibilidad al encontrarme con la multiculturalidad de una de las ciudades más efervescentes de Europa y que, aparentemente, no te hace sentir extranjero. Ha sido significativo desligarme un poco del contexto insular y adentrarme en esas realidades que traemos a cuesta emigrantes de tantas partes del mundo que coinciden y se cruzan en esta ciudad que nos “acoge“. Además, hay aquí cierta curiosidad por conocer las poéticas de artistas latinoamericanos. Pienso que nuestra sensibilidad es muy peculiar a la hora de interesarnos por el sujeto. Desde este punto de vista el público alemán es muy receptivo. El escenario doméstico en muchos de mis videos y las acciones de los sujetos, a pesar de referirse a un contexto social y local determinado, son situaciones que ocurren visualmente en lugares no específicos. Esa ausencia de color local abre un poco más el espectro de mi narrativa. Por este motivo, creo que mis obras han tenido siempre una buena acogida.

En 2010, motivado por la seriedad y activismo del hip hop local de Berlín, realicé en Radial System el performance Unruhe (Perturbación), donde le pedí a dos raperos alemanes, de origen turco e iraní respectivamente, intervenir en la sala donde yo proyectaba videos de sus espacios privados y cantar a capella y al unísono algunos de sus temas. Como bien tú decías, mi participación en espacios emblemáticos como NGBK, en el que tuve la suerte de exhibir dos veces, me ayudó a definir mi responsabilidad social como artista. Continuando esa praxis interesada en documentar el activismo social desde la perspectiva artística del sujeto, realicé en 2012 Spricht Deustch oder Stirb (Habla alemán o muere). El protagonista es un joven gay, actor y sordomudo, nacido en Alemania, pero de origen turco y líder activo de la comunidad de sordomudos de Berlín. Mi intención era establecer un paralelo entre las poéticas existenciales de quien tiene la imposibilidad física de hablar y las dificultades comunes del emigrante en expresarse correctamente en el idioma del país, como parámetro básico, en ambos casos, para ser aceptados seriamente por la sociedad en la que vive. Y en 2014 estuve en el proyecto curatorial BEBOP: Spiritual Revolutions and The “Scramble for Africa” Black Diaspora, dirigido por la escritora y curadora Alanna Lockward y presentado en el Grüner Salon del Volksbühne. Fue aquí donde presenté por primera vez Túmbenlo.

Como planes futuros tengo especialmente dos trabajos muy influenciados por el contexto socio político de Berlín. El primero, Árbol de Napuli, está inspirado en esa valiente acción de la activista de Sudan Napuli Langa que tomó un árbol en Oranienzplatz como plataforma para exigir con su huelga de hambre sus derechos como refugiada política. La otra obra en proceso estará dedicada a los cuenteros de ciudades multiculturales como Berlín, y para ella trabajaré con profesionales y no profesionales de la narración oral, con el asesoramiento y participación del escritor y narrador cubano radicado en Madrid, Francisco Garzón Céspedes, director de la Cátedra Itinerante de Narración Oral.

Berlín, 23.12 y 2015

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