A propósito de los recientes dibujos de Roberto Fabelo

/ 19 julio, 2014

(…) Roberto Fabelo (Guáimaro, 1951) parece haber venido al mundo con un lápiz en la mano, en lugar del socorrido pan bajo el brazo. Formado en la Escuela Nacional de Arte (ENA), continuo sus estudios en el Instituto Superior de Arte (ISA), donde después de graduado ejerció varios años como profesor. Fue allí donde lo conocí y de donde vienen mis primeros recuerdos de su pasión por el dibujo. (…) Fue la pieza titulada Fragmentos vitales que Roberto Fabelo expuso en la bienal de 1984, pegada como quiera a la pared, sin cristal, la que definitivamente provoco mi apasionamiento por el dibujo contemporáneo y me hizo comprender toda la poesía que podían encerrar unos trazos de carboncillo sobre el humilde y modesto papel de envolver. Una pieza que había sido creada en el ISA, cuando el entonces joven profesor se topó una noche de aburrimiento con unos creyones gruesos de marcar cristal en una gaveta y una pica de papel kraft, a la que le rasgo un pedazo cuyo corte irregular le daría un nuevo sentido a su trabajo.

Así, sobre una mesa de superficie rugosa, siguiendo el perfil de la hoja de papel, surgieron los Fragmentos vitales que sorprenderían a todos los que por entonces tuvimos el privilegio de verlos. Algún día se le reconocerá a esa pieza su valor dentro de la Historia del Arte cubano. Porque hasta entonces ningún otro artista del país había transgredido de tal forma una obra plana. (…)

Ha pasado mucho tiempo. Hace apenas unos días me he topado con los más recientes dibujos hechos por Fabelo, ante los que he quedado de nuevo conmovida, esta vez por la capacidad para extraerle al peculiar soporte cualidades expresivas de hondo sentido poético, imprimiéndole una delicada y refinada belleza a esos pequeños y envejecidos papeles. Mientras observaba esos dibujos realizados sobre las hojas entresacadas de un viejo libro de Anatomía, un método que me remitía a la práctica que había iniciado en Fragmentos Vitales, pensaba en cuanto de inspiración aparentemente azarosa hay en la labor de un creador cuando trabaja con un lápiz en la mano. Esa gestualidad, en combinación con una personal sensibilidad, le ha agudizado a Fabelo la capacidad de observación, permitiéndole dar rienda suelta a la imaginación y a su especial inteligencia visual. Hace poco me comentaba: “Eso que tu llamas poesía es una atracción que tienen algunos soportes, que tienen una memoria propia, lo único que uno hace es intervenir en esa existencia, en esa memoria.” Y más adelante, reflexionando sobre el origen y naturaleza de esta serie me explico: “Estos soportes me incitan a violar un poco su condición. Las páginas del libro de Anatomía son atractivas de por sí. Tienen unas soluciones, una creatividad tremenda. Me parecía casi un sacrilegio manipularlas, intervenir en ellas, pero al final pudo más ese vicio mío que me arrastra a la perdición, y dibuje encima de esas imágenes, creando una nueva, y usando también algunos textos como títulos. Términos anatómicos que cuando los descontextualizas, cuando los sacas de la frase o del propio libro, de la descripción específica, se convierten en poesía. Es un pequeño juego.”

(…) Si para algunos el dibujo es todavía un punto de partida, un apunte o anotación para trasladar la idea a otras manifestaciones consideradas de mayor valor, todavía para un artista como Fabelo constituye una forma de creación cuya carga expresiva se inunda de una espiritualidad y una poesía muy personales. Así lo confirma esta nueva serie.

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