Retratos en escala

Entrevista al fotógrafo Alberto Chino Arcos

/ 27 septiembre, 2017

Con olor a homenaje abre septiembre en la Fototeca de Cuba la más reciente muestra de Alberto Chino Arcos. Maestro de laboratorio, oficio de excelencia reconocido en todos los tiempos, que vuelve sobre la fuerza de la imagen sin trucajes y el clasicismo del binomio blanco/negro. Desde las jerarquías tonales del arte fotográfico y sus protagonistas, Arcos expone sus cuidadas representaciones. En breve entrevista nos dialoga de su pasión por los retratos, la actitud y el respeto en la profesión, el trabajo en película y su desemejanza con lo digital; además de compartir sus criterios sobre el panorama creativo cubano actual donde parecen aflorar la premura, el snobismo y la ausencia de sensibilidad tras el lente.

Sumándote a una larga tradición de retratistas, te has propuesto mostrar la imagen de quienes hacen imágenes. Hablo de Escala de grises, tu más reciente proyecto y exhibición, en la que develas rostros y manos de los fotógrafos y las fotógrafas de este país. ¿Cómo te aventuras en esta idea?

Creo que la merecían. Es una deuda que había con los fotógrafos cubanos, que tienen una obra sólida, que se exhiben en galerías y se conocen internacionalmente. El proyecto comenzó hace alrededor de tres años y lo hice a partir de una investigación previa. Los conozco a casi todos, sé lo que hacen.

Los fotógrafos siempre están en la sombra, casi nadie los conoce. Las personas saben de la obra, pero no de sus rostros. Los retratos me encantan, los disfruto mucho, es reflejar la personalidad de cada uno. ¡Espero haberlo logrado!

Quise unir entonces la temática del retrato con las manos, porque creo que las manos hablan, tiene un lenguaje, una poesía. Son 45 creadores los que se exponen en esta ocasión.

¿Se puede afirmar que pones el rostro de los últimos veinte años de la fotografía cubana?

Sí… y más. Se tomó como pauta no incluir fotógrafos menores de 30 años. No es por excluir lo joven, es que había que hacer algo por los demás. Pienso que tiempo es sinónimo de respeto. Es tiempo lo que se necesita para tener una obra sólida. El arte y la fotografía son una carrera de resistencia, donde no determina la velocidad, es tener un tiempo para tú llegar a una obra.

En este trabajo retraté a la generación de los noventa, pero también fui más atrás. Están Chinolope, Perfecto Romero, Roberto Salas, Ernesto Fernández, que son fotógrafos de la llamada épica revolucionaria. Es un homenaje. Es mi pequeño homenaje a los fotógrafos. Pienso que esto nunca se había hecho y eso también me satisface.

¿No tenías antecedentes en este tipo de trabajo?

No, incluso en blanco y negro. Los retratos yo los respeto mucho cuando se hacen en blanco y negro porque saca la fuerza dramática de la persona.

¿Y a ti, te han retratado así? ¿Te has sentido alguna vez homenajeado con una imagen?

Cuando hacía las sesiones de fotos muchos me preguntaban: bueno Chino, ¿tú no te vas a tirar fotos? Al final sí lo hice. Digamos que estoy y no estoy. Reinaldo Cid, fotógrafo y profesor de la Universidad de las Artes (ISA), con su cámara antigua de película, de formato 4 x 5cm, me dijo quiero hacerte la fotografía y yo acepté. No estoy entre los retratos de la exposición, si no fuera de la puerta de la galería. Lo interesante es que la foto es de espaldas, no de frente. Eso me gustó mucho más, pues en el espacio parece que quedas de espaldas al público y de frente a los retratados.

A pesar de las limitantes, sobre todo las carencias a la hora de trabajar el laboratorio, eres un fotógrafo que todavía apuesta por ello. Eres un maestro del laboratorio, un exégeta del negativo, en un mundo cada vez más dominado por el avance tecnológico, el imperio digital. ¿Cómo lo llevas o lo sientes en este momento de la historia de la fotografía y el punto en que está tu carrera?

Todos los que me conocen, fotógrafos, colegas, amigos, alumnos del ISA, de la UNEAC, saben que me gusta mucho el laboratorio, porque puedes tocar la fotografía con las manos, a diferencia de lo digital. En éste lo miras todo a través de un monitor y mandas a imprimir la imagen. Con la película es otra historia, tú la tocas, lo ves todo, lo sientes, lo vives, disfrutas el proceso. ¡Eso es algo que no tiene comparación!

Pero mientras pueda hacer película y digital, pues hago las dos cosas. El laboratorio lo disfrutas desde el instante que enciendes la luz y estás mirando el acabado de esa foto, que creaste tú; no solo la tomaste, también la imprimiste tú. Eso para mi tiene un valor extraordinario. Mientras tenga amigos que me traigan papel fotográfico y películas, seguiré haciéndolo.

Eres un intérprete del negativo y te aferras a esa magia…

Sí… y es una magia. Lo cual no quiere decir que no haga digital bien intenso.

¿A través de los años cómo has sentido que eso ha ido aportando o no a la fotografía? En los años 90 supongo que tenías más alumnos interesados en el laboratorio, hoy en día buscan más entender el llamado cuarto blanco, el photoshop. ¿Cómo has percibido ese cambio?

Interesante tu pregunta… porque yo no doy clases de photoshop. Lo veo como una herramienta para mejorar la fotografía, pero no es la esencia. Lo que transmito a mis alumnos, a los jóvenes, es que ellos pueden hacer lo que quieran con lo digital, pero en realidad lo importante es el sentido de cómo hacer esa fotografía, ponerle el corazón. Creo que debe haber sensibilidad en el oficio. Los fotógrafos tienen que tener una sensibilidad muy grande. Es lo que hace que funcione. Puedes tener la mejor cámara digital, el último modelo, pero si no tienes bomba, no va a funcionar la imagen.

A los jóvenes les pasa algo, hay un esnobismo hoy en Cuba con el tema de la fotografía. Mucha gente joven haciendo fotografía. Eso está bien, pero hay que ir enmarcándose, ir seriamente al tema y con sensibilidad. No es tirar fotos por tirar fotos.

Llevo unos cuantos años dando clases, vinculado a los jóvenes y los veo un poco desesperados. Esto tiene un tiempo que no puedes violar.

Pero has pactado con la docencia y apoyas a los jóvenes…

Sí. En el tema de la docencia, que son talleres impartidos en la UNEAC, no academia ni escuela, se sobreentiende que tengan una base y partir de ahí le motivamos lo que llevan dentro. Son  talleres donde también invitamos a fotógrafos cubanos que tienen una obra reconocida, para que interactúen y muestren su trabajo. Es más que enseñar una fotografía formal, se produce un intercambio, se explica el lenguaje conceptual, la razón por la que tomaste la foto. Al final siento que no soy profesor, soy fotógrafo. Lo que hago es transmitir mi experiencia. Llevamos 12 años en estos talleres.

Constancia que te ha llevado a un estilo de enseñanza…

Si, un estilo, porque se enseña conceptos. Se manejan los ejercicios a partir de los conceptos. Los resultados son interesantes y nos retroalimentamos de los jóvenes.

A veces lo que le pasa a los jóvenes es un tema económico. No es fácil vivir de la fotografía. Para vivir de ella tienes que tener una infraestructura creada, si no es muy difícil. El mercado de la fotografía es bien difícil. Tú conoces la fotografía cubana, sabes que hubo una época que se vendía bastante. Pero actualmente depende de muchos factores, como las galerías, los que vean tu obra, la suerte, estar en el justo momento a la hora precisa… Si trabajas en la fotografía y puedes vivir de ella, es un privilegio. Reconozco que vivo de la fotografía, pero eso tiene un tiempo. Y es lo que le transmito a los aprendices, necesitan un tiempo para poco a poco hacer su obra y armar su infraestructura. Si no que se dediquen a otra cosa.

Lo importante en la fotografía es tratar de hacer lo que a uno le gusta, tratar de sentirse bien con lo que haces. Hay veces que trabajas para un mercado, pero no te gusta lo que estás haciendo. Lo haces porque te pagan. Es importantísimo que te guste. Claro, ¡sería genial que te pagaran y que lo disfrutaras! Los reconocimientos van y vienen, esa es otra historia, lo esencial es que te guste lo que haces.

¿Entonces te sientes realizado?

Sí, puedo decir que soy una persona realizada. Hace poco en una entrevista para la Universidad de las Artes de Nueva York me preguntaban, ¿te sientes realizado en Cuba con tantos problemas que hay? Sí, soy un cubano que me siento bastante realizado, hago lo que me gusta, vivo de ello, disfruto los talleres, camino mucho en busca de fotos bajo el sol insolente de esta isla y no me quejo, porque todo pasa por la actitud que tengas ante la vida, la actitud para buscar la foto que quieres.

Grethel Morell Otero

Crítica de Arte e investigadora. Historiadora de la fotografía cubana. Dos veces Premio de Investigación Fotográfica (Fototeca de Cuba, 2009 y UNEAC, 2010). Publica en las más importantes revistas culturales cubanas y en numerosos sitios web especializados. Autora del libro Damas, esfinges y mambisas. Mujeres en la fotografía cubana 1840-1902 (Ediciones Boloña, 2016). Premio Nacional de Crítica de Arte Guy Pérez Cisneros (2016).

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