Siente el mundo a través de mi cuerpo

A propósito de Bala Perdida

/ 15 marzo, 2017

Desde la épica fábula de Esopo, La liebre y la tortuga, nos quedó más que claro que la velocidad es subjetiva en términos de competición. Sin embargo, el mundo gira y se transforma con una rapidez tal que en ocasiones no logramos percibir los cambios. Lo triste del caso es que no solo proliferan la tecnología y la salud; sino que los males sociales, y en especial la violencia, tanto física como verbal, van in crescendo y amenazan con devorar, cual Saturno goyesco, los valores morales de la humanidad hasta el último bocado. Sobre este tópico se monta la artista visual cubana Susana Pilar Delahante Matienzo (La Habana, 1984) en su más reciente exposición personal en la Isla, Bala Perdida, inaugurada el pasado 24 de febrero en la galería Villa Manuela.

La autorreferencialidad, el black pride, y la defensa a ultranza del género femenino son algunas de las constantes que marcan la obra de la creadora; aún más cuando las féminas negras cargan con la pesada cruz de la doble discriminación social, donde la raza y la presunta “debilidad sexual” marcan estereotipos y prejuicios culturales. No obstante, en esta muestra parece partir del clásico ideal romántico del hombre –ahora mujer– disminuido frente a la naturaleza. Esta última aparece representada a partir de paisajes marinos (en Cuba, Gotland, Islandia, Martinica, Palermo, etc.) y bucólicos, los cuales por su magnificencia acaban achicando la imagen humana, que siente su pequeñez en relación con el entorno que la rodea. Eso la oprime y por ello siente la necesidad de huir.  Asimismo, se percibe a una mujer enfrentada a las bajas temperaturas y a los ásperos “dientes de perro” en un acto de desafío a la madre natura, del cual sale airosa, en contraposición a las románticas escenas con que abre sus video-instalaciones.

El mar representa la inmensidad, la infinitud de un elemento natural frente a la finitud de la vida humana, pero a la vez, el mar es un límite y una metáfora para hablar de éxodo, de migración, de diáspora, así como de retorno al país natal, el cual por su condición de isla posee la maldita circunstancia del agua por todas partes. Igualmente, gracias a un empleo correcto y consciente de los new media, la artista logra un sonido ambiente verídico, que sumerge al espectador en los ambientes marinos donde fueron filmadas las obras, con las estruendosas olas rompiendo contra la orilla. Islas es el nombre de la serie, la cual hasta el momento no es más que un work in progress presto a seguir recorriendo el mundo en la búsqueda de nuevos escenarios marinos que conquistar.

Además, la muestra cuenta con una vertiente escatológica, que enfrenta al espectador mediante el uso del desnudo y la trivialización de zonas del cuerpo que constituyen hasta la actualidad un tabú social. Re-territorialización es una performance conceptual que se sirve del cuerpo humano para hablar de problemáticas migratorias, en las que su cuerpo es el mundo y su vagina y su cabeza dos naciones dentro de él. Sin necesidad de palabras, el cuerpo abandona su rol erótico para devenir lugar de acogida para huéspedes que abandonaron el sur en la búsqueda del preciado norte. La performance, pese a las décadas de postmodernidad que cargan nuestras espaldas, sigue siendo una práctica contemporánea transgresora e incomprendida, que da la cara al receptor y lo ubica frente a un cuerpo que podría ser el suyo, de ahí que este se haga partícipe, al concordar o discrepar con las ideas que el performer proclama, y finalmente acaba convirtiéndose en un protagonista más de la acción. La veladora de la galería nos decía al entrar: “prepárense para la sala de atrás, está fuerte lo que van a ver, el arte se ha salido de control”. ¿Será que nuestra conservadora, machista y enjuiciadora sociedad aún no está preparada para consumir este tipo de arte? O ¿Será acaso que hace falta desprejuiciar la mente para dejar entrar esta clase de discursos? Creo que un poco de ambos nos golpea y que solo es cuestión de tiempo, ya lo decía al inicio, todo está cambiando, quien quita que la manera de pensar también pueda mutar.

El hecho de que la principal herramienta expresiva de la creadora sea su cuerpo, evidencia el alto compromiso que establece con su obra, donde su piel es partícipe activa de los discursos que defiende, ya sean volcados al feminismo, a la racialidad, a problemáticas sociales, etc. Bala perdida trasciende la estática fotografía de género mostrada meses atrás en la misma galería como parte de la expo Sabor metálico, pues un cuerpo en movimiento siempre ha de decir más que un cuerpo inerte, no importa lo agreste del paisaje, ni el reto que suponga, huir es una opción, pero a veces confrontarlo puede ser la respuesta correcta.

Dayma Crespo Zaporta

Dayma Crespo Zaporta

(La Habana, 1994). Estudiante de Historia del Arte de la Facultad de Artes y Letras de La Universidad de La Habana. Alumna ayudante de Arte Africano del Departamento de Historia del Arte. Ha colaborado con el Taller Experimental de Gráfica de La Habana y en especial con su director, el artista visual Octavio Irving, en eventos como la Duodécima Bienal de La Habana y exposiciones personales.

Related Post

Comments

Publicidad

  • Editor in Chief / Publisher

    HUGO CANCIO

  • Executive Director

    ARIEL MACHADO

  • Executive Managing Editor

    TAHIMI ARBOLEYA

  • Art Director

    LLILIAN LLANES

  • Editorial Director / Editor

    DEBORAH DE LA PAZ

  • Design & Layout

    VÍCTOR MANUEL CABRERA MUÑIZ

  • Translation and English copyediting

    MARÍA TERESA ORTEGA

  • Spanish copyediting

    YAMILÉ TABÍO

  • Commercial director & Public Relations / Cuba

    LUPE PÉREZ ZAMBRANO

  • Web Editor

    MARILYN PAYROL

Boletín de Noticias Art OnCuba

* Este campo es obligatorio