Who gets the prize?

Amantes y detractores de su arte, todos, se llevaron una sorpresa. Lázaro Saavedra recibió el Premio Nacional de Artes Plásticas 2014. El hecho pudiera interpretarse como una sistematización de lo que pudo ser anecdótico. El reconocimiento por parte de la Institución de la pujanza de las nuevas generaciones –que tampoco lo son tanto. Cierto es que quedan pendientes algunos nombres que en el futuro, esperamos, sean retomados; así como la reevaluación de criterios que permanecen en la estructura del Premio y que resultan ya obsoletos, entre ellos la limitación a los artistas residentes en el país.

Lázaro recibía el Premio y al mismo tiempo, literalmente el mismo día, comenzó a perfilarse de cara al público un nuevo y complejo panorama social y político. Cuba y Estados Unidos anunciaban el propósito de dialogar para encontrar espacios comunes. Ese 17 de diciembre será recordado por varias generaciones de cubanos residiendo dentro y fuera de la Isla como uno de los más significativos momentos para la historia del deshielo, que también acarreará consecuencias en las artes.

El hecho es que mientras nos preguntábamos, horas después, que sucedería con el arte cubano, con el mercado de arte cubano, muchos coleccionistas, dealers y artistas estaban ya marcando estrategias, fijando fechas.

El rostro del coleccionismo de arte cubano va a cambiar. Y cambiará también el arte, y se redefinirán las relaciones de poder e intercambio que en el mundo del arte se establecen. Hay que observar cuidadosamente qué sucede, y guiarse por los expertos. Por ello para nosotros era vital contar en esta edición de la revista con dos ejemplos, ya convertidos en clásicos, de cómo apoyar, evaluar, comercializar y establecer el arte cubano: Alex y Carole Rosenberg y Ramón Cernuda.

Para los artistas muy jóvenes, comenzando sus carreras o a mitad de estas, el mundo del arte comenzará a cambiar más aprisa, fundamentalmente impulsado por el mercado. Sobre la obra de algunos de ellos hemos volcado nuestra atención: Susana Delahante, Alejandro Campins, José Miguel Costa, Glauber Ballestero, Irving Vera, Jorge Otero… Nombres que destacan en el panorama por lo contundente de sus propuestas.

En otro orden, algunas exhibiciones colmaron al público especializado en la Isla de nuevas experiencias, entre ellas Nature Boy, del diseñador cubano residente en Estados Unidos Edel Morales, con una propuesta muy reconocida dentro del mundo editorial y del cartel cultural. Por su parte, Eduardo Ponjuán y su expo Bésame mucho, en el Museo Nacional de Bellas Artes, suscitaron una actividad intensa por parte de la crítica de arte, a la que contribuimos desde estas páginas con una excelente y atinada valoración de Héctor Antón Castillo. También partiendo de la visita a una exhibición en Galería Villa Manuela, identificamos la necesidad de rescatar para el espacio internacional a Rafael Zarza, quien participó de aquella recuperación de la figura que desarrollaron en el arte cubano durante los años sesenta creadores tan diversos como Antonia Eiriz, Servando Cabrera, Umberto Peña o Sosabravo. El más joven y el último de esos artistas que, a tono con lo que estaba sucediendo en los principales circuitos del arte internacional, asumieron la Neofiguración tanto en la pintura como en el grabado y desarrollaron una obra excepcional, cada uno con un estilo indiscutiblemente propio. Cuando la memoria vuelva a la historia del arte cubano, la obra de Zarza adquirirá el valor que le corresponde.

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