Fidel García y su #232322

/ 10 febrero, 2015

A pesar de la paranoia que pueden provocar las potencialidades de reproducción de ideas que permiten los experimentos conductistas, los recursos empleados por los Estados para imponer las ideas que le interesan en la mente de las personas, se expresan de muchos modos, entre los cuales la tortura y la coerción directa representan una ínfima parte. A nivel de colectivo, uno de los principales mecanismos usados es la automatización, de manera que los sujetos se incorporen de forma natural al lugar común. Cuando un grupo social denota un pensamiento como tácitamente aceptado, al poder no le es necesario obligar a los individuos descarriados a comportarse siguiendo sus reglas pues el colectivo, en su lugar, se ocupará de ello. En nombre de muchas de esas ideas arraigadas en la sociedad, se han cometido las mayores atrocidades.

La quinta Etapa de trabajo en la que se encuentra inmerso el artista Fidel García, se aboca a dinamitar precisamente este principio de reproducción del poder. Para ello evita enfrentar directamente los sistemas de dominación y no pretende desarmar nada, como hiciera en etapas anteriores; esta vez se ocupa de manipular y procesar flujos de información que tienen una relación directa y sensible con el contexto cubano.

El paso de avance que veo en esta nueva entrega es que paulatinamente ha logrado cerrar el cerco de pretensión en el alcance de la obra, lo cual deriva en un certero movimiento de síntesis. Con el tiempo su trabajo se ha vuelto una actitud de vida, más allá de la cumplimentación de la necesidad de comunicar estéticamente, de manera que ya no necesita asumir una impostura calificable con el epíteto arte, es decir, su producción artística es una extensión de sí mismo como sujeto.

Enfrentar exegéticamente la obra de Fidel García siempre es un interesante ejercicio de intelección. Aún cuando su trabajo parezca muy críptico, o se resista a ser entendido del todo, si se es lo suficientemente pertinaz siempre se podrán encontrar pistas para reconstruir un nuevo discurso, quizá totalmente ajeno al que nos propone el artista. El sentido último de su quehacer es instarnos a no aceptar nada pasivamente, a cuestionarlo todo, a no ceder ante lo que nos han sembrado en la mente como “lo correcto”. A fin de cuentas, la verdad última no le pertenece a nadie y cada quien está en todo su derecho de defender la que le parezca más acertada o con la que realmente se sienta identificado.

#232322: Notación hexadecimal del color “gris oscuro casi negro” que usa Fidel García en toda su obra.

 

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