Diálogos constructivistas en la Vanguardia Cubana

Historias no contadas

/ 1 septiembre, 2016

A María Elena Jubrías, por la secreta inspiración y el no siempre fácil amor mutuo

En años recientes la obra de los artistas que crearon en Cuba, en particular los que trabajaron dentro de las fronteras del arte abstracto después de la Segunda Guerra Mundial, ha sido el centro de amplia atención internacional. Para muchos esta observación llega como sorpresa, especialmente cuando este arte parece opuesto a la obra de otros miembros de la Vanguardia Cubana, interesados en la figuración, y pictóricamente inclinados en construir teniendo como base primaria los ideales de la identidad nacional.

Pueden haber varias razones para este reciente incremento en visibilidad pero, indiscutiblemente, el escrutinio a que ha estado sometido el arte latinoamericano –la investigación y el estudio de historiadores y curadores de arte– es un factor a tener en cuenta. Consecuentemente, los esfuerzos de estos especialistas han encontrado un dinámico eco receptivo en colecciones privadas que, por su fuerza, han ayudado a mover la producción de esos artistas abstractos a la primera línea, ubicándolos en exposiciones en museos y galerías que van de La Habana y Miami a Londres y Nueva York.

Un espacio relevante como Galerie Lelong ha añadido recientemente interés y notoriedad en el tópico, con la exposición Diálogos Constructivistas en la Vanguardia Cubana: Amelia Peláez, Loló Soldevilla y Zilia Sánchez (Abril 28 – Junio 25, 2016), cuya curadora consultante fue Ms. Ingrid W. Elliott. La muestra estuvo acompañada por un catálogo bien concebido e ilustrado que presenta un ensayo de la curadora, titulado Between the Real and the Invisible (Entre lo real y lo invisible).

La exposición ha sido realizada usando trabajos de diversos géneros y técnicas, desde obras sobre papel, dibujos y cerámicas de Amelia Peláez (1896-1968), collages y esculturas de Loló Soldevilla (1901-1971) y Zilia Sánchez (n. 1926), así como pinturas de las tres artistas. Prestando igual atención a cada artista, las treinta y una piezas estuvieron acompañadas por una selección de materiales efímeros, como catálogos de exposiciones y fotografías. Incluyó además un film aficionado en colores de La Habana a fines de los años cuarenta, realizado por el historiador del arte de origen cubano, curador y director del Museum of American States, José Gómez Sicre (1916-1991). La exhibición del fi lm podría ser considerada homenaje al centenario de Gómez Sicre.

En su ensayo para el catálogo, Ms. Elliot arroja con éxito luz sobre las conexiones intelectuales entre las obras de estas tres amazonas pintoras cubanas. La autora articula orgánicamente la relación del trabajo de Amelia y Loló, y destaca cómo Sánchez retoma el legado pictórico de sus predecesoras, señalando con claridad lo que las une y separa. Sin embargo, no logra describir la complejidad del trasfondo sobre el que estas artistas estaban trabajando en la Isla, y le falta sustancia a su investigación histórica.

Esos Diálogos Constructivistas en que la exposición de la Galería Lelong se centra comenzaron mucho antes de los años cincuenta, marco temporal elegido por la curadora, y esos tempranos intercambios construyeron la base que conecta la conversación pictórica entre Peláez, Soldevilla y Sánchez. A lo largo del camino, el trabajo de muchos artistas que son fundamentales en el desarrollo de la abstracción en Cuba ha caído en el olvido; hoy solo un puñado de ellos ha sido “re-descubierto” internacionalmente por las corrientes de interés actuales. (…)

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