El paso por la vida. Notas a la obra de Raúl Corrales

/ 23 julio, 2019

Tiene la calle O´Reilly una célebre tradición de fotógrafos, fotógrafas e inmuebles dedicados a la fotografía desde los años 40 del siglo XIX. Establecimientos, galerías fotográficas, estudios, laboratorios de daguerrotipos, tiendas de efectos fotográficos, colmaron esa vía habanera. Viajeros, emigrantes, aventureros, artistas, comerciantes, atrapados todos por la fantástica invención de Daguerre, asentaron sus firmas en un camino que mereció el sobrenombre de la calle de los fotógrafos. (…)

Ofreciendo continuidad a esta tradición, abre sus puertas hoy en O´Reilly número 524, planta baja, la Galería Raúl Corrales, nombre ineludible del arte fotográfico en Cuba. El pasado 29 de enero, día conmemorativo de su nacimiento, se inauguró el espacio con una muestra homenaje. Una amplia selección de su obra, festejó un recorrido por más de 50 años de labor fotográfica.

Sitio éste bienaventurado, llevado por la más joven de sus herederos, destina sus blancas salas a estimular el intercambio y no permitir la siembra del olvido, la dependencia al dogma. “Materializar el deseo de Corrales de que existiese en Cuba un lugar de encuentro y diálogo abierto, en que los fotógrafos, incluyendo los más jóvenes y las generaciones venideras, tengan donde exponer, imprimir, discutir sus trabajos de forma constructiva, profesional y amistosa”, reza entre sus principales propósitos.

Galería fotográfica de comienzo privado que aspira a ensanchar disposiciones y recepción. Carácter multiplicador emprende el proyecto al reservar un ala del inmueble para eventos, talleres, proyecciones o conferencias. Da paso al visitante, justo en la antecámara, grandiosas impresiones de quien fuera uno de los más profundos artífices de su época y de la memoria visual del país: Raúl Corral, conocido bajo la firma de Corrales.

Poco referiré a sus tiempos de formación, a su paso por la prensa y las agencias de información antes del triunfo del Ejército Rebelde, a ser parte de la instauración de la nueva prensa en el 59, estar en el selecto grupo de fotógrafos de cabecera de Fidel Castro, y pertenecer a la nombrada edad de oro del fotoperiodismo cubano (1959-1965). Tampoco me detendré en deshojar categorías academicistas por etapas y fechas. Es bien conocida la historia de este hombre, llamado con justica Maestro y primer fotógrafo Premio Nacional de Artes Plásticas (1996), cuando la fotografía ni por asomo aplicaba a tales jerarquías. Hablaré desde su obra, desde la riqueza absoluta de una vida, de un país, de un fragmento de historia humana, traducidas en imágenes.

(…) Varios elementos diferencian su obra. Cuando es mirado en relación a sus contemporáneos, saltan en su fotografía detalles que hacen personalísima su mirada. Detalles no solo estéticos –lo relativo a composición, encuadres, manejo de la luz, privilegio del objetivo fotográfico clásico y centrado–, también en la manera de asumir los temas comunes, en la combinación enriquecida de mensaje y contenido gráfico, el énfasis claro en la intencionalidad discursiva y la sutil belleza de proporcionar el objetivo.

(…) Mientras otros miraban estructuras y dinámicas de sujetos en planos generales, Corrales se detenía más en detalles y en el énfasis del diálogo sincrónico entre los objetivos retratos. No es que este fotógrafo no gustara de captar los grandes escenarios o no tomara imágenes de amplios planos. La condicionante histórica lo requirió en todos los oficiantes de la fotodocumentalística del momento. (…) Pero son los encuadres cerrados, la captura de fecundos detalles, quienes proyectan otra fuerza caracterizadora en la inmensa obra de Corrales.

(…) Humanismo profundo el de su poética. La mirada hacia el sujeto común siempre estuvo desarropada de artilugios, fértil en compromiso y honestidad. Ya fuere de los sectores sociales más precarios, como en el hondo campo o los habitantes de la Ciénaga, los individuos cercanos en convivencia, aquellos de la comunidad pesquera de Cojímar donde habitó gran parte de su vida, hasta los rostros de notables figuras de la política y la cultura artística, la visión se comportó directa, explícita en intenciones, sin elocuencias cíclicas y, sobre todo, no desatendiendo la belleza.

Figuraciones concebidas desde el más cuidado control de la luz y el lenguaje composicional, que habla de un fotógrafo genuino en la manera de asumir al modelo. Obras que presentan el rostro del campesinado (Stinson, 1950), de los milicianos (Malagón, 1960), los niños (Anselmo y el niño, 1950; Beuty rest, 1948), los pescadores, hasta la serie del escritor norteamericano Ernest Hemingway en los años 50; obras distanciadas de la réplica colectiva que acuden a una legítima toma de partido no solo fotográfica.

Grethel Morell Otero

Historiadora de la fotografía cubana, curadora y crítica de arte. Dos veces Premio de Investigación Fotográfica (Fototeca de Cuba, 2009 y UNEAC, 2010). Publica en importantes revistas culturales cubanas y en numerosos sitios web especializados. Autora del libro Damas, esfinges y mambisas. Mujeres en la fotografía cubana 1840-1902 (Ediciones Boloña, 2016). Premio Nacional de Crítica de Arte Guy Pérez Cisneros (2016).

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