Apología del posible vuelo

La Ruta de la Seda ha regresado

/ 7 noviembre, 2017

“Solo en el arte nada es imposible”

José Lezama Lima

Para aquellos que no recuerdan su nombre, o simplemente no lo conocían, antiguamente las civilizaciones china, india, persa, árabe, griega y romana se entrelazaban económica y comercialmente en la Ruta de la Seda, permitiéndose así un enriquecimiento cada vez mayor del mundo y las diferentes regiones. Precisamente, se les llamó Ruta de la Seda a los caminos que conectaban a la otrora China con el mundo occidental, convirtiéndose y afamándose no solo como una fructífera vía comercial, sino también como una forma de intercambio cultural flamante en aquellos tiempos.

Siguiendo esas premisas y con el objetivo de rendirle honor, la 7ma Bienal Internacional de Arte de Beijing, en China, en esta edición de 2017, propuso como eje temático La Ruta de la Seda y las Civilizaciones del Mundo, en torno al cual giró el criterio curatorial y la disposición museográfica en el Museo Nacional de Arte de Beijing, sede de este evento. La bienal trazó como pauta la difusión y comunicación del pensamiento y postura de más de 4000 artistas de diferentes países del mundo, entre los que se encuentra una fuerte representación de América Latina y el Caribe.

El llamado de atención inherente en dicho tema está en función de dar a conocer y divulgar el espíritu característico de lo que fue la Ruta de la Seda, el impacto positivo que significó entre las diferentes culturas, el toma y daca que propició su puesta en práctica, y el aprendizaje mutuo que devino resorte fundamental para la integración cultural pacífica entre los pueblos del Oriente y el Occidente y que se ha mantenido en el interior del pueblo chino.

Con una representación de más de 120 países de todos los continentes y con una selección de 652 piezas de diferentes formatos que van desde la pintura y escultura más tradicionales hasta la instalación y la video-creación, Cuba se abre camino, una vez más, en este escenario artístico internacional con la obra Vientos helados (2015), del joven creador Asniel Salvador Herrera (Chuli) (Camagüey, 1987), resultando el único artista del patio seleccionado en esta edición.

No obstante, ya desde el 2014 este creador comenzó un diálogo directo con China al recibir un programa de residencias para artistas latinoamericanos en Hanhzhou; y al año siguiente es seleccionado para participar en la 6ta edición de la bienal. Estos momentos le propiciaron un acercamiento mayor a esa cultura y su vinculación con ella, lo cual continuó con su participación en la 7ma bienal al ser seleccionado nuevamente.

La mayoría de las piezas presentadas amplifican más el tema propuesto, y abarcan problemáticas mayores trabajadas desde diferentes ópticas, formatos y materiales. Desde los paisajes más tradicionales, rostros impersonales y expresivos que contextualizan un poco la travesía de la ruta, hasta obras más tendientes a la abstracción o vanguardistas en su concepción como algunas instalaciones y videos, se conforma el corpus artístico de esta bienal que comenzó el 24 de septiembre y se extendió hasta el pasado 15 de octubre. Vientos helados no fue la excepción en este evento. Esta es una pieza relativamente joven que forma parte de una serie con el mismo nombre, realizada en colaboración con Mónica Cárdenas Vera, diseñadora gráfica de Colombia, con quien Chuli intercambió durante su estancia en Medellín en el desarrollo del proyecto Síntesis que llevó a cabo junto a cuatro artistas más de Colombia.

El hecho de que Chuli Herrera resulte el único cubano presente en la bienal constituye un logro doble, tanto para él como curriculum y trayectoria artística, como para Cuba en lo que a presencia y proyección cultural nacional se refiere en una plataforma artística de amplia solidez y fuerza como lo es la Bienal Internacional de Arte de Beijing. El intercambio, en tres ocasiones ya, de Chuli Herrera con el pueblo, las costumbres y la cultura de China le han favorecido en su concepción, maduración y proyección personal y creativa.

En su pieza Vientos helados recurre a la representación gráfica de la abeja (aunque en la serie completa utiliza aves, otros insectos y diversos elementos) de manera continua y seriada en toda la amplitud del lienzo, superpuestas a la imagen que previamente ha pintado. El escorzo manifiesto de un cuerpo masculino, que remeda en cierto modo, las clásicas posturas de las pinturas de crucifixión, es inundado a la vez que elevado por el vuelo de la abeja sobre él.

La alusión al vuelo como característica natural de la abeja, representada en un momento de impasse, es reflejada en ese cuerpo que parece quedar suspendido en un estado de congelación a través de la técnica pictórica, y devela un discurso analógico a la vez que controversial entre ambos seres y sus respectivas capacidades naturales. Es a través de los predios del arte que el creador les ofrece la confluencia del vuelo: el universo natural del primero y el utópico del segundo, posibles en términos artísticos para ambos. Entiéndase confluencia desde la técnica, desde el arte, desde la imaginación; y controversia en la realidad, en la objetividad de la naturaleza del sujeto frente a aquello que le es diferente e inalcanzable.

El intercambio está presente en esa interconexión de dos capacidades diferentes, dos universos naturales diferentes, dos posibilidades que el artista hace confluir desde la representación pictórica, con notable dosis de gusto estético y un discurso generoso en su decodificación conceptual. “La utopía soñada…es como buscar lo que no tienes…es como el aire puro de un bosque…es generalmente abstracta, un sentimiento de emoción, de estar suelto a expensas del viento…se basa en la capacidad que tiene cada quien en ir tan lejos como el alma lo sueña…es ir lejos, lejos, lejos sin fin…” [1]

El vuelo es construido de dos maneras: una, desde la concepción del artista; dos, desde la capacidad creativa para su representación. Chuli Herrera indaga en la posibilidad de concebir/construir una “tercera naturaleza” en la que confluya ese vuelo, en la que el sujeto espectador pueda encontrar un entorno artístico verosímil al igual que su propia realidad objetiva, enriqueciéndose precisamente de esa otra naturaleza que si bien no le es ajena, sí se distancia de la suya.

La concepción y representación de esa otra dimensión, de esa otra manera de intercambios naturales se hermana con la Ruta de la Seda, que ha acercado a Vientos helados a esta 7ma bienal cual operatividad relacional de traer a nosotros lo que significó y trascendió aquella vía de comercios y culturas, analizada ahora desde la perspectiva creativa de un artista cubano contemporáneo.

[1] Fragmentos de frases que conforman el catálogo de la exposición personal Vientos helados, de Chuli Herrera. Galería Fidelio Pince de León, Oficina del Historiador de la Ciudad de Camagüey (OHCC), Camagüey, Cuba, 19 de diciembre de 2015.

Yenny Hernández Valdés

Yenny Hernández Valdés

(1992). Licenciada en Historia del Arte por la Universidad de La Habana. Trabaja como especialista en Promoción Cultural en el Palacio del Segundo Cabo: Centro para la Interpretación de las Relaciones Culturales entre Cuba y Europa. Ganó una Mención honorífica otorgada por la Asociación Internacional de Críticos de Arte (AICA) en el concurso Incentivo a Jóvenes Críticos 2016. Textos suyos pueden encontrarse en el boletín Noticias de Arte Cubano, Cuban Art News, CdeCuba, Art on Cuba, La Jiribilla, entre otros.

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