Cuerpos, naturaleza, religiosidad y performance (II)

Cuando el arte se parece a la felicidad y existe para interpelar al ojo que mira

/ 21 octubre, 2017

(…) Segundo Acto

Mendive pone a dialogar al cuerpo con la naturaleza a través de animales como el pavo real o con espacios sagrados como el cielo y la tierra; y en función de estas relaciones selecciona colores y/o formas determinados. De este modo, representa la metáfora de un elemento religioso o natural, de un orisha y su respectivo micromundo. A la par deviene símbolo que da lugar a lecturas plurales, asociadas a universos diferentes, dada la multiplicidad de intereses y estudios que tiene el creador en su haber (Artes Plásticas, Etnología y Folklore, Historia del Arte, Técnicas de Dibujo Animado, etc.).

La Dra. Lázara Menéndez, arroja luces sobre este tema al plantear que en su poética discursiva: «se siente la necesidad de hacer visible lo no-visible […] la necesidad de expresión de lo no-visible pasa primero por el reconocimiento del cuerpo. Cuerpo que no se concibe como un objeto destinado a la contemplación, pasivo y puritano, sino capaz de vincular al hombre con todas las energías vitales visibles y no-visibles».

Mediante el uso de la expresividad del cuerpo, Mendive busca aproximaciones con las prácticas rituales, al hacer coexistir en la performance la música (mediante la percusión e incluyendo en algunos al akpwon cubano Lázaro Ross), la danza (por la libertad expresiva de la danza contemporánea) y el teatro (a través de la dramaturgia, la corporización y la ruptura de la cuarta pared).  Hay mucho de improvisación en la puesta en escena, pues Mendive concibe el eje central (dígase idea matriz o tema) y luego los bailarines crean y encarnan sus propios personajes al partir de dicho «pie forzado» y de las figuras pintadas sobre sus cuerpos. Mendive lo define de la siguiente manera: «después que son pintados ya no son ellos; son la composición que hemos creado, cada elemento sabe dónde situarse».

Se aprecia mucho de espectáculo, lo que ubica a la performance mendiviana dentro de las teatralidades liminales –o teatro postdramático–; esto se evidencia a través de la mímica, de la hipérbole de los gestos, del colorido de los cuerpos desnudos, portadores las obras plásticas de Mendive, y de añadiduras como máscaras intervenidas igualmente por el artista.

La utilización del cuerpo humano como herramienta del lenguaje expresivo en sus performances ha abierto otros horizontes a su obra. La metamorfosis del hombre en animales, espíritus, orishas, etc., carga la acción de histrionismo, espontaneidad e improvisación, dado el hecho de que Mendive no condiciona la interpretación de los modelos, sino que les da la libertad de configurar los personajes a corporizar a partir de una idea matriz. Pese a la producción de espectáculo que posee, como performance al fin, de la inserción de los receptores –en las variantes performáticas donde está presente– depende el completamiento de la obra de arte. En palabras de Mendive:

También están el músculo y la energía que tenga en este caso el modelo, el bailarín; y como yo ponga un elemento en el cuerpo, él lo va a mover y va a cobrar vida. Es muy interesante, porque es una pintura en movimiento, una pintura que se traslada, que va desde mi cabeza hasta el infinito; y muy importante y agradable, porque el público puede ser partícipe de esa conversación o de esa gran historia que estoy contando en ese momento. Cuando el público se incorpora, y logro pintarle una mano, quizás un brazo, un rostro, ya no es un espectador, sino también un personaje que está en mis cuadros. […]

La idea de tener un cuerpo vivo que va a tener movimiento y que puedo crear muchos personajes, me entusiasma. La concepción de transmitirle ideas a un cuerpo ya creado y transformarlo a otra manera: cómo es y cómo yo quiero que sea, me entusiasma mucho más.

Escoger los cuerpos es muy rico y enriquecedor. Porque cada cuerpo, cada piel, cada espacio en nuestro cuerpo tiene belleza y me transmite algo, y así le voy dando vida diferentes partes del cuerpo como mismo sucede en un cuadro cuando quiero dar la idea de que un árbol está envejeciendo, se va transformando, cómo va adquiriendo grietas, cómo los claroscuros son cada vez más intensos. Y eso sucede también con el cuerpo y con el alma, pero como el alma no se ve, lo que uso es el cuerpo, que es el que puede dar el reflejo de lo que tenemos dentro, que es lo más interesante: lo que uno tiene dentro que no quiere o no puede decir o que no sabe decir.

Colofón

La obra performática de Manuel Mendive constituye un reflejo de su personalidad y cosmovisión, cada personaje impreso sobre la piel de los performers cuenta una historia y da la oportunidad de leerla de acuerdo a la experiencia y formación cultural del receptor. El espacio que sirve de escenario a cada una de las variantes performáticas llevadas a cabo abre paso a la incertidumbre, pues la improvisación de los bailarines y el grado de interacción que logren con el público son elementos imposibles de prever, cuestión azarosa que hace a cada acción única. Como dijera Pierre Restany refiriéndose al artista: «Mendive es un fait-à-part, aparte también de su propia cultura, porque vive aparentemente demasiado bien en su complejo ambiental, vive como el pez en el agua y esto quiere decir muchas cosas».

El cuerpo que propone Mendive en sus performances está pleno de ecumenismo; bebe de muchas fuentes y no discrimina nada. Así, la libre interacción entre los cuerpos propone una reflexión sobre la homofobia y las instituidas relaciones de poder hombre-mujer y blanco-negro. No hay condicionante alguna que determine la selección de sus performers, ni los papeles a interpretar por cada uno de ellos. La asignación de los personajes depende de la preparación física y la destreza de quien los encarna, esa particularización garantiza el éxito de la acción. Es por ello que su obra performática es un canto al orgullo propio, donde no interesan cicatrices, espacios de flacidez, obesidades, ni arrugas; denota la necesidad de reconocer en uno algo más que un cuerpo estéticamente adecuado o no, incita a excavar en lo invisible a los ojos.

Dayma Crespo Zaporta

Dayma Crespo Zaporta

(La Habana, 1994). Licenciada en Historia del Arte. Profesora de Antropología del Instituto Superior de Arte (ISA). Miembro del Consejo Editorial de la Revista Universitaria UPsalón. Colabora con publicaciones como UPsalón, ArtOnCuba, A Mano, Cachivachemedia, D Aquí, etc.

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