De confesiones y confesionarios

Conversando con Duvier del Dago

/ 20 agosto, 2015

Se encontraba restaurando una pieza suya en la Galería Villa Manuela. A las ligas deshechas y partidas que conformaban su dibujo “instalado” sobre un tablón rojo de madera, sobrevenían como una suerte de salvación unas gomas nuevas, empaquetadas y de aparente garantía. La obra comenzó a recobrar la vitalidad inicial aunque las formas y posiciones no volvieron a ser las mismas. Este simple hecho fue suficiente para recordar el impacto de Salvación, sus tres piezas en Detrás del Muro, durante esta 12ma edición de la Bienal de La Habana. Ante su apretado tiempo, entre ligas viejas y nuevas, Duvier accedió a conversar un poco sobre esta reciente producción.

La obra que presentaste (en) “Detrás del Muro” se llama Salvación. Cuéntanos cómo surgió la idea de hacerla.

Esa pieza, al final resultó… aunque te voy a hacer la historia desde el principio. En un inicio eran tres sillas de salvavidas, después llegó a ser una sola pieza, que era un reloj de sol gigante, se llamaba “secreto”. Era una especie de plataforma donde el espectador ascendía y podía ver la hora, pero al mismo tiempo tenía una trompeta gigante y se le trasmitía una frase, muy mínima y bajita, es decir, tenía que aproximarse para escucharla. Eso tenía una cámara de vigilancia que al mismo tiempo registraba ese momento, viendo la reacción del espectador. Pero eso desde el punto de vista físico no se pudo realizar porque el reloj de sol tiene que ubicarse orientado al norte, y teniendo en cuenta los 23 grados que tiene La Habana con respecto al Ecuador y la altura que tiene el muro del Malecón que a veces tiene 150 o 120cm, y la sombra que este proyecta hacían un poco compleja su realización. No se pudo hacer en otro lugar. Yo pedí un sitio más grande, pero no pudo ser, y la pieza derivó en tres torres. Primero el reloj de sol estuvo incluido en una torre un poco más chiquita y tampoco se pudo hacer, es decir, que al final el reloj de sol fue lo que generó todo lo demás, pero nada, me gustó el proceso y tiene su lugar también esta pieza dentro de esta historia. Al final regresé a lo de las sillas de salvavidas inicial y se hizo una de las torres alusivas a la silla inicial que se había diseñado y quedó completada la serie.

Fue una idea bastante jocosa. El Malecón es un lugar de La Habana con mucha historia, es un lugar emblemático de la ciudad. Por el hecho de ser el límite físico e histórico, y también ideológico, me pareció que era muy interesante hacer unas especies de sillas de salvavidas. Tomar el malecón ya no tanto por la cosa seria con todo su historial, sino más bien, como esparcimiento. La idea era hacer tres sillas de salvavidas que pudieran aludir al valor histórico de escapar de la ciudad y de salvar vidas. Miden 5 metros cada una. Por su propio material no necesitan ser cuidadas o vigiladas. Ellas viven por sí mismas. La gente va a poder subir e interactuar con ellas. Son bien pesadas.

Estas sillas se fueron transformando en tres esculturas hechas con madera. Es decir, son como palabras muy cercanas a la historia del hombre en sí mismo. Le fui dando a las piezas el sentido de autosalvarme a mí mismo y de miles de cosas, y de presentar también una propuesta diferente con otro material que, desde el punto de vista escultórico, me permitiera hacer como una especie de experimentación en cuanto a espacio. Esta vez experimenté con materiales diversos. De hecho, las piezas se concentran en metal y madera principalmente

¿Que otros referentes utilizaste para hacer esas sillas de salvación, además de los bíblicos?

La ubicación misma de las sillas alude a las direcciones donde se encuentran emplazadas. Las calles de La Habana tienen un simbolismo. Hay una de las torres que está entre Campanario y Perseverancia. Esa es el “confesionario”. La silla del salvavidas está puesta en una zona donde más penetra el mar en el Malecón. Ahí es donde más fuerza habría que tener en caso de que alguien decida tirarse al mar. La otra es la de vigilancia que está justo frente al morro. Es como una relación directa con el Morro o con cualquier tipo de cosa que quiera entrar a la bahía. Esa es la garita de vigilancia.

Son piezas muy interactivas, son piezas para que el espectador suba y descubra otro punto de vista de la realidad. No va a haber custodio, en esta ocasión las piezas están liberadas de alguien que diga “haz esto” o “haz lo otro”.

¿Qué significó para ti trabajar en el mega-proyecto Detrás del muro?

Este proyecto de Juanito, al estar en un espacio abierto te permite hacer muchas cosas, es como una cartulina en blanco en la que puedes crear desde cero. Después están los permisos y tal… pero me encanta trabajar en espacio abiertos. Las galerías a veces están como viciadas: “porque este espacio es para esto… o este espacio es para lo otro”. El espacio abierto te permite eso… soñar con otras cosas. Ya me había sucedido en la edición anterior, había hecho una pieza en la que todo el proceso fue muy interesante. La experiencia monumental, el hecho de insertar una pieza en un espacio público es muy interesante, la interacción con el espectador ha sido de las cosas más gratificantes de la pieza.

Cuéntanos un poco sobre el resto de los proyectos que presentaste en el marco de esta 12ma edición de la bienal.

En la Cabaña tengo una exposición de dibujo, que es algo que nunca había presentado en La Habana. La gente sabe que yo dibujo pero nunca han visto dibujos concentrados en un área. Por el resto de las instalaciones, que fue la forma por la que más se me reconoció en un momento determinado, la gente piensa que provengo de un mundo informático, matemático, u otra formación que no es artes plásticas. Ahí tengo una serie de dibujos que se llama “La historia es de quien la cuente” y es un poco contarme la historia de mi país a mi forma. También tiene que ver con la manipulación de los medios de difusión y una serie de cosas que tienen que ver mucho con Cuba, un lugar donde la información es dosificada, administrada. Eso me da pié para crear muchas imágenes que estoy viendo todos los días, pero que de alguna manera uno se limita al hablar sobre esos temas. A través del dibujo puedo hacer mis comentarios.

Son dibujos de 1 metro por 70cm, y son acuarela sobre cartulina, con tinta. Son dibujos de un corte realista y de cómic. Tengo una forma de dibujar cercana al mundo del cómic, como un historietista. Eso también me sirve didácticamente para hablar, porque la historieta es muy didáctica. No tengo texto, pero tengo imágenes. Parece una secuencia de una historieta.

¿Qué crees de esta edición de la Bienal y las expectativas que tuvieron los artistas?

La vi muy apurada, la gente como que se creó unas expectativas como las que no había visto nunca en otra bienal, hubo un apuro tremendo por hacer todos los proyectos. La bienal debería ser una cosa que empiece en una fecha determinada y a partir de ahí generar los proyectos. Todo tiene que ocurrir antes de que pase. Ese apuro me tiene un poco desilusionado del evento como tal, no está ocurriendo de una manera natural.

 

Claudia Taboada Churchman

Claudia Taboada Churchman

La Habana, 1990. Crítica de arte y curadora para la Galería Villa Manuela. Textos suyos pueden consultarse en catálogos de exposiciones y en publicaciones como la revista Artecubano, Revolución y Cultura, La Jiribilla, el tabloide Noticias Artecubano y los sitios web Habana Patrimonial y Habana Cultural. Recientemente uno de sus proyectos curatoriales fue premiado con la Beca de Curaduría que otorga el Centro de Desarrollo de las Artes Visuales.

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