Mutaciones: esto es lo que existe

/ 18 octubre, 2017

                                                                              “Mutaciones intenta, a través de estos niveles: la idea, los espacios y los artistas y las obras, aunar propósitos en un escenario general que dista aún mucho de practicar la real colaboración”.

El momento de inauguración de cualquier exposición es un punto de encuentro, el instante donde compartes con amigos, donde el arte se convierte en motivo para participar de una experiencia social, emotiva, sentimental. Sin embargo, pocas veces he logrado captar la esencia de una exposición en ese primer acercamiento, necesito de una segunda vuelta, repasar detalles, observar la obra y recorrer con la vista cada fragmento. Tuve esta sensación a partir de la inauguración de Mutaciones, coordinada por el Estudio Figueroa-Vives y la Embajada de Noruega; mostrada al público en distintas sedes. La cantidad de participantes hizo imposible que pudiera llegar hasta los otros espacios: Taller de Michel Pérez (El Pollo) y El Apartamento.

Bajo el pretexto de conversar con la curadora Cristina Figueroa Vives, volví a su casa, sede de este estudio que tanto ha contribuido a la gestación de proyectos curatoriales o editoriales en Cuba y en el extranjero. De ese segundo encuentro, realizado en la tarde del pasado sábado nace este diálogo, que repasa al Estudio Figueroa-Vives desde su gestación, principales muestras y la concepción de Mutaciones, la reciente exhibición que se mantendrá abierta hasta el próximo mes de noviembre.

Vamos a hacer un poco de historia, cuéntame ¿bajo qué motivaciones surge el Estudio?

Desde principios de la década del 90, mis padres Cristina Vives y José Alberto Figueroa (él como fotógrafo y mi madre como curadora de arte muy vinculada con el Ministerio de Cultura y con el Centro de Desarrollo de las Artes Visuales desde los años ochenta) deciden emprender un proyecto. En ese momento no tenían ningún propósito estructurado, pero lo que pretendían era trabajar de manera independiente y con los artistas más contemporáneos. Mi madre tenía mucho contacto con todo el arte que se estaba produciendo por esos años en Cuba; mi padre, tenía toda la comunidad de fotógrafos a su alrededor. Y así comenzaron un proyecto en el que se gestaban, desde la propia casa, encuentros con artistas, exposiciones —algunas que se hacían fuera de la casa, pero que se pensaban y se curaban desde acá- y otras que se realizaban en circuitos internacionales. Empezamos a recibir en la casa visitantes, instituciones extranjeras, museos, coleccionistas, galerías y, al mismo tiempo, mi madre comenzó a hacer libros sobre arte.

Realmente el trabajo del estudio, entre los años 1993 o 1994, comienza con este carácter, de relacionarse y de gestión cultural independiente. Esta es una de las razones que ha permitido el prestigio que tiene actualmente dentro del panorama cultural cubano e internacional.

¿Cómo nace el concepto de colaboración con la Embajada de Noruega?

En el año 2014 se muda justo al lado de nuestra casa la Embajada de Noruega que venía desarrollando un trabajo cultural muy fuerte. Ellos nos comentan que, ya que éramos vecinos, les interesaba colaborar con nosotros de alguna forma. Así fue que decidimos hacer exposiciones conjuntas, en las cuales, nosotros somos los curadores (proponemos los temas, los artistas, los proyectos, la curaduría, la museografía…), por supuesto, en diálogo con ellos, pero con total libertad de trabajo.

A partir de ahí, nos planteamos “si esto está sucediendo vamos a empezar con proyectos de un carácter más público” e hicimos una inauguración con ese perfil. Esta primera muestra se llamó Algo que me ata, la desarrollamos en junio del 2014 con los artistas Fernando Rodríguez y Humberto Díaz. Las piezas conectaban físicamente con los espacios, pero también se conectaban en términos de sentido. Era la idea de iniciar el concepto de colaboración entre un estudio privado y una sede diplomática, que tenían intereses afines con el arte, con la cultura, etc. De eso se trataba y de hacerlo público.

Hasta que adopta el nombre de sus creadores…

Ciertamente, nosotros llevábamos muchos años trabajando, pero no teníamos nombre. Si funcionábamos desde la casa de Cristina y Figueroa de toda la vida, pues era conveniente llamarlo Estudio Figueroa-Vives, para que ya la gente comenzara a ponerle nombre a lo que ya conocía, pero que no sabía cómo nombrarlo. Y de ese modo el Estudio Figueroa-Vives comenzó a asumir ese carácter y ese nombre, pero sin cambiar sus motivaciones iniciales.

Ello nos permitió enfocar un poco más el perfil del Estudio: se mantienen haciéndose los proyectos internacionales, la colaboración con artistas, ya sea con los que trabajamos generalmente u otros artistas que invitamos a que expongan o ellos nos invitan a que curemos sus exposiciones, a escribir en catálogos, a escribir en libros…; pero manteniendo la relación de colaboración con la Embajada, realizando cada tres o cuatro meses, exhibiciones.

Y Mutaciones es la muestra número diez gestada bajo ese signo de colaboración…

Ayer inauguramos la exposición número diez de conjunto con la Embajada. Estas exhibiciones han tenido todo tipo de temáticas, que van desde, el concepto de la colaboración, el concepto de la conectividad, el tema de los emprendedores enfocados en la cultura, las aplicaciones, Cuba digital y Cuba off line; y cómo la cultura se podría estar beneficiando un poco de todos estos emprendedores que trabajan en pos de promocionar la cultura.

En la pasada edición de la Bienal de La Habana, el Estudio Figueroa-Vives y la Embajada de Noruega también estuvieron presentes…

Tuvimos un momento muy importante durante la Bienal de La Habana, porque hicimos una exhibición bien grande. Nosotros inauguramos aquí en el Parque (calle 21, entre H e I), se hizo un proyecto más público, incluso, social, porque trajimos guarapo y churros; y todo era en la calle, lo que propició que los asistentes, no solo compartieran el arte, sino una experiencia más de vecinos. Ese momento de la Bienal de La Habana fue muy interesante para nosotros, fue toda una experiencia, porque calculamos que vinieron aproximadamente dos mil personas, ni siquiera estábamos preparados para eso; y nos marcó un antes y un después, por la respuesta que empezamos a ver del público. Estamos contentos pues en todas las exposiciones viene muchísimo público; y no es solo en la inauguración, sino en los días siguientes; la gente que pasa por la calle dice “vamos a entrar, vamos a ver la exposición”. Nos ha nutrido mucho ver que vienen aquí, no solo los artistas o el público especializado, sino vecinos, personas que van de pasada o que están en el parque y dicen “vamos a asomarnos, vamos a ver una galería”.

Nos dimos cuenta de cómo teníamos realmente un compromiso mucho más allá del que nosotros entablamos con el arte, sino también el que entablamos con la sociedad. Por esta razón estamos haciendo eventos, exposiciones, encuentros… que atañen a muchos y que demandan de nosotros, resultados, una calidad, una consistencia. Eso nos está motivando mucho a seguir con el proyecto, a hacerlo lo más profesional que podamos, a partir de todas las experiencias que tenemos de años de trabajo.

Hasta llegar a Mutaciones, verdadero estandarte de la colaboración entre varios proyectos con distintos fines, pero un mismo objetivo: la promoción del arte cubano contemporáneo.

En ese sentido, Mutaciones, un proyecto que no solo nos incluía a nosotros y al sistema de colaboración por los últimos tres años con la Embajada, sino que nos dimos cuenta que teníamos que vincular y hablar un poco de qué estaba sucediendo con el fenómeno de estos proyectos independientes y que están teniendo un impacto, sea mayor o menor, pero esencial. Y cómo teníamos todos que reconocernos, entendernos, comprendernos y qué mejor que hacerlo con los proyectos que están sucediendo en el barrio. Cuando nos pusimos a mirar en un rango de tres manzanas, había varios proyectos culturales, independientes y gestados por gente joven, ya fuera una galería privada, un taller de un artista, una sede diplomática o un estudio de arte que genera proyectos de diversas índoles. Era importante, entonces, cómo en una exhibición lograr visibilizar el trabajo de todos ellos y el trabajo nuestro. Y cómo nos reconocíamos, cómo nos respetábamos mutuamente; cómo desde nuestras diferencias en los métodos de trabajo -no las diferencias en cuanto a los intereses del arte, creo que todos tenemos intereses comunes en ese sentido-, las estrategias de trabajo, las estrategias de promoción… todo ello es diferente, pero debíamos resaltar su presencia y su particularidad de alguna forma.

Llegamos a Mutaciones también, porque el Salón de Arte Cubano Contemporáneo que se celebra este año, había lanzado una propuesta, que era el tema de la colaboración, de hecho, el título del Salón es Ensayos de colaboración. En un principio, se acercaron a nosotros, porque querían conocer el método de trabajo del Estudio, su dinámica; porque encontraban en el Estudio un referente al concepto de colaboración que ellos querían plantear en el Salón. Entonces dijimos, ya que el Salón está planteando este tema, vamos a mostrar un poco, incluso antes que este se inaugure, cómo entendemos nosotros el concepto de colaboración, cómo lo defendemos y cómo proponemos que puede ser. Creo que esa es otra de las aristas de la exposición: mostrar lo que sucede, pero también mostrar cómo este pequeño núcleo que se crea, puede expandirse. Incluso en un futuro -esperemos que próximo- se pueda articular un diálogo mayor con las instituciones, sean estatales o privadas, que se reconozcan, que colaboren… Hay ejemplos puntuales de proyectos que se han logrado, pero con un mayor diálogo, un mayor reconocimiento, creo que sería muy provechoso.

En ese sentido, es lo que plantea un poco Mutaciones: esto es lo que existe, nosotros nos conocemos, nos reconocemos y nos respetamos, nosotros estamos abiertos a colaboraciones de todo tipo.

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