Figuras que salen en la noche

/ 1 Agosto, 2017

“Yo, solitario, solo, singularmente acompañado, me miro, creando fantasías agresivas…”

Adriano Nicot

Adriano Nicot (La Habana, 1964) se graduó en la Academia de Bellas Artes San Alejandro en 1995. Su obra constituye un discurso centrado en las relaciones entre los seres vivientes. En su recreación pictórica, aborda el sentido de identidad y la reafirmación del individuo dentro de un ambiente de notable carga emocional mediante una figuración expresionista cargada de gestualidad, resuelta con sutilezas táctiles y formales.

Su narración estética nace de lo autobiográfico, de su visión personal del devenir cotidiano y contribuye a la pluralidad y diversidad de un imaginario poblado de seres humanos y, en ocasiones, de animales, creados por su fértil imaginación.

Nos convoca a una obra resuelta con texturas, apoyadas en la diversidad de colores utilizados, que conforman un cosmos íntimo y desafiante, signado por la agudeza de su discurso. La gestualidad de su figuración es reveladora de la deconstrucción de sus códigos estéticos, que nos remiten a un repertorio singular, asumido con un tratamiento experimental de referencias expresivas.

Sobre su estética nos refiere: “Para mí la ejecución de una obra de arte consiste en haber recorrido varios caminos, mediante la experimentación, hasta llegar a la combinación de una obra orgánica y matérica, resaltando siempre los valores y las riquezas texturales, enfrascado en la búsqueda de nuevos soportes y procedimientos técnicos para desarrollar mi discurso estético.”

En sus imágenes se advierte la luz y la sombra. A pesar de ser obras oscuras, la figuración se hace patente gracias al contraste de su fuerte colorido, en el cual se traslucen las texturas propias del tenebrismo aportado por Goya. La preeminencia de las formas, el color y la luz propia de esa herencia hispana proporciona la integridad y armonía de su personal e íntima producción plástica.

El autor explica cómo “al explorar la riqueza de los relieves y sus numerosas posibilidades expresivas, me interesa poder añadir nuevos significados vivenciales a la obra, incorporando una nueva lectura. La aparición de códigos y de referentes visuales y táctiles, así como el total despojo de significados que se le ha otorgado al objeto, me permite otorgarle una nueva visión a la obra.”

La magia de su ejecutoria se centra en la atracción que provoca su homenaje al individuo resuelto desde su estilo inconfundible, muchas veces acompañado por animales, caracterizados con personalidad propia, conjunción que resulta sugerente para el espectador.

En su tesauro, los personajes difieren en sus características de integración e individualidad. Cada quien transmite su mensaje, independiente del resto de los participantes. Ese entorno sicológico de los seres humanos o animales que conforman la escena, otorga independencia a las figuras, al tiempo que proyecta la lucha entre ellos, apoyada en fuerzas contrapuestas que favorecen el sentido escenográfico.

Dentro de su amplia cartografía contribuye a dignificar el interés por el conocimiento del género humano mediante una operatoria en la que se respira la armonía y la fuerza creativa centrada en la teatralidad de las figuras, cuyas referencias anecdóticas transmiten una fábula inmersa en una atmósfera existencial que circunda la naturaleza de los seres vivientes.

Los diálogos entre los personajes, representados en primer plano, están respaldados por las texturas creadas, de forma experimental, en sus composiciones, cuya estética se destaca por la riqueza temática y formal de escenas resueltas con un elevado valor pictórico y un fuerte componente conceptual.

La creación de una obra de arte es el resultado de haber recorrido varios caminos a través de la experimentación para llegar a la culminación de una forma de arte orgánica donde convergen elementos abstractos y figurativos juntos a las texturas y las formas no convencionales. A través de la experimentación y la búsqueda de nuevas técnicas su trabajo se emparenta con las imágenes que nos recuerdan las pinturas rupestres.

Deudor de la cultura que le antecede, su propuesta conceptual evoca la memoria cultural de su contexto histórico. Su argumento narrativo se apoya en símbolos que permiten la integración del individuo con sus necesidades espirituales mediante una visualidad que denota la maestría de un código visual pictórico resuelto con un estilo personal e íntimo. Su rechazo a las ideas convencionales le conduce a descubrir alternativas enriquecedoras de su lenguaje propio, que le permite relacionarse con el medio ambiente.

La proposición de sus temas denota la singularidad de una poética asumida con imágenes proveedoras de un horizonte de expectativas que supera la actualidad y nos transporta a otros momentos históricos. La sensibilidad del ente humano asoma en los valores integrados de un universo gráfico, personal e íntimo, que proyecta un contexto pleno de armonía centrado en la fuerza de su espíritu.

En su amplio repertorio visual se establece un estrecho vínculo entre su capacidad de concebir y la concreción de diferentes cosmos fabulosos. El artista nos cuenta historias donde se advierte la atmósfera existencial del individuo y sus condiciones de convivencia, resueltas con la magia que circunda la trama dramática de su imaginario. El énfasis que se advierte en su iconografía nos remite a la atracción fantástica de singulares personajes, cuyas referencias existenciales contribuyen a agudizar la teatralidad de las figuras, que dominan la composición y conforman su peculiar discurso estético, al reflejar la inconfundible poesía de su estilo.

La tensión atractiva que se perciben en sus escenas pictóricas delata esa necesidad de explayar sus sentimientos en el lienzo. El maestro Manuel Vidal, vital integrante del mítico grupo Los Once, ha comentado: “El pintor Adriano Nicot pinta pintura matérica. Si los hombres y mujeres de su materia y la materia de sus hombres y mujeres irradian una transparente espiritualidad es porque ha sido humanizada, metamorfoseada y transfigurada por el trabajo fabuloso y fabulador del artista.”

Hortensia Montero

Hortensia Montero

(La Habana, 1951) Master en Historia del Arte, Universidad de La Habana. Graduada de la Escuela de Museología, Museo del Louvre; de Museología General Contemporánea, Universidad París I; de Documentación y Archivo, Centro de Documentación de la UNESCO–ICOM, París. Desde 1975 es curadora de Arte Contemporáneo, MNBA. Fue Premio Anual de Investigación Cultural 2001, 2002 y 2003, Centro Juan Marinello y Premio Nacional de Curaduría, 2003 y 2006. Autora del libro Los 70: Puente para las rupturas. Profesora adjunta de la Universidad de La Habana.

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