Una utopía mutada pero sostenible

Hoy, a pocas horas de la inauguración de la Bienal de La Habana, nos inundan grandes expectativas, intensas dudas. Esperamos ver, experimentar, quizás de manera similar a como, cuando visitamos por primera vez una ciudad, anotamos con ansiedad en el primer lugar de la lista de tareas la visita al museo local.

Pero la Bienal es otra cosa. La Bienal fue en su génesis la expresión de una utopía, y ha conseguido quizás mantenerla en pie, si tenemos en cuenta que continua realizándose, con más recursos que antes pero infinitamente con menos recursos que un evento de su carácter a nivel internacional. Ha mutado, sin embargo, siguiendo los esquemas de estos otros eventos, así como las perspectivas de quienes han asumido su dirección y realización, si bien vuelve en las más recientes ediciones sobre estrategias trazadas o señaladas anteriormente. Ha vivido altibajos, ha sido objeto de críticas, y en este momento está sobreviviendo en un escenario muy complejo, donde el mercado y una vocación por lo espectacular vienen a deformar los conceptos de arte, curaduría, feria, bienal…

Pero la Bienal continúa generando mucha curiosidad, dentro y fuera de la Isla. Aquí y allá seguimos pensando en su historia, seguimos esperando un giro…

Sobre la Bienal de La Habana nos interesaba, más que describir lo que veremos a finales de mayo de 2015, poner a consideración de nuestros lectores la perspectiva de varios especialistas. ¿Qué ha significado para el arte cubano un evento como este? ¿Cuánto ha actualizado, enriquecido, derribado, reconstruido, la perspectiva de todos sobre el arte que se produce en el mundo?

En la historia reciente del arte cubano, el coleccionismo –que deviene o implica promoción, exhibición, reconocimiento internacional de la producción local– tiene un papel significativo, y hemos querido poner el foco en cuatro figuras que han realizado y realizan un trabajo interesante en este sentido. Nina Menocal, quien desde el último año de la década del ochenta comenzó a dar visibilidad y presencia en el mercado a toda una generación de artistas que sintieron sus caminos incompletos en la Isla; Jorge Pérez, empresario de bienes raíces apasionado por el arte latinoamericano que ha subvencionado y apoyado innumerables proyectos de arte; Zé Sacramento, galerista portugués que se ha encargado de “mover” el arte cubano hacia Europa y África; y Ella Cisneros-Fontanals, presidenta de CIFO (Cisneros Fontanals Art Foundation), coleccionista vehemente, a quien nos acercamos con varias interrogantes sobre su colección de abstracción.

En el camino de la abstracción, y explorando sus límites, dónde comienza para algunos, dónde se manifiesta para otros, surgieron nombres como el de José Rosabal, que está por estos días exhibiendo una pieza en La Habana, en el proyecto Detrás del Muro 2. También Roberto Diago, quien en los últimos tiempos nos ha conmovido desde sus obras con una lección de síntesis del lenguaje, proyección humana y universal; un artista joven creciendo tanto hacia dentro de su obra como en visibilidad internacional. Del otro camino, el de la figuración, poéticas que completan una mirada hacia lo que está sucediendo hoy: Moisés Finalé, Rocío García, Carlos Quintana, Juan Miguel Pozo.

Art OnCuba continúa proponiendo posibles lecturas de un vasto escenario.

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