Cuando la arquitectura se parece al hombre

/ 29 Octubre, 2014

Fernando Salinas y su dimensión de la cultura ambiental

No son maestros de la forma arquitectónica los que demanda nuestra época con tanta urgencia, sino maestros de la forma nueva de sociedad y de su estructura (…)

Fernando Salinas

 

Fernando Salinas nunca ha sido un nombre más dentro de la historia constructiva cubana. Resulta ser él uno de esos extraños pero atractivos casos, donde el calificativo de “arquitecto” adquiere connotaciones insospechadas que amplían su significación hacia un concepto mucho más integral de proyectista. Encontramos en su trayectoria al arquitecto, al diseñador, al urbanista, al teórico, al funcionario, al pintor, al poeta… pero, sobre todo, al creador multifacético preocupado por el hombre, la cultura y por la interdisciplinariedad como premisa para la concepción de la obra. Una postura o actitud que se convertirían en la teoría central de su pensamiento arquitectónico: la cultura ambiental entendida como el conjunto e integración de todas las escalas del diseño.

Rastreando en el tiempo, el cimiento de estas concepciones quizás se localiza en aquellos primeros años en los que, junto a Raúl González Romero, forma una sociedad de arquitectos. Corrían entonces los años cincuenta y el Movimiento Moderno estaba en pleno apogeo. Es entonces cuando Salinas comenzó a proyectar edificios y todo lo que había detrás de la fachada. Obras como la Casa de Higinio Miguel (de)muestran estas primeras incursiones en la concepción integral de un inmueble: desde el modelado de la expresión general del edificio hasta el mobiliario e, incluso, en las piezas metálicas y en las carpinterías. Significativo también resulta que durante este período comenzara a diversificar sus formas de expresión a través de la poesía y la pintura.

Aun cuando son estos los primeros atisbos su interdisciplinariedad, fue al Triunfo de la Revolucionario, época en la que se creaba una arquitectura para el hombre nuevo, cuando al ejercicio práctico se le une a un sólido pensamiento teórico. Salinas se convirtió así no solo en uno de los protagonistas de la nueva arquitectura, sino también en su teórico más importante desde el Congreso de la UIA en 1963 donde fuese relator general. Plena coherencia entre accionar e ideología que habría de permitirle visionar y construir un proyecto arquitectónico acorde a las necesidades del Tercer Mundo.

Entre sus ideas resultó prioritario “hacer más con menos”, o los principios del cambio y el crecimiento, el de adaptabilidad, el de flexibilidad. Sin embargo, el núcleo rector de su pensamiento y, sin dudas, uno de sus principales aportes lo constituyó la maduración de nociones inéditas en el contexto cubano: cultura y diseño ambiental. Así, mientras la cultura ambiental resultó ser una síntesis de las condiciones del medio natural, el urbanismo, la arquitectura, el mobiliario, los objetos utilitarios y decorativos (…) la pintura, la escultura, el diseño industrial o artesanal, el gráfico, fotográfico, (…) en todas sus relaciones entre sí y con los individuos que las perciben en un medio social, económico, ecológico y cultural específico de su historia.[1] El diseño ambiental sería el método artístico y científico que, por medio de equipos multidisciplinarios, actuantes en todas las escalas de la vida cotidiana, lograría una configuración integral y coherente de los ambientes. Fue quizás en la Embajada de Cuba en México donde mejor quedó explicado esta búsqueda de la cultura ambiental. Aquí la integración de arquitectos, diseñadores y artistas plásticos como Mariano Rodríguez y Luis Martínez Pedro, garantizaron la representación de los símbolos cubanos en cada una de los niveles por medio de un trabajo coherente en todos los espacios.

Nociones que, por otra parte, se diversificaron en escritos, conferencias e, incluso, en su labor pedagógica. En esta última, dado su papel como redactor junto con Raúl González Romero de un nuevo plan de estudios para la Facultad de Arquitectura, garantizó la inserción de asignaturas como Plástica con la participación de Raúl Martínez, Antonia Eiriz y Tomás Oliva; Fundamentos de la Arquitectura que, dirigida por Joaquín Rallo, aportaba conocimiento de la forma, el color y el espacio; y los “talleres verticales” que lograron en estudiantes la implementación de métodos de análisis en la realidad específica. Se trató entonces de llevar a la misma estructura educacional los conceptos integracionistas entre disciplinas artísticas. Pero, por otro lado, estas acciones nos revelaban a un Fernando Salinas que al igual que sus nociones, resultaba medio integrador de diversas disciplinas: arquitecto/teórico/diseñador/profesor.

Lo cierto es que cuando más cerca pareció estar la utopía reveladora del diseño ambiental (o cuando un hombre casi logra un sueño), fue durante el período en el que Fernando Salinas asume la dirección de la Sección de Artes Plásticas y Diseño del Ministerio de Cultura.[2] Su papel aquí sería determinante para lograr un mayor desarrollo de las disciplinas creativas -artes plásticas, diseño gráfico, industrial, arquitectónico y urbano-; así como para asegurar la integración de todas en un mismo proyecto dirigido por equipos multidisciplinarios. Eventos como el Salón Nacional de Pintura en Bayamo, el Salón Nacional de Grabado en Camagüey, el Salón Nacional de Dibujo en Pinar del Río, y el Encuentro de Diseño Ambiental en Isla de la Juventud demuestran el justo equilibrio que pretendió lograr para todas las manifestaciones y regiones. Por otro lado, a su impulso renovador no solo debemos la ocurrencia de dos exposiciones paradigmáticas, como Volumen I o Detrás de la fachada, que constituyeron, respectivamente, el detonante esencial de la plástica de los ochenta y la inserción del arquitecto en el marco de la galería; sino también la idea de una institución para la comercialización del arte cubano (Fondo de Bienes Culturales) y de un consejo que se encargara de guiar el desarrollo de la escultura monumental y ambiental (CODEMA)[3]. Aunque, sin dudas, de las acciones más importantes llevadas a cabo bajo su dirección fueron las que se destinaron específicamente al diseño ambiental y que tuvieron en el Palacio Central de Pioneros Ernesto Che Guevara, su exponente mejor logrado. Un proyecto experimental que demandó tanto del trabajo con la pintura, la gráfica, la escultura, como de la participación de arquitectos y diseñadores para su organización. A estas iniciativas habría que sumar otras que como Telarte, Arte en la carretera, Arte en la fábrica y Arte en la comunidad redondearon durante este decenio las concepciones de una propuesta de cualificación integral del ambiente.

A finales de los ochenta Salinas ya no se encontraba al frente de la Sección de Artes Plásticas y Diseño. Sin embargo, su decisivo papel como promotor del movimiento artístico continuaría como presidente de la Sección de Diseño Ambiental en la UNEAC que, creada en conjunto con otros arquitectos, dirigiría hasta su fallecimiento en 1992.

Práctica arquitectónica y teoría fueron consecuentes en la trayectoria de Fernando Salinas a lo largo de medio siglo de intenso trabajo. Sea tal vez su aporte más significativo el haber mostrado que nada en términos proyectuales es aislado, sino que todo forma parte de un entramado unitario de los valores culturales que habrían de definir nuestro ambiente.

He luchado toda mi vida –dijo el Maestro- por una concepción integral de la cultura cubana que comprendiera el diseño, la arquitectura, el urbanismo, en fin, todas las escalas de lo que definiéramos como diseño ambiental.[4] Un diseño ambiental que justamente constituyó el resultado de su espíritu creador, de su sensibilidad y amplios conocimientos culturales, pero también de su incursión en más de un campo intelectual y de creación. De hecho, la interdisciplinariedad que él mismo proyectó en su rol de arquitecto, teórico, promotor, diseñador y profesor se homologa, en términos teóricos, con sus ideas de imbricación de todas las esferas de proyección para la configuración de una cultura ambiental. La suya, la suya pareció ser una época donde la “arquitectura” comenzaba a parecerse al hombre o, quizás, al sujeto creador.

[1] Salinas, Fernando. La cultura de la vivienda cubana. Arquitectura y urbanismo, No 3/2002, p.47.

[2] El ministerio de Cultura fue creado en 1976 por Armando Hart como parte de una política de incentivo artístico y cultural tras la crisis del denominado “Quinquenio gris”.

[3] Surge como resultado de los concursos promovidos durante los ochenta a nivel ministerial para imbricar al escultor, arquitecto y urbanista en proyectos para el diseño de plazas urbanas.

[4] Segre, Roberto. Los espacios del hombre pleno. Entrevista a Fernando Salinas. Arquitectura y urbanismo, La Habana, No 3/2002, p. 80.

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Comments

Daniel González Alfonso

29 Octubre, 2014

Excelente texto sobre la labor de Fernando Salinas como arquitecto, diseñador, urbanista, teórico, funcionario, pintor, etc.

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