A propósito del ciudadano habanero de Walker Evans, 1933

/ 1 diciembre, 2018

En una mañana primaveral de 1933, Walker Evans (1903-1975), recorrió las calles de La Habana cámara en mano, “vistiendo un traje ligero, un sombrero de pajilla y unos lentes redondos”. Alrededor del mediodía, según puede colegirse por la iluminación de la foto, disparó una de las más icónicas fotografías de ésta, su breve visita: Ciudadano habanero, cuya génesis e iconografía, me gustaría explorar en el presente trabajo.

Walker Evans adquirió el marco teórico necesario para perfilar su futura visión fotográfica en el Paris de 1926-1927, leyendo literatura francesa, principalmente a Charles Baudelaire (…); se sintió cautivado definitivamente por la fotografía en la ciudad de Nueva York de los años 1928 al 1932 y maduró el oficio en la visita de trabajo (…) de sólo tres semanas (…) a La Habana. A principios de 1933, había aceptado una oferta de la compañía publicitaria J.B. Lippincott para fotografiar la vida en Cuba bajo la dictadura del Presidente Gerardo Machado. Las fotos debían formar parte de un libro polémico titulado The Crime of Cuba (“El Crimen de Cuba”), del periodista de izquierda Carleton Beals. (…)

Evans había aceptado la propuesta de Lippincott, pero bajo sus propios términos. Desde el principio había dejado bien clara su intención: “Yo no estoy ilustrando un libro. Yo simplemente quiero ir allá para tirar algunas fotografías, pero no me digan lo que tengo que hacer”. Lo más cerca que estuvo de mostrar la violencia en las calles bajo la dictadura machadista consistió en apropiarse de algunas fotos de archivos de periódicos de la época para incluirlas en la selección final que hizo para el libro. El trabajo propiamente suyo en La Habana consistió en retratos, como el que hizo al periodista cubano José Antonio Fernández de Castro (1887-1951), uno de sus principales contactos en La Habana; retrato ampliamente difundido, pero pocas veces identificado. También fotografió paisajes urbanos, a veces sólo un letrero en una pared y unos pocos paisajes rurales, pero sobre todo a la gente en las calles, como la foto del Ciudadano habanero. (…) En total tomó alrededor de 400 fotografías, de las que escogió solamente 31, que él mismo organizó para su inclusión en el libro de Beals.

Evans estaba plenamente consciente de que había arribado a Cuba en un momento de luchas políticas y violencia callejera (…)

Como era usual en aquella etapa de su carrera profesional, Evans era dado a caminar, a deambular (…) y a tomar, de cada escenario que se encontraba, múltiples fotos. En una ocasión (…) cuando caminaba por una de las arcadas del centro de la ciudad (Centro Habana) (…) se unió a la muchedumbre (…) impregnándose con las vistas, los sonidos, los olores… Allí fue donde tiró la foto de nuestro tema Ciudadano habanero, que es un temprano ejemplo del sigilo y la perspicacia con que Evans atrapaba en un instante las actitudes, el encuadre, la luz.

La imagen de este ciudadano afro-cubano proyecta su fuerte presencia no sólo debido a su clásica postura a “contrapposto”, sino también al dramático contraste entre el blanco y el negro de su traje y su piel, lo impecable de su vestimenta que llega hasta sus brillosos zapatos acabados de lustrar y la íntima y sin embargo distante presencia del individuo que está dirigiendo su mirada intensa y desconfiadamente en dirección al fotógrafo, pero no a él directamente. Este casi cruce de miradas entre el sujeto y Evans crea una cierta tensión psicológica que constituye uno de los aspectos más cautivantes de la imagen que se nos brinda.

(…) El Ciudadano habanero nos ofrece una convincente composición, un rol protagónico para los marginados afrocubanos y una impactante imagen de la vida en las calles de La Habana en la década de los años treinta del siglo veinte. En el contexto del trabajo de Evans, el Ciudadano habanero, así como todo su trabajo en Cuba, contiene ya muchos de los propósitos que él se proponía lograr en su exploración fotográfica de la ciudad moderna. Más aún, la experiencia cubana incentivó significativamente su espontáneo, frio y libre de lirismo estilo documental. A lo anterior debe añadirse que su estilo documental neutral no carece, sin embargo, de un punto de vista, que en el caso de las fotos cubanas va desde la crítica social hasta la sensualidad. El breve período de Evans en Cuba sentó las bases del estilo y el contenido de sus más conocidos e influyentes trabajos posteriores.

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