Alejandro Aguilera

Entre la nostalgia esculpida y la rebeldía del trazo

/ 1 junio, 2016

“Sin la contaminación del recuerdo” –inevitablemente contaminado–, se erigen reconstrucciones de una obra y un artista “fugados de cierta historia”[1] que persisten ante la idea del olvido. Esas memorias inconexas habitan en gran parte de los creadores cubanos de la generación del ochenta del pasado siglo, sobre todo en aquellos que emigraron casi completamente, desechando la opción del reencuentro. Pero otra vez las circunstancias nos sorprenden y terminamos a salvo cuando intentamos salvarlas a ellas, como sentenciara Ortega y Gasset. Aun por oposición, las referencias al contexto cubano, su política, sociedad y los componentes de su cultura, no se desprenden tan fácilmente de los remanentes autorreferenciales que el artista termina por imprimirle a su trabajo. Y entonces descubrimos que detrás de la aparente tregua hay toda una añoranza productiva tendiente a la rebeldía.

Alejandro Aguilera (Holguín, Cuba, 1964) formó parte de esa gran oleada de artistas que trasladaron su vida y carrera fuera de los límites geográficos de la Isla cuando “simular (es) ya no era un juego tan esplendoroso”[2] y verificar la realidad desalentaba la acción espontánea.

(…) Como la mayoría de los artistas de esa generación, Aguilera desarrolló un tipo de obra consustancial: con tratamientos plásticos de una crudeza formal, en ocasiones, hiriente. Se graduó en la especialidad de Escultura en el Instituto Superior de Arte (ISA), en el año 1989, y sobre esta experiencia produjo obras tridimensionales con carácter instalativo, generalmente producidas en madera aunque integraba todo aquello que le resultase conveniente al discurso. Estos trabajos, además de cuestionar y forzar los límites del propio medio en su aparente tradicionalismo, problematizaron sobre los procesos de idealización de personalidades históricas y expresiones religiosas (…)

Desde hace poco más de una década trabaja en una serie llamada Black drawings, compuesta por decenas de papeles con cientos de garabatos e imágenes mentales, que en un principio el artista consideró como una “forma de liberar energías en un nuevo espacio (soporte) o como un ejercicio bastante grande de autoayuda”. La presencia del color no los hace “menos negros”, el turbulento movimiento que describen sus líneas recuerda el expresionismo de De Kooning, y la superposición de historias, retratos y elementos freudianos no solo citan los episodios de un surrealismo europeo sino también los elementos de un presente que intentan reconstruir los presagios de un pasado. El artista dedica sus dibujos a intelectuales y creadores del ámbito global, con los que se siente identificado, y los interpreta de manera personalizada, consecuente con algunos vestigios del estilo artístico que los caracteriza pero con el sello Aguilera.

(…) Recientemente, se encuentra trabajando en un conjunto de dibujos que parten del lenguaje de la caricatura periodística, lo cual le permite realizar comentarios críticos más inmediatos y directos. Del 25 de febrero al 8 de abril del presente año realizó la exposición personal Seriously Funny: Political Cartoons and Illustrations, en Swan Coach House Gallery, en la que mostró ochenta y tres dibujos que a menudo refieren el absurdo sobre la vida moderna y más, en publicaciones que van desde The New Yorker hasta Mad Magazine. Tratan acerca de los matrimonios gay, la guerra islámica, la campaña política de Donald Trump, la postura que ha asumido Cuba ante la visita de Obama, la migración cubana, y otros temas de índole más general como son: los límites e incapacidades humanas, la virtualidad y la sobrevaloración en las relaciones sociales, la violencia, el racismo, las persistentes diferencias de clases, las hegemonías, la libertad… (…)

[1] Estas frases han sido tomadas de conversaciones con el artista mediante correo electrónico, cuando se resistía a volver sobre el pasado.

[2]Sánchez, Osvaldo. “Utopía bajo el volcán. La vanguardia cubana en México.” En: Antología de textos críticos: El Nuevo Arte Cubano. Compilación: Magaly Espinosa y Kevin Power. Perceval Press, California, 2006, p. 63.

Claudia Taboada Churchman

Claudia Taboada Churchman

La Habana, 1990. Crítica de arte y curadora para la Galería Villa Manuela. Textos suyos pueden consultarse en catálogos de exposiciones y en publicaciones como la revista Artecubano, Revolución y Cultura, La Jiribilla, el tabloide Noticias Artecubano y los sitios web Habana Patrimonial y Habana Cultural. Recientemente uno de sus proyectos curatoriales fue premiado con la Beca de Curaduría que otorga el Centro de Desarrollo de las Artes Visuales.

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