Entre memorias y criaturas mitológicas

Una Isla dormida…

/ 21 agosto, 2017

                              “Ibrahim Miranda es sobre todo un creador de mitos, o quizás de ficciones (…). Es un mitógrafo, aunque a menudo se devane los sesos tratando de hacer otras cosas, de forzar su imaginación formal, cromática, compositiva o sus habilidades técnicas”.

Orlando Hernández

Entre olas regresa Ibrahim

Ibrahim Miranda Ramos no solo constituye uno de los más grandes exponentes del arte cubano de la década del noventa, sino que en la actualidad nos sigue sorprendiendo con su incuestionable capacidad de traducir con imágenes el sentir de una nación. Así lo verifica su actual muestra KraKen, ubicada hasta septiembre del presente año 2017 en la Galería Orígenes del Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso.

Tópicos

El título de la expo solo constata una vez más que en su obra el mito y la insularidad van de la mano, ya sea por las metamorfosis que sufren las islas –especialmente Cuba– en sus sui generis mapas o por la condición de criaturas marinas, provenientes de la mitología, del nórdico kraken y las japonesas kawabatas.[1] Ibrahim repara en el mar y, a partir de este, edifica historias, las cuales tienen como meta final establecer diálogos entre Cuba y Japón, siendo la insularidad el nexo común. Cual Kraken gigante, el creador devora numerosos géneros literarios y, con sus largos tentáculos, toma de cuanta fuente conoce para dar a luz sus piezas.

Asimismo, es apreciable cómo la carga autorreferencial ha permeado su obra desde el inicio, de ahí que las nociones de familia (ver las diferentes ediciones de la serie Atlántida secreta) e identidad (ver obras como Isla dormida e Isla erecta) permanezcan como constantes temáticas en casi toda su producción.

La nostalgia por el pasado o el afán de conservarlo es también recurrente en su quehacer creativo, no solo por la necesidad de conservar la memoria de la Isla, sino también por un instinto incontrolable de mirar a lo ya acontecido para intentar revivirlo a cada instante. Tal es el caso de las series BoomBox.

De herramientas, técnicas y dimensiones

Aun cuando su formación académica es en el área de la gráfica, Ibrahim ha demostrado ser un artista muy versátil, cuestión que le permite –al igual que a sus personajes– nadar en diferentes aguas. De esta manera, nos presenta obras en las que el grabado y la pintura se entrelazan sobre un mismo lienzo de tal manera que parecen danzar. En este sentido, el paso de los años solo ha fortalecido, aún más, la destreza formal demostrada desde su emersión en el panorama artístico del Patio a finales de los ochenta. Emplea procedimientos de la gráfica y luego interviene la pieza con otras técnicas; al hacerlo, dota las obras de unicidad (de único) y acaba con el mito de la reproductibilidad, el cual le es tan caro al grabado.

La expo constituye un muestrario del quehacer creativo del artista en los últimos cinco años aproximadamente, donde a partir del gran formato y violentos contrastes de color nos muestra sus actuales búsquedas y obsesiones.

Colofón

A más de dos décadas de su graduación del Instituto Superior de Arte (ISA), en 1993, Ibrahim se mantiene fiel a su iconografía genésica, así como a sus inquietudes investigativas, volcadas generalmente a la antropología. Su obra está colmada de drama, desde los personajes hasta la gama de colores que emplea, y comporta un arsenal de citas y herencias, a veces imposibles de asir en su totalidad. Nos recuerda la fuerza contenida en el trabajo con tinta negra de su contemporánea y amiga Belkis Ayón, su gallo le realiza un discreto guiño a Mariano Rodríguez buscando reconectar con el legado vanguardista cubano, sin contar el hecho de que sus famosas calaveras son deudoras de la gráfica mexicana de José Guadalupe Posada.

Orlando Hernández sigue de cerca el trabajo de Ibrahim y, como fiel escudero y amigo, intenta traducir con palabras los resortes que desde la plástica mueven a este artista, de ahí que sea el responsable de las palabras al catálogo (entiéndase plegable en este caso puntual). Acertadamente, con motivo de esta muestra, el experimentado crítico de arte expresó:

“Ibrahim Miranda es probablemente el único gran monstruo mítico con que cuenta actualmente el arte cubano, (…) un habitante de las oscuridades oceánicas, (…) un Kraken (…) que cada cierto tiempo aparece en la superficie bufando y vomitando tinta y sangre para mostrarnos la verdadera imagen de los abismos (…) que se halla bajo la superficie luminosa y confusa de esta isla que habitamos, para alegría o terror de nosotros, los ahogados y los sobrevivientes”.

[1] Suerte de fantasmillas pertenecientes a la cosmovisión japonesa. Estos viven en el mar y poseen ciertas propiedades mágicas.

Dayma Crespo Zaporta

Dayma Crespo Zaporta

(La Habana, 1994). Licenciada en Historia del Arte. Profesora de Antropología del Instituto Superior de Arte (ISA). Miembro del Consejo Editorial de la Revista Universitaria UPsalón. Colabora con publicaciones como UPsalón, ArtOnCuba, A Mano, Cachivachemedia, D Aquí, etc.

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