Cubismo en La Habana

/ 2 junio, 2015

(…) No fue hasta el Salón de Bellas Artes de 1918 que finalmente se tuvo una idea de lo que podía ser (…) el tan llevado y traído futurismo del que por lo general se hablaba combinándolo con el cubismo.

Ese salón era el tercero y se celebraba en circunstancias muy favorables para el país. Eran los inicios de las “vacas gordas” y a la Isla llegaban muchos artistas atraídos por la floreciente situación económica, muchos de los cuales fueron invitados a participar en el evento. Uno de ellos fue el norteamericano Curtis Moffat, nombrado en Social “Moffat, el cubista”,1 quien con el tiempo alcanzaría un lugar excepcional dentro de la historia de la fotografía contemporánea pero que para la fecha de su presencia en Cuba estaba en los prolegómenos de su carrera como pintor. Nacido en Brooklyn, había realizado sus primeros estudios de pintura en Nueva York, continuándolos entre 1913 y 1914 en la Escuela de Bellas Artes de París. Para 1916, fecha de su primera exposición en Nueva York, experimentaba con el cubismo y a esa etapa pertenecía la obra que trajo a Cuba y expuso en el mencionado Salón.

Considerado uno de los artistas más creativos del arte norteamericano de los primeros decenios del siglo xx, su obra fotográfica fue incluida en la famosa exposición Photography 1839-1937 realizada por el MoMA, y gran parte de su archivo fotográfico se encuentra preservado en The Victoria and Albert Museum de Londres. Si bien sus mayores contribuciones se encuentran en el ámbito de la fotografía, también fue talentoso pintor, promotor del diseño modernista en los muebles y un coleccionista de objetos chinos y africanos.

Este fue el personaje que, justo cuando despuntaba como artista, estuvo en La Habana, y de cuya estancia lamentablemente tan poco se sabe. Las obras que expuso en el Salón fueron identificadas en el catálogo con los siguientes títulos: Paisaje y figuras, Proyecto decorativo y Entierro, de las que no se ofrecieron detalles a diferencia de la nombrada así: Camposanto, a la que se le colocó el apéndice de“(Futurista)”. Desde luego, con esta información muy poco se puede especular respecto a las cualidades y valores de la pintura que Moffat exhibió en la Isla, amén de la confusión creada al consignarse una de ellas como futurista mientras los comentarios sobre sus trabajos en la prensa insistían en el carácter cubista.

(…) Lamentablemente, no se tiene la menor idea de cómo eran esas pinturas de Moffat, pero la santa palabra de Barros debe haber cerrado un tema de discusión entre los cubanos que ni siquiera se llegó a abrir. Cuando dijo “Corred un velo de olvido sobre esos cuadros del señor Curtiss [sic] Moffat” eso fue lo que ocurrió. De hecho, existe un vacío total sobre ese tema que no volvió a ser mencionado en la historia de los salones de Bellas Artes. Si alguien tuvo la intención de mirar con mejores ojos las propuestas de Moffat, debe haberse llamado a capítulo, dispuesto a seguir las orientaciones del escritor que recomendó a todos: “Buscad espiritualidad, nobleza y donosura estética en los otros lienzos del Salón.” 2

De cualquier manera, fue esta la primera vez que hubo un testimonio visual de la pintura moderna en Cuba.

  1. En Social, enero de 1918, p. 25.
  2. Barros, Bernardo G.: «El Salón de 1918», Revista de Bellas Artes, enero-marzo de 1918.

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