Forma-función

Re-semantizar re-funcionalizando…

/ 9 Enero, 2017

Es probable que desde el auge de la Bauhaus y el concepto de Walter Gropius de que “la forma sigue a la función” muchos hayan decidido indagar acerca de qué nos pueden ofrecer los objetos y lugares más allá de su prístina función. Esto se debe al hecho de que al refuncionalizar espacios y “cosas” se trasciende su mero concepto y se les permite adquirir una dimensión “otra”, marcada por su utilidad en un nuevo contexto. Asimismo, esta concepción responde a la imbricación orgánica entre el arte y el diseño, la cual difumina la delgada línea que históricamente los ha separado. Sobre esta cuerda se montan los artistas que componen la nómina de la muestra colectiva internacional (In) mobiliario, ubicada en Galería Habana desde el 16 de diciembre de 2016 hasta el 20 de enero del presente año.

Los creadores participantes son de procedencia cubana en su amplia mayoría, pero se incluyen otros artistas internacionales como Luis Camnitzer, una personalidad uruguaya que desde la “década prodigiosa” (los ochenta) se ha visto muy vinculado a los procesos artísticos del patio, en especial los asociados a la enseñanza. Es así que la exposición cuenta, al igual que la muestra de fotografía Tócate (Galería Habana, 2013) con trece valiosos nombres: Marcio Almeida, Alexandre Arrechea, José Bechara, Luis Camnitzer, Iván Capote, Yoan Capote, Los Carpinteros, Liset Castillo, Humberto Díaz, Glenda León, Ernesto Neto, Wilfredo Prieto y Esterio Segura.

Si hubiese que destacar los aspectos plausibles de la muestra hablaríamos del peculiar diseño del catálogo, con el clásico contraste moderno entre blanco y negro, y los dobleces a la manera de una sofisticada servilleta. La nómina habla por sí sola, al poseer artistas de varias latitudes, que a partir de un tópico común lograron armonizar en dicho espacio exhibitivo capitalino. Las obras son de la más diversa factura, al viajar desde el soporte bidimensional hasta la instalación y la performance, pasando por la fotografía, el grabado, la escultura, el video y hasta una suerte de intertextualidad con el histórico ready-made duchampiano (El urinario).

Algunas de las obras logran expandirse más allá de la idea curatorial vinculada a la forma-función, pues su hondura conceptual las hace merecedoras de un apartado. Tal es el caso de No rear view mirror, de Iván Capote, trabajo que dialoga con el receptor sobre lo efímero de la vida, sobre el paso inquebrantable del tiempo y nuestra imposibilidad de controlarlo, debido a nuestra finitud. Sin necesidad de leer el título, la frase Don´t look back, que sustituye los números del reloj, deja bien claro que el ritmo de la vida exige mirar todo el tiempo hacia adelante, en la búsqueda del futuro como sinónimo del progreso, pues pese al ciclo monótono de la existencia humana (que nos hace repetir modas, parodiar movimientos artísticos precedentes, y padecer el “síndrome de la nostalgia”), el pasado no ha de volver en su forma íntegra jamás.

Con miras a una cuestión más puntual, Glenda León propone una pieza como Objeto de la Revolución Energética, la cual hace alusión a un proceso de envergadura nacional, en el que se sumió nuestro país para disminuir los “apagones” y aumentar la cultura del ahorro entre los habitantes. La obra juega con el concepto de la vela, como fuente de luz independiente de la energía eléctrica y elabora en su lugar una vela eléctrica, la cual hemos de suponer que no se gasta como las de cera y seguramente consume menos que otras lámparas. Es un guiño a un momento de la historia cubana que involucró a toda la población, que movilizó al pueblo en función de la renovación de electrodomésticos y que trajo consigo una hornada de “trabajadores sociales”, cultivando el interés en el ahorro. ¿Cómo puede un único objeto en una esquina de una galería evocar tantos instantes? ¿Será esa la magia del arte?

Aun cuando la selección de obras es bastante exquisita, en la concepción de la muestra se notaron algunas imprecisiones, las cuales resulta imposible obviar, ya que en cierta medida atentan contra el éxito del evento:

  • en el catálogo no aparecen todas las obras, lo cual no parece ser tan grave, teniendo en cuenta que pusieron una obra de cada artista, pero como el plegable posee una función testimonial a largo plazo, en el futuro pasarían desapercibidas dentro de esta exposición obras como Mar (de Glenda León) y Platos fin de siglo (de Los Carpinteros);
  • la obra de Luis Camnitzer que muestra el catálogo (Garden Wall Door Table) no se corresponde con la expuesta en Galería Habana (El instrumento le placía), cuestión que podría responder a un acuerdo inicial, pactado con el artista con respecto a la primera obra, y a algún imprevisto “X” que obligara a sustituirla por otra equivalente;
  • la obra ubicada entre Eremitério Tropical #2 (de Marcio Almeida) y las dos obras de José Bechara de la serie Paisagem doméstica ou não me lembro do que dissemos ontem no aparece en el catálogo, y tampoco poseía pie de obra, y en caso de tenerlo, no estaba accesible a la vista del receptor;
  • la pieza de Esterio Segura mostrada en el catálogo es tridimensional, y obras de la misma estética han estado ubicadas con anterioridad en espacios como Fábrica de Arte y el Hotel Meliá Cohiba; en cambio, la pieza expuesta es una mixta sobre cartulina, que pareciera ser el boceto o el homónimo bidimensional de la imagen del catálogo.

Pese a los anteriores lunares, la idea que da luz a esta exposición es novedosa y muy contemporánea en un país como el nuestro. El simple hecho de estar emplazada en Galería Habana, dota a la muestra de un valor agregado, pues la historia del lugar da cuenta de su valía. La coexistencia de los tres carpinteros en el mismo espacio expositivo revive momentos de gloria, aun cuando la obra de Arrechea aparezca en soporte bidimensional. La unión de varias naciones dentro de la nómina arroja luces sobre un fenómeno de carácter universal: la multiplicidad de utilidades de los objetos y los lugares, y su aprovechamiento por el hombre en virtud de sus necesidades. Y es que, según palabras de su curadora, Diana Cuéllar Ledesma:

“En un momento crucial en la historia de Cuba, (In) mobiliario buscará también potenciar la capacidad de soñar, imaginar y crear desde la paradoja estética del refinamiento en lo desarrapado, lo novedoso en lo anhelado, y la postergación de la utopía.”

 

Dayma Crespo Zaporta

Dayma Crespo Zaporta

(La Habana, 1994). Estudiante de Historia del Arte de la Facultad de Artes y Letras de La Universidad de La Habana. Alumna ayudante de Arte Africano del Departamento de Historia del Arte. Ha colaborado con el Taller Experimental de Gráfica de La Habana y en especial con su director, el artista visual Octavio Irving, en eventos como la Duodécima Bienal de La Habana y exposiciones personales.

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