Batallón rumbo a ninguna parte

/ 1 junio, 2016

Alejandro Gómez Cangas (Villa Clara, 1986) gusta de concretar conceptos abstractos en sus lienzos, el artista conoce que abstracción y figuración, hiperrealidad y ficción o multitud e individuo, son dualidades difusas, que existen precisamente para quebrar sus fronteras; es por ello que su obra ha evolucionado hacia la ambigüedad semántica, trazando nuevos límites de lo que entendemos por sujeto social.

Primeramente, llama la atención cómo el artista realiza una investigación antropológica mediante la documentación fotográfica, la cual luego será el punto de partida para las grandes aglomeraciones de personas que yacen en sus piezas; sujetos marchando hacia un rumbo desconocido como parte de una infantería que sostiene su meta en el propio camino trazado. Después seduce la primicia conceptual que yace en el carácter denotativo de sus Concreciones y Composiciones, y finalmente llega el naturalismo de la imagen, heredero de la mejor tradición pictórica y parte de un proceso donde examinar multitudes deviene no solo en un corpus considerable sino también en una obsesión personal.

Desde finales de su etapa académica, Cangas asimiló el panorama circundante, un indicio tal vez de su precoz conciencia social, y se dedicó a traducirlo en una obra que hasta la fecha muestra positivos síntomas de evolución. Si bien su operatoria focaliza al individuo en el contexto cotidiano, donde la masa se convierte en procesión anónima y metáfora descarnada de la frustración de todo un pueblo; dichos conjuntos de autómatas han experimentado ostensibles variaciones en sus obras. En un primer momento esas multitudes aparecían desdibujadas, casi lejanas, perdiéndose en la no-identidad común y paulatinamente han ido personalizándose hasta llegar al concepto que hoy conocemos; una marcha que remeda la infantería de un ejército innombrable, con un realismo y una actualidad apabullantes.

En ese camino las piezas advierten el dolor, la depauperación y el trauma general, pero también particularizan en la psicología de los personajes. El artista se detiene en sus rostros y escudriña lo peculiar o anodino de la gestualidad, hecho que lo llevará necesariamente al retrato en determinados trabajos. (…)

Hacia dónde vamos y de dónde venimos son dos preguntas harto conocidas que aparentemente no encontrarían respuesta en la obra de Alejandro Gómez Cangas. Ha dejado de ser un secreto que la creación más reciente niega el pasado en la intención de ser violenta, desestructuradora y exquisita, al tiempo que se asienta en la promesa de futuridad. Resulta peculiar encontrarnos con una propuesta que articula sus marcos temporales en torno al presente, pero no solo se trata del “ahora” que vivenciamos, sino del presente como postergación temporal, enraizado a los preceptos de un pasado que abarca todas las esferas de lo cotidiano. El futuro, entonces, simboliza la espera, la añoranza por lo desconocido o la esperanza de algún cambio para estos seres que van rumbo a ninguna parte. De esta manera, la obra del joven artista resulta prospectiva; solo así esos cuestionamientos existenciales obtienen respuesta.

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