Deslealtades con el dibujo

/ 1 junio, 2016

(…) Line up ha sido una muestra pretenciosa. Hasta cierto punto. Al menos en su concepción. Propuesta con un doble rasero: hacernos pensar y mover voluntades que cavilan día a día, con regularidad, el ejercicio del coleccionismo.

Armada con un título en inglés y una suerte de subtítulo en español –Exposición colectiva de dibujo– para así aproximar la idea (curatorial) a la idea que, como potenciales espectadores, podíamos hacernos de modo anticipado y que olía nominalmente a un proyecto de otro tipo. Sí, un híbrido nominal, pues no bastaba quizás con tan solo el inglés, que aunque directo, sintético, podíamos asociar más a otra propuesta artística y no tanto a un encuentro discursivo de maestros, consagrados y discípulos amantes de la línea y el dibujo, según queda más o menos enunciado en el catálogo impreso para la ocasión. (…)

Por otra parte, en ese título creo constatar un fin metafórico en su sentido de alineación, algo así como la siguiente proposición: este es un conjunto de dibujantes –con más exactitud, un grupo de originales– que ahora mismo proponemos como (buen) ejemplo de… Desde mi caso: del dibujo como arte, como expresión provisional o definitiva, como estrategia de mercado, como soporte de conceptos y fines de épocas dispares. Porque tal operatoria expresiva –me refiero al dibujo– nunca sería igual en los dos grandes núcleos de artistas que han configurado la esencia de Line up. Entiéndase, en el orden del destino final: la posible venta.

Antes, en tiempos de Ponce, Víctor Manuel, Mariano o Lam, dibujar debió tener varios sentidos, en dependencia de los períodos y contextos, las bonanzas y oportunidades de algunos de nuestros artistas del ayer que, por cierto, “cedieron” originales de este tipo para (importantes) colecciones en transacciones “altas” o aceptables. Acciones que le otorgaron ciertos y circunstanciales alivios. Ellos, que en aquella época eran apenas dibujantes ocasionales o definidos o convencidos porque vivían solo para la pintura –y apenas de ella, insisto–, al menos de modo mental. Porque pintores eran por encima de todo. Deseaban serlo, consagrarse para siempre así. Pero dibujaron, sí, y mucho; y lo más notorio: a veces algunos de sus dibujos definen mejores etapas artísticas individuales y/o colectivas. Visto desde nuestro presente, antes la práctica de dibujar, incluso como estrategia extra artística, no era tan inamovible. Dejemos la abstracción temporal: me estoy refiriendo sobre todo a los años 30, 40, 50 del siglo xx, guiándome a ciegas por los “estilos” de los dibujos, algunos sin fecha, de nuestros consagrados en Line up. Dibujar era un intermedio. Podía ser una confesión. Un tránsito o apunte que a la tela debía ser llevada. Era vital. Cada artista de entonces era un universo particular. ¿Lo más curioso? Que, en esta ínsula, modernistas o académicos posiblemente no disfrutaron tanto los resultados extra-artísticos, a la manera de los dibujantes del pasado que hicieron humor gráfico, publicidad… sobre todo para la prensa del ayer. En las revistas y los periódicos del país estaba el éxito que modernistas y académicos buscaban a través de galerías, exposiciones, coleccionistas, encargos. Entonces, ciertos y algunos dibujantes de prensa vivían (muy bien) de su trabajo. Hacían arte, también su arte, aunque estuviese hermanado visualmente con la promoción de un perfume, un producto doméstico o la línea editorial o las inquietudes políticas de una redacción-administración-empresa periodística. Ellos, estos otros dibujantes –ni académicos ni modernistas: dibujantes del limbo– hicieron una obra que peca hoy solo por un detalle: es casi en esencia una obra seriada, una obra de la cual también existen originales, pero no tan valorizados. Ellos no pueden competir –algo que no ocurriría en muchísimo tiempo– en el orden extra-artístico con las firmas que más atraen –¿solo a veces? – a causa de los dígitos que las respaldan. Sin embargo, la competencia sí es posible –¡y cuán diferente sería! – en el rango artístico.

En Line up, por supuesto, estaban representados artistas vivos de nuestro tiempo inmediato, quienes también han disfrutado etapas de lo que entraña dibujar (hoy) como hábito, práctica, necesidad o ley artística. ¿O acaso alternativa?, ¿estrategia discursiva?, ¿delimitación territorial? Y todavía más: como motivación, ¿qué es en la actualidad el acto de dibujar? Placer y algo más… Cada pieza de las exhibidas encierra su propia respuesta. Casi única. Personalizada. Casi uniforme. (…)

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