Donde reposa su mirada

La idea del espacio en la obra de Osvaldo González

/ 1 septiembre, 2016

El pasado mes de mayo la Galería Servando inauguró una exposición de pintura del artista Osvaldo González bajo el título de Autofagia. Compuesta por un conjunto de ocho óleos sobre lienzo, de diferentes formatos, la muestra discursaba en torno a una de las temáticas fundamentales de su obra: el espacio y los objetos asociados a este. En comparación con las series anteriores del artista, esta sin dudas resulta mucho más sobria y contenida, a la vez que revela el tránsito hacia una etapa de madurez superior. Como resultado de diez años en el medio pictórico, el artista ha hecho una especie de pausa para asimilar todo lo aprendido y retroalimentarse de su propia obra, de ahí su título.

A mi juicio, para comprender el trabajo actual de Osvaldo González es preciso recordar su práctica instalativa, que ha desarrollado a la par de la pintura desde su graduación en el Instituto Superior de Arte (ISA) en el 2006. Es con las instalaciones que comienza su interés y experimentación con el espacio y el objeto, a partir de las relaciones que va estableciendo con estos en su cotidianidad. Ellos se convierten en el punto de partida para crear una nueva realidad que en este caso requiere de un proceso de cierta elaboración meticulosa y artesanal al construirse fundamentalmente con materiales como cartón, precinta y luces. El resultado no reproduce el entorno, sino que lo recrea poéticamente.

(…) Esta obsesión por extraer el máximo de los espacios y objetos con los que interactúa se convierte en un campo de experimentación que le resulta totalmente factible para su obra pictórica. Las escenas de interiores que en un principio son extraídas de revistas son el pretexto para fragmentar, recomponer, experimentar con la composición, el color, la luz. Las áreas se expanden porque una puerta entreabierta permite advertir la zona de atrás; o una perspectiva en particular nos remite a una imagen que está más cerca de la memoria visual que de la realidad en sí misma. La superficie del cuadro es cubierta por cada detalle; a Osvaldo le interesa aprovechar la participación de los objetos, así como crear efectos desde la propia construcción de la pieza, confiriéndole cierta teatralidad a la escena.

Pero en efecto, Autofagia nos habla de una evolución en su pintura. La idea del espacio se ha ido sintetizando y ha ido ganando en autonomía al despojarse de todo lo accesorio. Si en otro momento los interiores aludían a zonas más abiertas y reconocibles, en este caso ellos llegan a un mayor nivel de fragmentación a la vez más conciso, y resultan en esencia geométricos, como si se tratara solo de un detalle. A nivel indagativo esto le permite adentrarse en uno de los tópicos que más le seducen desde el propio acto pictórico: el carácter de la pintura abstracta en sí misma.

En esta serie el espacio ostenta un carácter autorreferencial y adquiere la categoría de lugar, no es un sitio común, es su entorno doméstico y el taller de artistas amigos con los que interactúa cotidianamente. Los interiores que ha incorporado en su inconsciente son aquellos con los que ha establecido un vínculo afectivo. Estos son los resortes que condicionan la aparición de esos fragmentos que para nosotros resultan desconocidos, pues han pasado por el prisma de la interpretación. El artista no los reproduce, los interpreta; los vive y percibe una y otra vez hasta que es un encuadre específico, un detalle, una vista lo que nos devuelve. (…)

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