Texto definitivo para un Registro Incompleto

/ 29 Mayo, 2017

El pasado 28 de abril fue inaugurada en Galería Habana la muestra colectiva Registro Incompleto. La idea central alrededor de la cual se ha organizado esta exhibición es la escultura fuera de sus espacios tradicionales de legitimación. Para sostenerla se empleó la variable espacio y su multiplicidad de significados. Los artistas participantes de la muestra /Michel Pérez (Pollo), Iván Capote, Ariamna Contino, Alex Hernández, Reinaldo Cid, Adrián Fernández, Elizabet Cerviño, Linet Sánchez y José Manuel Mesías/ han empleado una serie de prácticas artísticas, eventualmente desajustadas del comedido y la naturaleza propia del campo de la escultura, al interior de sus arsenales artísticos. En esta ocasión, a propósito de la idea propuesta, cada uno proyectó una idea aproximada sobre la sustancialidad del espacio como entidad o variable, y con ello, sobre el sitio que le corresponde, no solo a la cenicienta de las artes en Cuba en las dinámicas del arte contemporáneo, sino, a todos y cada uno de los soportes y formatos tradicionales.

Registro Incompleto propone dos perspectivas fundamentales: por una parte, las prácticas artísticas en la contemporaneidad trascienden la forma, en pos del discurso, en primer lugar. Ya no interesa tanto el medio a partir del cual se transmite la voz, como la voz en sí, y la calidad de sus enunciados. Contra el aura incierta de los medios artísticos tradicionales, emerge la intermedialidad como único instrumental capacitado para generar imágenes y transfundir imaginarios.  Cada una de las escenas por este medio adquiridas constituye, en sí misma, un laborioso gesto de reinvención, que agrede a la tradición, a la autorreferencialidad de los medios específicos, y a la historia del arte con su grueso cuerpo de textos y de íconos. Todo este proceso refuerza la esencia supra/sustancial del ícono en su labor de representar la forma mística del símbolo.

Por otra parte, la amenaza de que toda entidad sólida sobre la tierra corre el riesgo de disolverse en el aire, es hoy fenómeno ingente. La tridimensionalidad, como variable de ocupación del espacio físico ha perdido lugar frente a la experiencia vivencial del individuo, abstracción consumada de aquella. La escultura ha recorrido un largo trecho, al interior de su campo expandido, y la meta aparente ha sido la volatilidad total. De la masa, el volumen, la instalación, se ha pasado al gesto, a la recreación, a la asimilación, y a la ficción.

Quizás la pieza que más claramente refleje estas ideas sea Desobediencia, de la autoría compartida entre Alex Hernández y Ariamna Contino. Estos dos jóvenes han inserto en el cuerpo de la única columna que posee Galería Habana una suerte de gran monolito de cemento. Es un trampantojo que pretende engañar a los espectadores, aprovechándose en primer lugar, de la apariencia y la forma total del espacio galerístico, en segundo lugar, de la experiencia vivencial colectiva sobre este sitio. Aquellos que, acostumbrados a transitar estas salas, pasaron a través del ritual de develamiento que amerita esta pieza, habrán comprendido que la escultura no posee ya cabida en el arte contemporáneo, sino es en la implicación con el gesto performático que tras cada pieza existe; que un monolito como este, de notable envergadura, puede habitar en silencio, el espacio inconfundible de la memoria, incluso, puede transformarlo en una experiencia renovada. Muchos giraron en torno a la pieza, como si de una estilizadísima ceiba ancestral se tratase, en busca de la obra misma. Otros la tocaron sin haberla hallado. Muchos se sorprendieron respecto a la ingeniosidad y la autenticidad de este gesto.

Otra de las piezas emblemáticas en este sentido es Vuelo de un ala, de Elizabeth Cerviño. Tres grandes paneles constituyen una suerte de lienzo, carente de materia pictórica. La artista ha instalado: sobre los bastidores el lino virgen ha sido estirado, y sobre su tersa piel, ha sido vertido látex, en diferentes densidades. Representativamente, se nos descubre un refinado rejuego de horizontes y texturas. Técnicamente, no es desvelada una pintura devenida en objeto, en materia, en puerta a otras experiencias perceptivas, finalmente, en gran pantalla de cinematográfica arboladura.

Granada, deleitable lienzo de Michel Pérez (Pollo), por otra parte, constituye un alegato en defensa de la materialidad de la pintura como soporte de ideas. Y con ello, de la materialidad abstractizada del cuadro en sí mismo, así como del símbolo que encarna. Entre el chorreado, la línea que el carbón ha dejado cual traza sobre la corteza del lienzo, la luz que emerge de la carnosidad sosegada de la tela, y la voluptuosidad impávida del ícono, ha sido moldeada, en una suerte de ilusión, una naturaleza otra.

Respecto a las fotografías, la muestra reúne tres universos diferentes. El primero de ellos, perteneciente a Adrián Fernández. Este artista, apoyado en el Umbral de la Incertidumbre, ha revisitado algunos de las figurillas religiosas de las iglesias habaneras. Estas ya poseen una volumetría definida. Su origen ha sido la tradición de la escultura misma, sobre todo aquella que con más prominencia se dio en la isla: la religiosa y la de corte popular. Pero Fernández, insatisfecho ante la elocuencia que patentan las piezas halladas en esta pesquisa personal, panea cada efigie pacientemente con el uso de la fotografía digital, y luego re/ensambla cada cuerpo de imágenes en una suerte de collage fotográfico. Los perfiles se agudizan, las cicatrices se engrosan, las miradas, hasta ahora inertes y sin desafiantes declarados, cobran un poder sobre sustancial. La técnica tradicional del moldeado, ha sido aplicada ahora desde lo fotográfico, con el favor de sus especificidades instrumentales. Y el discurso a ellas sujeto, ha sido el de la reinvención.

La propuesta de Reinaldo Cid, forma parte de la serie de trabajos que desde hace ya un tiempo viene realizando bajo el nombre de Pendientes. Esta serie se basa en la desnaturalización de un grupo de objetos muy particulares, las argollas de los panteones fúnebres, y su homologación a joyas ilustres. Cada imagen es impresa en plata sobre gelatina, proceder tradicional y antiquísimo que dota a cada imagen de una resolución notablemente espontánea, natural. No debemos olvidar que en esa suerte de alquimia hay mucho de escultórico. La plata y la gelatina son materiales que se acoplan por el antojo de la luz, sobre una superficie matérica en particular. Y no se trata de que ahora situemos todos y cada uno de los procederes bajo la óptica de la renovación y la alegoría, sino que ello, con tal enfoque, constituye uno de los núcleos temáticos de la obra de este joven creador. Con anterioridad se ha implicado en el proceso químico del revelado fotográfico substituyendo algunos de sus componentes, alterando su lógica, trastocando los efectos visuales, además. De cualquier manera, la materialidad que adquiere la imagen obtenida por este procedimiento es diversa. Y se puede inscribir en una lógica muy particular: la de la naturalización de la imagen, o mejor aún, la de la reinvención material de la imagen fotográfica. Por otra parte, estas dos piezas de la serie Pendientes, al igual que la serie hasta el momento producida, conecta discursivamente con otra de las grandes preocupaciones de Cid: la muerte y los sustancias que nunca le serán ajenas.

Linet Sánchez, apuesta por un espacio perfectamente diseñado, que escapa de la mano usurpadora del hombre. Su punto de origen ha sido la construcción de estas mismas heterotopías en pequeñas y meticulosas maquetas. Luego las preserva de cualquier posible intromisión gracias al favor de la fotografía. Y así pasan a lo eterno estos espacios, desde su perfecta y depurada decadencia mitológica.

La pieza presentada en solitario por Ariamna Contino, titulada Core, incursiona en otra óptica. ¿Acaso no puede ser apreciada como si de un relieve de desvariada naturaleza se tratase? El calado del papel a mano y su ensamblaje en capas, ha sido desde el inicio sello distintivo de su obra. Desde retratos hasta grandes paisajes ha recreado de esta manera Contino. En cada pieza ha captado y reelaborado un personaje, ya sea animado o inerte, protagonista de la contemporaneidad y de su agitado ritmo. La eventualidad y la vorágine, rasgos propios de nuestra época, son encriptados en sus imágenes en una blancura excesiva, tan espléndida como execrable. ¿Alguna vez hemos imaginado cuantas sustancias pudieran esconderse tras el gesto depurador que nos ofrece Contino? ¿Cuánta violencia, miseria, polvo y mal oliente pudor bloquean? En esta ocasión, ha ensayado sobre la majestuosidad operante del centro cual concepto que estructura cada experiencia ordenadora en la vida. Por eso acude al tejido de la cúpula del emblemático Taj Majal, monumento al amor propio y a la soberbia absoluta, símbolo del eje erigido por el hombre. Además, al enigmático Agujero azul de Dean en Bahamas, manifestación mítica-natural del este concepto, herencia, además, puerta abierta al núcleo de las entrañas terrestres. Al final, nos confirma esta poeta, que todo es una construcción en la viña del Señor: pura ficción.

José Manuel Mesías, maestro del escepticismo, poeta de la incertidumbre y de la veracidad, nos presenta una pieza que se escinde por completo de la complicidad del objeto. Y con ello reafirma el lugar de la experiencia vivencial y de la percepción. Ha titulado a esta pieza, Sin título. Y es que no tiene nombre el poder desecador de su gesto. Ha injertado sobre las fauces abiertas de una parrilla para planchas, pequeños trozos de cristales cromados. Ambos han sido reciclados de esos extensos y molestos basureros de nuestra cultura. Ambos han sido fundidos en un punto de luz: Subterfugio maestro este, que nos devela una sustancia no explorada del todo aún en el arte contemporáneo. ¿Acaso no ocupa espacio un rayo de lumínico, una fluorescencia? ¿Y cómo se mide ese espacio, sino no es a través de la experiencia vivencial, de la conciencia sobre él mismo, de su percepción?

Alex Hernández nos presenta, por otra parte, una suerte de dibujo instalado levitando ante la pared. En forajidas estructuras de óleo y metacrilato fundido, nos narra cada uno de los encuentros del denominado Match del Siglo, partidos de ajedrez entre Bobby Fischer y Boris Spassky en 1972, en plena Guerra Fría. Con sutil elocuencia, coloca en el espacio una red de códigos abstractos, esencia narrativa de este mito contemporáneo. Y le otorga a la narración misma la monumentalidad de la conmemoración y la presencia. ¿Acaso no ocupa ello espacio en la memoria? O mejor aún, ¿no ocupará espacio en la memoria? Pocos son los conocedores de este relato, de hecho. Es el ritual de la incitación a la búsqueda, de la provocación de la duda ajena, la otra esquirla sustancial de esta pieza. Misticismo y provocación componen su carne y sus energías.

Registro Incompleto nos sirve de reflejo respecto a lo que más allá de estas salas está ahora mismo ocurriendo. ¿Qué son estas piezas, especímenes muy particulares dentro de la producción artística cubana? Eso no lo dude usted. Son todos ellos frutos de su época, y sus propuestas, como manifiestos personales, resultados de muy bien entonadas posturas creativas y vivenciales. A través de esta muestra podemos identificar algunas de las características artísticas más relevantes de la contemporaneidad: alta esteticidad del objeto producido como expresión de su excéntrica naturaleza; empleo de una urdimbre conceptual generada ipso facto como esqueleto del hecho artístico; la sublimación del escepticismo respecto a la verdad absoluta, en la retórica al uso;  y la necesidad insaciable de narrar -teorizar a través de ficciones sobre lo contingente e inevitable.

Es esta última la característica más peculiar del arte contemporáneo cubano. La generación de historias está conectada, cual proceso, con la idea que ha replanteado a la cultura como corpus de textos, resortes, detonantes, sustanciosos fragmentos, enlaces, trazas simbólicas que conectan a lo global, a lo supremo, con lo mundano[1]. Ahora bien, en esta furia por la anécdota, lo profano –objeto construido simbólica e ideológicamente gracias a los recursos del arte- deviene en recipiente y metonimia de lo trascendental, por decirlo de una manera proverbial, y no en antinomia.  Y al primero le es transferida toda la gloria del segundo.

Esta tendencia discursiva es sintomática de la crisis de representación, y de la experiencia humana, que en la última década ha matizado el campo de las prácticas sociales. La duda sobre la existencia de Dios, y el conjunto de ideas al respecto, ya no tienen cabida en nuestras coordenadas histórico-sociales, más sí los imaginarios que la incertidumbre sobre su apariencia y su poder efectivo han generado. En otras palabras, las posibilidades humanas de trazar una visión holística sobre cualquiera de los fenómenos o de las entidades substanciales a la realidad contemporánea es cada vez menos probable, aun así, la imaginación sobre ellos se ha reavivado en los últimos años.

En el error está la cimiente. Así lo ha demostrado Iván Capote con ERR-CELL, pieza que cierra la idea alrededor de Registro Incompleto. Es ese el origen de nuestra raza, la materia elemental de nuestra constitución física. Al final, como ha sido comentado en las palabras al catálogo,quizás sea cierta la inminencia del sol y de lo que le es propio. Según Descartes hemos sido creados por un Dios caprichoso que, en la obligación al engaño sistemático, en la confusión entre la verdad y el error, ha moldeado nuestro ser. Por si las moscas, recuerden siempre dudar: ego solusipse (solo yo existo). Volvamos pues a la gruta maldita en la que nuestra credulidad fue forjada, a esa que construyó Platón para demostrarnos que todo lo sólido, habita en el aire, en imágenes, en ficciones, en cinematográficas historias de orgullo, vulnerabilidad y gloria.

[1] Desde los años ochenta, con el acento crítico adquirido por el objeto artístico, la necesidad de narrar fue cobrando protagonismo, aún así el lazo con lo real, le otorgaba a estas narraciones la entidad de un reportaje.

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