La naturaleza infinita de las formas

/ 11 agosto, 2017

Los comienzos profesionales de Flandez Hernández en las artes visuales se remontan a su graduación en la Escuela Nacional de Arte, La Habana en 1985. Desde muy joven manifestó sus dotes artísticas, que constituyen uno de los pilares fundamentales de su vida. Su empeño estético está dirigido a conseguir un equilibrio emotivo de sus intereses profesionales, alcanzando nuevos éxitos con su dedicación a esta pasión, que resume sus inquietudes y constituye su inspiración.

En el desarrollo de su labor se aprecia cómo la escultura es su manifestación predilecta. Esta especialidad representa para el autor un espacio creativo de vital importancia, en el cual recrea elementos del ambiente para conformar su producción artística, asumida desde un concepto que avale el concepto de la resurrección, del renacer, inspirado en la comunión con la danza, la música y la arquitectura.

Dentro del panorama artístico actual, su acto creativo nos remite a la belleza per se de las formas y el color, ambos sustentados por el carácter simbólico, no sólo asumido desde el concepto de la obra en sí misma, sino también expresado por el uso apropiado del tono en cada caso, respaldado por la subjetividad de su experiencia estética mediante un lenguaje distintivo. Su sensibilidad artística simboliza el espíritu de un romanticismo clásico tardío, contextualizado a la usanza del siglo XXI.

El autor asume un determinante estilo al establecer un nexo directo con lo tridimensional. Al asumir esta disciplina potencia la energía de las ideas, asume las dimensiones de la pieza y determina el tratamiento de la composición para garantizar un resultado vigoroso y refinado. Lo que prima en su producción es la originalidad de cada exponente, en los cuales se advierte cómo el aparente movimiento de los elementos se consigue tras lograr un exacto equilibrio entre las partes constitutivas.

La representación de sus imágenes y el control de las partes constitutivas de la escultura parece ser más espiritual que física, por la manera delicada y precisa con que son ejecutados los elementos que afloran en cada exponente. Resulta particularmente excelsa la solución que le da a la terminación de cada exponente, que evoca una composición representativa del movimiento en forma de espiral o un entramado de elementos queriendo sobresalir y ser autónomas, asumidas desde múltiples variantes.

En la naturaleza creativa de su operatoria, la destreza para materializar una idea o un sentimiento en su producción creativa nos remite a su sensibilidad artística, que le ha permitido evolucionar e impulsar su carrera dentro de las artes visuales mediante un derroche de elegancia, expresado con un peculiar discurso estético de gran dinamismo, en la cual la espiritualidad de su quehacer contribuye a crear las claves simbólicas de una sugerente estrategia estética.

La serie de piezas tridimensionales recién concebidas constituyen objeto de nuestra atención. Conforma un conjunto de exponentes que incrementa la trascendencia de su colección de esculturas. El autor nos sorprende con una nueva colección, que ha sido resuelta con composiciones dinámicas, en las cuales se superponen diversas formas, atrapadas por una determinada relación intrínseca a la imagen creada por los sucesivos elementos, que han sido asidos en un todo que converge en un haz, elemento que, al aunarlos, las acoge para que se proyecten y alcancen vida propia.

Su capacidad para recrear imágenes disímiles le permiten proyectar su sensibilidad y crear variaciones sobre un mismo tema. La expresión de esa capacidad creativa emerge cuando, entusiasta y activo, se siente motivado por el universo que le rodea y es capaz de traducir sus ideas y sentimientos en formas, colores y texturas. Para ello, asume un amplio perfil artístico, que transita entre lo neofigurativo y lo abstracto, que le permiten expresar sus sentimientos y sus necesidades estéticas en su variado quehacer.

El autor ha experimentado con diversos materiales para expresar sus motivaciones artísticas. Para ello, recurre a la utilización de diversas técnicas realizadas sobre el material apropiado en cada caso para llevar a vías de hecho sus disímiles propuestas. En su proceso creativo asume la diversidad de materiales para concebir su obra, que puede estar realizada en mármol, bronce, hierro fundido, acrílico, vidrio, yeso, PVC, arcilla (cerámica) o madera, los cuales garantizan la proyección experimental de los soportes utilizados. La naturaleza de cada material tiene carácter propio y garantiza la diversidad de formas que se derivan de las potencialidades de cada soporte.

Su rigor y disciplina artística rigen el éxito de su labor en las esculturas, que están concebidas para ser instaladas en interiores o al aire libre, ya que el material con que están realizados resiste la intemperie. El proceso de creación de estas obras tridimensionales puede ser concebido para ser situadas sobre las paredes – ya sea en su concepción simple o pluridimensional- y pueden ser realizadas en formato grande o pequeño.

Cabe señalar que el común denominador de su discurso reside en el carácter simbólico que comparte su repertorio. Una característica de su labor radica en la recia fuerza formal que habita en los exponentes creados, que no muestran una apariencia de dureza, más bien se siente el vigor del material dominado con amor por el artista. Hay una suerte de magia o encantamiento en estas formas, de una apariencia dúctil, suave, cual si estuvieran complacidas de haber sido creadas.

Los temas que le interesan resaltar en su obra son el resultado de un apego constante a la caricia que nos propone una planta agradecida de su entorno. Tal pareciera que son algas que se encuentran en el fondo del mar, que responden con la danza de sus hojas a los embates de la corriente del mar. Nos recuerdan la música, el ballet, la danza moderna, en fin, sus refinados movimientos sinuosos nos transportan a otras esferas del arte dado por esas motivaciones sinuosas dentro de su inmovilidad. Es un movimiento aparente que está dado por la propia concepción de la imagen. La música rige su universo creativo, ya que se apoya en ella para erigir su visualidad. Estas elucubraciones estéticas logran concretar esa íntima y elegante concreción de la diversidad de formas que se recrean al compás de sus especulaciones intelectuales de sus piezas volumétricas.

Elementos como la atmósfera, el volumen y el silencio de la tridimensionalidad son los ejes directrices de sus estructuras etéreas, sinuosas, cuyo color blanco enriquece su dominio enaltecedor del espacio. El artista comenta cómo este apego por realizar piezas en blanco se debe a mi carácter llano y conciliador, de manera que, para mí, el blanco refleja esa cualidad, que es propio de una tonalidad que potencia los valores de lo pulcro e inmaculado.

La exploración de diversas propuestas, recreadas en estas esculturas de diseños novedosos, provee a su repertorio de una diversidad de expresiones artísticas que enriquecen su acervo cultural. Estas líricas imágenes que tal parecen estar concebidas desde la música y la alegría de vivir, potencian sentimientos que afloran al materializar la imagen poética que simboliza su mundo imaginario.

Su estética se nutre de la diversidad de intereses conceptuales que conmueven su creatividad, la cual considera que es un deudor del constructivismo. Formas, colores y texturas resumen el amplio caudal creativo de este autor, quien transita por el arte figurativo, utilizando diversas técnicas o materiales para lograr la concreción de una obra que merece alcanzar el carácter monumental.

Para desarrollar su habilidad artística se ha planteado una nueva meta en su vida creativa con respecto a la presentación de su labor. Se advierte cuán interesante es considerar la necesidad de ampliar los formatos, los cuales remitirían a la posibilidad de proyectar la presencia de sus piezas tridimensionales en el espacio público, concebidas con las dimensiones que demanda la proyección del arte en ese ámbito.

Al respecto, expresa: “Soy humilde en mis propuestas, pero tengo sueños de alcanzar una amplia dimensión en mi proyecto artístico. Me deleito con la buena música y mi diapasón de posibilidades creativas es muy amplio. Asumo el buen hacer, las líneas definidas, las formas limpias y las ideas desarrolladas. Me propongo concretar proyectos monumentales donde logre la interacción directa de la obra con el individuo, que pueda transitar dentro de la producción artística.”

Hortensia Montero

Hortensia Montero

(La Habana, 1951) Master en Historia del Arte, Universidad de La Habana. Graduada de la Escuela de Museología, Museo del Louvre; de Museología General Contemporánea, Universidad París I; de Documentación y Archivo, Centro de Documentación de la UNESCO–ICOM, París. Desde 1975 es curadora de Arte Contemporáneo, MNBA. Fue Premio Anual de Investigación Cultural 2001, 2002 y 2003, Centro Juan Marinello y Premio Nacional de Curaduría, 2003 y 2006. Autora del libro Los 70: Puente para las rupturas. Profesora adjunta de la Universidad de La Habana.

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