Los rostros que ansían un despertar

/ 27 marzo, 2017

“— En concreto, — le precisé por fin—: ¿qué hacía?

— Nada — me dijo él, con un cierto desencanto—. Soñaba.”

Gabriel García Márquez. Doce cuentos peregrinos

“Ella escultórica, yo etérea.

Fue su imagen la primera impresión y esas nunca engañan.”

¿Será la angustia de ver pasar las manecillas del reloj y no saber cuándo se detendrán? ¿Serán sus reflexiones sobre la fuerza que mueve al hombre común a exorcizar sus demonios a la luz del día? ¿Será su temor a las superficies totalmente blancas? ¿Será su amor a los niños? ¿Será la no tan descabellada idea de intentar otorgarles un hálito de vida a sus personajes? ¿Será la vida que deja de sorprenderle a cada paso? ¿Será su pensamiento aferrado al hábito de regalar esperanza y de contar anécdotas? No lo sé, puede ser… Habría que preguntarle a él. Al artesano que moldea, al maestro que vive con los pies en la tierra, al intelectual que se permite la holgura de sus zapatos, al artista que se zafó del relato bidimensional, al poeta, al humanista… O bastaría seguir de cerca las narraciones que equilibran el trasfondo de su accionar.

En el ámbito de las artes visuales, Pedro Pablo Oliva es un artista consagrado, Premio Nacional de Artes Plásticas 2006, este hombre proveniente de los lejanos setenta sigue marcando un ritmo que con el compás de los años no ha dejado de ser amable, rotundo y visceral. Todos esos calificativos a la vez. Mucho se ha escrito y elucubrado sobre él, sobre las alegorías y recursos que ha empleado para hablar de su tiempo. Un cronista, un cuentista, un relator. Más que nada un testigo. Eso ha sido.

Hay cierto misticismo en las obras de Pedro Pablo que me hacen gravitar en la contemplación y a su vez me arrastran hacia los subterfugios de un ser en constante estado de sanación. Creo que no ha perdido nunca de vista la delicada esencia de lo cotidiano; e intenta vivirlo y aprehenderlo para luego plasmarlo, ya sea en tonos dulcificados, irónicos o simplemente tal cual se producen los hechos. Pero hay también tras esas creaciones suyas una tristeza, una sátira perceptible que inquietan la razón y sofocan al espíritu. Por azares de un día cualquiera, llegué a la galería y allí estaban. Cuánta fortuna, a inicios de este 2017 Pedro Pablo Oliva muestra por primera vez sus esculturas en bronce en el Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam. No creo en los augurios, pero sí en los gestos, en las voluntades. Creo que el ser humano nunca procede con ingenuidad y rectificar es de sabios. Por tanto, en muy merecida hora llega a nosotros En Cuerpo y Alma. Bronces de Pedro Pablo Oliva.

Y fue así como nos encontramos, aquella pequeña sala convertida en un cuarto rojo y yo, las dos al descubierto, las dos “en cuerpo y alma”. Se trataba de eso, de un encuentro mágico, casi surrealista con sus personajes. Me vi rodeada de las figuras que han acompañado la poesía de Pedro Pablo, esas que he visto en otras oportunidades, las más conocidas, y las que ha preservado el artista con más cautela. Estaban allí: Lucas, Matías Pérez, Clementina, Caperucita, los mortales, las novias prometidas, los heroicos, las musas, los de a pie, los ídolos… todos, profanando la quietud de su condición inmóvil, bifurcando los caminos instaurados por lo convencional. Y es que Pedro Pablo Oliva ha dado un salto súbito hacia el formato tridimensional. Haciendo germinar su cosecha en el seno de un pensamiento que se nutre de la cotidianidad, de los pesares y las alegrías del mortal común, del ser intergeneracional que se ha batido con los contratiempos de su historia.

Un universo enrarecido es el que contiene a estos seres que levitan ausentes, plausibles, conspirando sobre y para el espectador desde su condición volumétrica. Sin dudas, entonan su silencio hacia un enjuiciamiento crítico de los males que toleramos en la dualidad de esta, nuestra contemporaneidad. Así apunta con sus anécdotas el artista la lanza que mella en las insinuaciones, pues en el correlato de la historia, los protagónicos han de ser los buenos o los malos. Dos bandos por separado, cuando el día a día demuestra que llevamos de luz cegadora y de obscuridad desmoralizante, solo una pequeña dosis que se impregna en nuestro vientre y asoma por instantes, cuando nos sentimos amenazados o a salvo del ceño impalpable que dilata y oprime nuestros ideales, nuestra disidencia o nuestra militancia.

La destreza del modelado, los ojos cerrados, las figuras ensimismadas, apartadas de la realidad por un instante que las erige metáforas de las miserias humanas. Son ellas, empinadas a no dejar morir el aliento esperanzador, la alborada de un futuro que demanda imaginación, poder de concentración para derrumbar los límites invisibles de una existencia que intenta arrojarnos al vacío de la conformidad. Todo esto y más, pudiera argumentar el hecho de lo que ocasionan en mí los trabajos de un artista que sigo de cerca, que me impresiona y me atolondra. Y es que seguir a Pedro Pablo Oliva, es irse de viaje por vez primera, sin miedos ni excusas. Es constatar o desmentir lo que otros afirmaron. Es partir del grano de maíz, de la pizca de sal que inunda las arenas de un mar, unas veces claustrofóbico, otras, hinchado de “utopías y desilusiones” pero nunca en calma.

Entonces yo, cual Penélope esperanzada recorrí aquella habitación contenedora del acertijo del volumen, del silencio de la tridimensionalidad, del peso de una roca en la cabeza. Ávida por saltarme la anécdota ensamblada, enamorada de los tonos verdosos que dejó tras de sí el proceso del bronceado. Así pasé la tarde de este 14 de febrero, añorando encontrarme con un rostro en el que deshabitara la melancolía, el cansancio, el insomnio tras un peregrinar sin rumbo. Del lienzo a la escultura se fusionan las distancias, pues la tercera dimensión canaliza el pecado tolerante, los daños de la desmoralización en el continuum de unos rostros que ansían el despertar.

Yudinela Ortega Hernández

Yudinela Ortega Hernández

Matanzas, 1990. Crítica de arte y especialista de la Galería Villa Manuela. Sus textos pueden ser consultados en publicaciones como revista Artecubano, Revolución y Cultura, tabloide Noticias de Artecubano y en los sitios web Opus Habana, Habana Cultural y Habana Patrimonial.

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